Cola de Pez 
 por Pauline en la playa
 
Para ellas, mis niñas!Todo empezó como una tontería y si no me hubiera obsesionado todo habría terminado de la misma forma que empezó.

Hay que decir que todas las noches, en mi habitación en la 14, nos juntábamos las de siempre, siempre nosotras cuatro tiradas en la cama, sentadas en la silla verde, siempre iguales. Alba en el centro de mi cama, Nun estirada y apoyada en el colchón de plumas, Mery liándose uno de esos cigarritos mágicos y moi, en la silla, hablando con ellas o con unas pinzas en la mano. Soy una maniática de los pelos.

Nun y yo dormimos juntas en la número 14. Es alargada y casi sin luz, solo tiene una ventanita, en invierno nos asamos de calor (pasan las tuberías de la calefacción por arriba) y en verano te asas igualmente porque le da el sol toda la mañana y no corre el aire.

Pues una de esas noches soñé y como muchas otras me acordé. Solo era un sueño. Os voy a explicar mi sueño, para que os situéis en la historia, ok? Es como el principio de todo.

... Soñé que llegaba a la residencia sobre las seis de la mañana, con los zapatos en las manos, los pies doloridos y el rimel corrido, no se que habría hecho esa noche, pero mi aspecto era lamentable. A duras penas, conseguí encontrar las llaves dentro del bolso y abrir la cerradura sin despertar a las 60 residentes más. Recuerdo mi cara reflejada en el espejo de nuestra habitación cuando vi que en la cama de Nun había un chico. Me quedé quieta intentando no caerme al suelo, ya que llevaba varias copas de más. Pensé que el chico seria Eric, ese pesado que llevaba días llamándola. Me acerqué a ellos parecían dormidos. Me fijé en la cara del chico, no sabía quién era, no lo había visto nunca. No me pude reprimir, acerqué mis manos a la sábana y la levanté, fue cómo un gesto automático, que se hace sin pensar. Y fue entonces, cuando toda coincidencia con la realidad fue pura casualidad. Lo que vi no fueron unas piernas y una pelvis, fue una cola de pez. Oh! Joder, es un sireno!...y aquí me desperté.

Aquella noche antes de ir a cenar les explique mi sueño.

- Gin: Ei, esta noche he soñado una paranoia, que cosas más raras me pasan por la cabeza últimamente y he soñado contigo. (mirando a Nun)
- Nun: ¿Yo? ¿Y que hacia? Jejeje
- Alba: Algo malo, seguro, por que esta tiene muy malas ideas. ( risas generales)
- Gin: He soñado que salía de fiesta y al llegar estabas en la cama con un tipo...y vaya tipo guapa! (Nun sonríe orgullosa).
- Nun : ¿Pero dormíamos o qué hacíamos?
- Alba : Esto no es una paranoia Gin, esto es la realidad. Jajajaja (dice mientras le da un achuchón a Nun)
- Gin : Impacientes!!!! Pues cómo yo soy muy curiosa y ellos dormían me acerqué a ver si la pequeña Nun había disfrutado y a recrearme un poco la vista.
- Mery: Jooooooo, yo también quiero!!!
- Alba : CÓMO LA TENIA? ( haciendo señas con las manos, juntándolas y separándolas casi hasta lo imposible)
- Gin : No tenía. Y no me miréis con esa cara, no tenia nada colgando entre piernas, es más no tenia piernas.
- Nun : ¿Qué? ¿Cómo?
- Alba : ¿Y que tenia entonces?
- Gin: Era un sireno, de cintura para abajo solo escamas.
- Mery : Vaya gracia!!!
- Nun : Menuda paranoia viciosilla. ( dijo mirándome)
- Gin : Lástima que de cintura para abajo era inservible porqué el sireno estaba muy, pero que muy bueno.
- Alba : Venga vamos a cenar, seguro que hoy nos toca cola de sireno a la plancha, jejejejeje.

Nos reímos todas de camino al comedor.

