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Fuera llueve. Gotas gordas salpican el cristal del coche. El parabrisas se mueve con fuerza, rápidamente, parece que vaya a romperse, que vaya a salir disparado. Estoy parada en un semáforo, es de noche, estoy casi sola en Barcelona. Las calles están desiertas. Es una tormenta de verano, ahora llueve con violencia, pero se que de aquí a varios minutos todo se habrá calmado. Fijo la mirada en el círculo rojo, esperando que cambie a verde. Las gotas resbalan por la chapa color vino.
Es un cabriolette de gasolina. Fue un regalo de mi padre a mi madre, por su 50 aniversario. Nunca entendí ese regalo, ella no tiene carné. Ahora lo conduzco yo. Me gusta la velocidad, sobretodo cuando soy yo la que maneja el volante.
Se ha puesto verde, acelero y sigo bajando la calle Balmes. Veo ante mi una hilera de luces paralelas. Toda la ciudad brilla. Llamo a Federico al móvil, no me coge el teléfono. Debe estar con otra, pienso.
Federico, es un amigo. La última noche que pase con él llovía, ahora su recuerdo golpea con fuerza mi mente. Imagino a Federico, en su habitación con alguna chica rubia, diciéndole cosas bonitas a la oreja mientras su mano avanza hacia los pechos crecidos, en busca de los pezones, tiene obsesión con los pezones. Se que las prefiere rubias de pechos grandes. Mi antitesis. Morena de pechos menudos, alta, un poco desgarbada. A mi me gustan sus pezones, son pequeños y oscuros. La primera vez que se los chupé estaba subida encima de sus pies, acerqué mi boca a uno de sus pezones y como si fuera un bebe, mamé de ellos. Me gusta mirar la cara de Federico. Recuerdo su cara callada, su expresión en el momento en que succioné ese pezón, mientras con las uñas clavadas en su espalda, le hacia estremecer. Estaba erizado y con el rabo en alto.
Suena “por que es un muchacho excelente” en mi celular. Me apresuro a mirar la pantalla. Es Federico.
- Hola bonita!- Hola guapo! ¿Qué tal todo? Espero no haberte despertado.
- No tranquila, estaba despierto, terminando unos dossier para el lunes. ¿Que haces despierta? Son más de las dos!!!
- Emm...bueno como esta lloviendo y no tenia nada que hacer, me he motivado y he cogido el coche. La verdad es que voy a la playa a fumarme un peta.
- Eres mi loquita preferida.
-¿Te apuntas? Tengo buena música también.
- ¿Dónde estas?
- Cerca de tu piso.
- ¿Qué llevas puesto?
- ¿Te paso a buscar o no?
- ¿Cuánto tardas?
- Cinco minutos. Te hago una perdida y bajas. ¿Ok?
- Prepárate para el beso que te voy a dar. Chao. – colgó.
Me he puesto nerviosa. Se le notaba alegre. Pienso que estaba equivocada, no le manoseaba el pezón a ninguna rubia. Me ha dicho que soy su loquita preferida. Me encanta. Miro lo que llevo puesto; la falda roja y una camiseta blanca. Me quito el sujetador y lo guardo en la guantera. Me va a dar un beso. Quiero ese beso. Estoy nerviosa. Hace ,ya, seis meses que le conozco. Fue una noche en la Paloma. Cuando le pregunte qué por que me había besado, me contesto que se fijo en nuestro grupo, ya que éramos muchas chicas, se acercó y miro y que de entre todas yo le parecí una muñequita, por eso me beso. Fue eso, un beso de repente. Sin más, se acerco y me metió la lengua hasta el fondo. Esa noche me fui con él, no sin antes haberle preguntado cómo se llamaba. Le pedí a una amiga que me llamara en una hora.