Pasaron los días y la historia del sireno se nos olvido. No quedaba rastro de él. Se había esfumado y de repente una mañana, de nuevo, me levanté con la certeza de haber soñado con él. Vi de nuevo aquel rostro de facciones suaves, su tez era de un color tostado, su piel estaba dorada por los rayos de sol. El cabello estaba despeinado, flotaba encima de la almohada blanca, tenia cabellos finos y lisos. Unos labios de tonalidad subida y muy carnosos daban a su cara un toque exótico, apetecible. Esta vez me había quedado observando, había retardado el momento de levantar la sábana y despertarme. Quería retenerle en mi cabeza. Me hubiera gustado ver el color de sus ojos. Eran rasgados y parecían pequeños. Y así pasamos muchas noches. Yo le observaba quieta, me enamoré de su imagen. Él seguía durmiendo agarrado a Nun, siempre la misma posición. La cabeza de ella recostada en los pectorales de mi sireno. Le consideraba, casi casi de mi propiedad. Estaba siendo muy egoísta, pero acaso, no era a mi a quién se le aparecía? Los finos brazos de Nun se perdían entre sus crestas iliacas. Justo allí es donde él perdía su virilidad, pero no por eso su erotismo. Su cola era larga, de diferentes tonalidades que iban desde el verde grisáceo al azul celeste. Sus escamas parecían un traje de lentejuelas que se pegaba a su piel. Cada noche soñaba lo mismo, cada noche al levantar la sábana me despertaba.

- Gin : Tía, hace días que tengo el mismo sueño. Es muy raro y a la vez excitante. En algunos momentos, cuándo estoy despierta, me sorprendo pensando en él.
- Alba : ¿ Quién es el afortunado?
- Gin . Te acuerdas del sueño que os conté del sireno, pues él.
- Alba : Noooo!?! (dijo alargando la “o” y poniendo tono de pregunta)
- Gin : Sí, tía, sí!
- Alba : Y excitante...¿en qué sentido?...¿qué coño tiene de excitante la cola de un pescado?
- Gin : jajajaja. No es la cola lo que me pone. Es el descaro con qué le miro, la forma en qué levanto la manta, la excitación que me produce la situación. Te pareceré rara, pero mi mayor fantasía ahora es montármelo con el sireno.
- Alba : Propónselo, seguro que sus dedos serán prodigiosos, jejeje ( rió con una sonora carcajada). Tan tremenda cola tiene que tener algún sentido, tu lo que quieres es un buen rabo, pillina!
- Gin : Solo es un sueño, jajajaja, aunque si fuera verdad le pervertía. (reímos las dos).

Me estaba obsesionando con él, a veces me dormía después de comer, con la sola esperanza de qué él se presentara, pero nunca lo hizo. Siempre venía a medianoche, venía a desvelarme. Cada vez era más intenso, sentía en sueños y me quedaba el regusto al despertar.

Desde que esa locura había comenzado, un ardor interno se había apoderado de mi. Estaba caliente a todas horas, notaba mi piel arder, anhelante a cualquier caricia, roce. Mi sexo se hinchaba y cuándo lo tocaba notaba un calor intenso, me sudaban los muslos y mis caricias no me calmaban. Me hubiera sido relativamente fácil encontrar un polvo gratuito, pero no es lo que buscaba.

Me sorprendía una vez tras otra intentando descifrar el significado de todos mis malestares nocturnos. Incluso me había dirigido a las pescaderías que hay por la zona del mercado, esperando quizás que aquel rostro se personificara detrás de un mostrador pesando merluza de palangre o arrastrando unas cajas de hielo picado. Incluso me fijé en los verduleros. Les robé una cereza y estuve chupando el hueso hasta que se quedo liso, me gusta hacer eso. Lo hice un par de día más, luego ya no he vuelto a aparecer por el mercado.

-    Nun: Oye, esta noche has hablado en sueños! Decías cosas muy raras al principio...
Gin: ¿Qué decía? (sonriendo tímidamente y sonrojándome)
Nun: Al principio pedías “ Donuts de chocolate con aceite de bacalao”, todo un manjar cómo podrás comprobar, jajaja
Gin: ecccccssssss! ( cara de asco, obviamente)
Nun: espera qué hay más, jejeje ( poniendo cara de pillina)
Gin : ¿más? ¿ qué te he recitado todo el menú?
Nun: No lo llamaría exactamente menú yo, sería más bien cómo un calentón de concha, en vivo y en directo, nena.
Gin : (sin decir nada y poniéndome cada vez más roja) ¿ qué,...qué es lo que hice?
Nun: cari que no pasa nada, que hasta yo me puse cachonda oyéndote lo que decías!
Gin : (encendiéndome un cigarro) ¿ me lo cuentas o qué?
Nun: No te miré, me daba vergüenza. Después de lo de los donuts, diste varias vueltas en la cama, yo seguía atenta a ver qué más decías. Te quedaste quieta y luego empezaste a ronronear y te frotabas el cuello contra el cojín cómo una gata en celo. (Nun, estiró el cuello). Yo me empecé a reír. Luego esos sonidos fueron creciendo, parecían el grito del ñu africano en celo.
Gin: jajajaja Bonita comparación. Gracias.
Nun: calla loca! Qué entre tu y la bruja que tienes colgada en la pared, ya empezaba a pensar que estabas poseída. La bruja me miraba. Pero tu juego de manos me lo aclaró todo. No te lo recrimino, ya que estabas dormida, si no me ibas a oír, jajaja.
Gin: Ay qué vergüenza!!!
Nun; bueno, yo aquí dejé de mirar, pero te seguía oyendo. Entre jadeos y suspiros, empezaste a decir guarradas - “Mmm, sí, ven aquí, ven tócame, tócame, pon tu mano aquí, así, ais!, ammm, pellízcame debajo del pecho, chupame la teta, toda, ay, muérdeme un poco, me estas rozando las piernas, quiero más, ojalá pudieras cabalgarme, ven bésame, si ahí me gusta mucho, mmmm, eres un cielo, no pares, sigue, sigue así campeón, qué bien lo haces, ohhhh, me quedaría una eternidad sobre tus labios, lámeme, lámeme, si no paras me voy a correr en tus labios, Ho!!, por favor, no paressssss, no pares nunca,....”.
Gin: Eres toda una teatrera, parece que me di todo un festival, no? Esta mañana estaba mojada al despertar, pero yo no recuerdo el sueño con tanta cantidad de detalles, una lastima, jejeje.
Nun: de nuevo con el sireno, verdad?
Gin: qué preguntas haces, claro que siii!!!

Por la tarde, me quedé sola en la habitación. Empecé a hablar en voz alta, dirigiéndome a la bruja, explicándole la historia desde el principio, hasta el orgasmo sonámbulo de la noche anterior. Repasé la conversación que había tenido con Nun a media mañana, me calentó la resonancia de sus palabras mezcladas con las imágenes que bombardeaban mi mente. Mis dedos descontrolados buscaron la entrada de mi sexo que se encontraba mojado. Presioné un trozó de tanga hacia dentro y cuando lo noté empapado saqué el dedo. Avancé por un costado y mordiéndome el labio con los dientes, enganché mi bultito entre dos dedos. Frotaba sin parar, con la imagen de mi desnudez sobre los labios del sireno, llegué a abrazarle en fantasías. El anular entró hacia dentro mientras el pulgar seguía presionando la zona del clítoris. Una corriente de vibrante placer recorrió mi cuerpo. Cerré los ojos mientras el orgasmo se disolvía entre mis dedos. Abrió los ojos, eran azules, tal cómo había imaginado, me penetró con aquella mirada y una nueva ola agonizante me inundó por completo. Me quede dormida, su ojos se esfumaron.
 

Los días pasaban, las noches se escurrían entre mis dedos. La impotencia iba creciendo. Me sorprendí susurrándole a la bruja, qué sería capaz de venderle mi alma a cambio de que el sireno fuera real, le supliqué que le cambiara. La bruja seguía colgada del techo, con la escoba entre las piernas, mirándome por encima de la grande nariz, yo le suplicaba mis delirios, pero ella era una bruja de adorno, así que no había nada a hacer.
 

Llego el fin de semana y la residencia se quedo casi vacía. Nun se había ido a su casa, sus padres llevaban más de un mes reclamando su presencia, Mery también se montó en un tren dirección las playas de Tarragona, dónde había quedado con un apuesto joven. Alba se quedaba en Barcelona, pero me informó de su buena suerte, un nadador ruso la había invitado a pasar el finde en su hotel a fumar marihuana y a..., así que quedo claro que no le vería el pelo. Me entristeció la idea de quedarme sin ellas. El viernes por la noche me lo pasé estirada en el sofá, delante de la televisión y pensando en el nadador. Mi mente precipitada tomo aquello cómo otra señal, el sireno, la pescadería, el nadador....

Me fui a la cama, estaba cansada. Una vez dentro de las sábanas tomé una decisión, ya estaba bien de comerme la cabeza con el maldito sireno. Le mande un mensaje a Alba.