La idea de pasar la noche con Federico me excitaba. No puedo comparar el primer polvo a el último. Él satisface mis deseos. El día que me pasó su messenger, por la noche estuvimos calentándonos vía cable y me invitó a cenar al día siguiente. Como yo le había comentado la noche anterior, Federico me abrió la puerta solo con un delantal blanco, atado al cuello y a la cintura. Yo vestía de negro con los zapatos de tacón alto. Esto me hacía 8 cm. más alta, 1’87. Con ellos puestos era más alta que él y le gustaba. En la cocina me ofreció una copa vino, al ir a coger la copa del armario, me ofreció toda la visión de su culo. No me resistí, acercándome por detrás, besé su nuca, con las manos me dirigí a su brazo derecho, directa a su cicatriz. Tiene dos marcas, una en el brazo y la otra detrás de la rodilla. Se giró y empezó a besarme, no le dejé y le pedí que por favor me sirviera la copa de vino.
- Tengo la garganta seca, por cierto, me encanta tu atuendo. Es de lo más sexy nene.- Bonita, bonita, bonita...una copita de vino. ¿Llevas tanga?
- Ven, ven aquí, ponte aquí.
Le tenia de espaldas, notaba el nudo del delantal en mi tripa. Estaba apoyada en la barra americana de su cocina, tenía su cuerpo pegado al mío. Sus manos empezaron a subir y bajar por mi contorno, frotaba sus manos contra la tela, se paraba en la zona de los muslos y de la cintura. Yo jugaba con su cuerpo, le hacía cosquillas en los costados, le mordisqueaba la nuca, respiraba fuerte. Puse las manos en el bolsillo frontal del delantal y con la tela rocé su miembro. Se le estaba endureciendo, toque sus muslos. Saqué las manos y bebí un sorbo de vino. Miré hacia delante y vi como la tela se levantaba, un bulto apuntaba. Subiendo por el dorso del muslo, deslicé mis manos hacia arriba, en busca de su pene. Acaricié todo su miembro, cerré la mano entorno a su polla y le mimé, le toqué. Clavaba su culo contra mi, daba pequeños empujones, golpes. Empecé a mover la mano más rápidamente, intentaba seguir su respiración, acompañarlo con mis caricias. Quería que se corriera. Con la otra mano acariciaba sus huevos, los tenia hinchados y calientes. Su sexo duro estaba a punto. Estalló en mis dedos. Con la mano manchada por su leche cogí la copa de vino y me terminé de un golpe el contenido. Entonces le pedí que me quitara el vestido. Hicimos el amor mientras apoyaba mis tacones encima de sus nalgas, mientras mordía su brazo derecho, entre sonrisas y gemidos, gritos entrecortados.
Al llegar a la Diagonal, giró a la derecha y tres semáforos más abajo veo el número 567. La lluvia no es tan brusca. Ahora es constante y casi transparente, bajo la ventanilla y saco la mano y noto una suave brisa. Zas, un escalofrío. Marco su número, dejo un par de toques y cuelgo. Levanto el cuello y en el retrovisor me arreglo el pelo y humedezco mis labios. Sonrío. La luz del portal se ha encendido. Ya esta aquí.
- Hola bonita! – dijo al mismo tiempo que apoyaba sus labios encima de los míos.
- Mmm.
- ¿Dónde vamos? – me pregunto. Me miraba fijamente, de arriba abajo.
-Había pensado en la Barceloneta. ¿Te has mojado mucho? – puse el intermitente izquierdo y me preparé para incorporarme de nuevo a la circulación, dirección el mar.
- No, apenas caen finas gotas. Qué bueno que pudiste parar en la entrada. Ok, vamos a la playa. ¿Tienes papel?
- Cogelo tu, esta en la guantera junto al full.
Seguía conduciendo, miraba de reojo a Federico. Quemaba un trozo de haixix, lo aplastaba, hacía una plaquita, se quedaba pegada al mechero. Procedía a quitarle la boquilla al cigarro, mojar con su lengua la ranura, despegar el trozo de papel y vaciar el contenido en su mano. Luego lo juntó todo y lo puso en el nuevo papel. Volvió a sacar la lengua y lo pego. La lluvia volvía a caer con fuerza.