 “Wenas puti! me aburro, me voy a dormir. Q tal con Misha? dedícame un orgasmo. Algún amigo de la federación en buen estado para mi?¿?¿?¿jejeje. besos. “

El sueño me llego, me empezaron a pesar los ojos. Me dormí y el se presentó. Estaba en la cama de Nun, exhibiendo su bonita cola, eso me sorprendió, si no estaba tapado quizás no desapareciera, yo lo deseaba, deseaba que se dejara acariciar. Me acerqué a él, sus ojos estaban abiertos, me miraban, alzó uno de sus brazos e intento tocarme. Di un paso atrás. Clavé mis pupilas en su cola y me atreví a tocarla. Pasé la mano de arriba abajo y me encontré con un tacto resbaladizo y suave, volví a poner mi mano, en lo que serían sus muslos si hubiera tenido piernas y deslicé la mano separando bien los cinco dedos, intentando abarcar lo posible. Llegué hasta el final, me arrodillé en el extremo de la cama y le toqué la parte inferior de la cola. Aquella extensión de pliegues córneos se desdobló con mi tacto. Me temblaban las manos, temía despertarme en cualquier momento. Alargando el brazo pasé la mano a contra escama, su cola palpitaba. Mis dedos levantaban suavemente las escamas de mi sireno, el tacto ahora era áspero. Su cara reflejaba una sonrisa, acerqué la mía a su pez y sin pensármelo saqué la lengua, probé su sabor. Su gusto era salado, me recordó al sushi.

Ondulando de una forma rara la cola, dio un brinco y fue a parar al suelo, se golpeó contra el suelo. Me asusté, fui a su lado. Me sonrío de nuevo. Sus manos aprisionaron mis tobillos, me tiraba hacia abajo. Aquellas manos humanas en mis resaltes hicieron que empezara a creerme todo aquello. Él estirado con toda su largura en el suelo, yo sentada, con las piernas entrecruzadas a su lado.

Unas voces de mujer empezaron a sonar en mi sueño, cantos de sirena, no podía ser de otra forma. La melodía era dulce, me atrapaba. Sus manos se posaron en mis caderas, encima de la camiseta, apretó. Fue un pellizco a grandes dimensiones. Inclinó su cuerpo hacía delante, en sus ojos había electricidad, no hizo falta nada más. Nos besamos, y en su boca encontré el fuego de un volcán, su lengua lamía mi cavidad, era el dios del beso. Ninguna lengua había recorrido mis labios, mis dientes, mi paladar, mis comisuras de aquella forma. Lamía y sorbía con ansiedad todo mi contorno. Me quité la camiseta y su mano plana se deslizó por mis senos, sus dos manos palpaban mi torso y mi cuerpo se desplomó encima de el de él. Mi boca buscó de nuevo la suya. Mis pechos, mi boca le pertenecían, me fijé en cómo movía la cola. Daba pequeños aletazos. Fui bajando con mi cuerpo, los pezones se rozaban contra sus escamas, qué delicia! Qué placer! Me arrastré hasta el final de su cola, no dejé de restregarme por encima de sus escamas. Una excitación llena de humedad lleno mi sexo.
 

Me senté entre su cola, mis bragas eran la única barrera. Volvió a comerme la boca mientras sus manos seguían dibujando mis pechos, mis brazos, mis axilas. Rozaba suavemente, tocaba con ansia, besaba humedeciendo hasta mis mofletes. Sus manos en mi cadera, amasando los huesos, bajando mis bragas. Le ayudé, me las quité y las cogió. Apartó sus manos de mi e inspecciono aquella prenda. La olió, se la pasó por toda la cara, de un solo tirón la rompió, la desgarró en dos. Yo no paraba de frotar mi sexo contra su cola, sus escamas brillaban mojadas por mis jugos. Me agarró por las piernas y me estiro hacia su pecho. Me corrí mientras mi sireno me envolvía con sus brazos. Había dejado una senda de caracol en su cola y en su pecho, mis jugos por su cuerpo.

Apoyada en la mesita de noche, apartando con una mano el despertador, el cenicero, un par de gomas para el pelo, el libro “ una historia de amor cómo otra cualquiera” de Lucía Etxebarría y los diferentes tamaños de matrioscas. Todo de camino al suelo, pero no me importó, en mi cabeza solo la idea de que si aquella lengua me había hecho llegar al séptimo cielo con solo rozar los pezones, ¿qué es lo que provocaría si la sentía en mi coño?