Parada en un semáforo de Vía Layetana, me paso el porro. El ambiente estaba cargado, había una suave neblina, el humo de cada calada era denso y blanco. Las pupilas empezaban a abrirse. Los ojos de Federico buscaron los míos y sin dejar de sonreír me propuso ir a dar una vuelta, dijo que no parásemos en la playa, que tirara dirección Tividavo. Al cambiarme de carril, su mano de acerco al escote de mi camiseta, la introdujo, agarro con su palma una de mis tetas y la saco fuera del escote.
- Ya las tiene estas cosas el porro. Has tomado el sol, ¿verdad bonita?– dijo mientras retiraba la mano.
Mis pechos son pequeños, así que solo se asomaba el pezón. Se metió un par de dedos en la boca y me pellizco suavemente el pezón, introduciendo de nuevo la mano en la camiseta. Me bajó uno de los tirantes y recorrió mi piel morena, sin marcas. Los pechos, ahora, se exhibían por fuera de la camiseta, sus manos masajeaban mis senos, bajo el otro tirante y desabrocho el cinturón de seguridad. Yo seguía al volante, la excitación subía, mi pie derecho pisaba fuertemente el acelerador, me salté un semáforo.
- Cuidado bonita! No vaya a ser que nos peguemos una leche.
Entre en la ronda, el recorrido quizás es más largo, pero la conducción sería más segura. Las caricias prometían. Las manos de Federico se movían hábilmente por mi cintura. Subió su mano por mis muslos, arrastrando la falda hacia arriba, abrió su palma entre mis piernas, las separé. Los labios de mi sexo estaban húmedos, tenía ganas de que me metiera los dedos en la raja. Se demoró jugando con las costuras del tanga. El tanga era bajito, con la bandera de UK. Sus dedos se introducieron por un lado y posó sus dedos encima del lunar, lo repaso con la yema de sus dedos. Jugaba con los pelitos al mismo tiempo que iba bajando, accediendo a mi calor.
Frené casi de golpe, no podía seguir conduciendo. Federico me había puesto a mil. Me miré. El tirante me caía por el brazo. Tenía la falda subida y su mano entre mis bragas. Paré el coche en el arcén.
-Pero, ¿por qué paras bonita? No te gusta lo qué te estoy haciendo. Venga, tira y dale fuerte – dijo, bajando el freno de mano.
Obedecí a Federico. Sus dedos se movían muy hábiles, se metían entre cada pliegue, fueron hacia la raja y se los humedeció, empezó a rozarlos entre mis labios, hacia presión por los lados del agujerito, llevo su índice hasta lo más fondo. Subió al clítoris y con dos yemas empezó a hacer movimientos circulares. Cada vez más rápidos, sus otros tres dedos manoseaban el resto del coño.
No controlaba, tensaba las piernas, la aguja de la velocidad iba en aumento...
100km
- umm, aaahhg – suspiro. 120km
- OOOooh, aissss! - mordiéndome el labio inferior 140km
- UMUMMMMMMMM, mmmm, ooooh, aaaaaaaaaaaaahhh – mirando hacia él 145km
...no aguantaba más. Junté mis piernas, abandoné los pedales, había aprisionado su mano entre lis muslos. Federico intentó coger el volante. Seguía rozando mi clítoris. Sentí un gran placer, arqueé la espalda y abrí las piernas, pude pisar el freno. Respiraba acelerada, apoyé mi cabeza encima del volante. Suspiré.
-¿Qué te paso bonita ? Perdiste el control. ¿Te gustó? – dijo, entre tanto me pasaba su mano a lo largo de mi espalda.-Mmmm, me gusto muchísimo. En tu piso o en el mío, ¿Federico?
-En el mío, en mi balcón, mientras llueve en Barcelona.
por Pauline en la playa
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