Más humedad, mucha más humedad, una sensación resbaladiza al tocarme. Me chupé los dedos mientras con la mano le indicaba qué es lo que quería, mi concha abierta, jugosa, esperaba sus deliciosas caricias. Esperaba a ser comida, a que la degustara. Sus dedos separaron los labios exteriores, la vulva quedo sin protección, pasó la punta de su nariz, arriba y abajo. Mi boca se abrió, la calentura iba subiendo y por fin noté su lengua, sentí como se abría paso entre mis pliegues. Con el culo apoyado en la mesita, con la cabeza de mi sireno entre las piernas. Sentí un placer inmenso. Cambiamos de postura. Me senté en su cara, dejé caerme en sus labios y él con la cabeza apoyada en el suelo seguía moviendo la lengua, no hizo falta que utilizara sus dedos, su lengua mágica me llevo a mi segundo orgasmo en sueños. Me deje caer hacia atrás, mi cabeza en su cola, mis pies en sus orejas.

Yo no sabía que hacer para proporcionarle placer a él, intenté hablar con él, pero por respuesta solo recibí el silencio. Me quede mirándolo, sonriéndole, queriendo darle las gracias. Me senté en la cama, dejé las piernas abiertas, no paraba de mirarlo y fue entonces cuándo me fijé que el final de su cola, en su aleta caudal. Aquellos pliegues que antes se habían abierto con mis caricias y con mi saliva, ahora se estaban enrollando. Fascinada miraba aquella transformación, aquella aleta plana, era ahora un cilindro de 3 o 4 centímetros de grosor. Mis ojos no daban crédito, pero su cola, su cilindro cada vez estaba más cerca de mi entrada. Él estirado en el suelo, con la cola en alto, con la aleta caudal enrollada a punto de penetrarme. Yo sentada en la cama, con los ojos como platos, con cierta ansiedad por probar aquello. Abrí bien las piernas y aquel cilindro vacío irrumpió dentro de mi, se coló en mi interior sin pedir permiso. Y yo gozaba y gozaba y el se ondulaba y se ondulaba. Creí estar a punto de caramelo de nuevo, cuando hizo una cosa que me sorprendió y me gusto que no pude reprimir empezar a gritar. Noté cómo su aleta se estaba desenrollando en mi cavidad, ¿podéis imaginar el placer tan inmenso que sentí? Algo crecía en mi interior, me daba de si, se hacía grande, grueso y duro. Me removí en la cama, alzaba la pelvis, empezaron los movimientos bruscos de cadera, mis dedos se apoyaron encima de el clítoris hinchado y el tercer orgasmo me llego. Me desencolé y me tiré encima de él, le besaba, quería darle las gracias por todo lo que me estaba haciendo, pero me di cuenta que aún había más cuando me cogió, y yo dejándome hacer, me colocó de espaldas a él, con el culo en pompa. Creí derretirme cuando empezaron las caricias, sus dedos separaban las nalgas, y en aquel momento noté como algo se metía por mis dos aberturas, los escasos milímetros que hay de separación entre ellos quedaban presionados por la mitad de su aleta. Aquello era el cielo. Mojada como me encontraba en esos momentos, su cola entraba sin problemas y una vez dentro se desplegaba. Es esfínter se dilataba y se contraía con cada expansión. Volvía a gritar, sudaba, mordí las sábanas, él no paraba de ondularse y de abrirse en mi interior. Sus dos cilindros, como dos dedos de grosor, se introducían hasta el fondo, poder sentirme doblemente penetrada a la vez  me hacia enloquecer. Sus movimientos eran rápidos y furiosos. Una nueva corriente de placer deliciosa estalló en mi interior, me inundó de placer. Me corrí lentamente, sentí disolverme. Unas lagrimas asomaban por mis ojos. Me quedé tirada en la cama, no sentía las piernas. Una gran sonrisa iluminaba mi cara. Dentro de mi sueño me dormí, me fallaron las fuerzas.

Al amanecer me desperté, estaba en el suelo de la habitación, desnuda, echa un ovillo. Cerré los ojos e intenté recordar, las imágenes de lo vivido en sueños volvían a mi cabeza. Solo pude sonreír y meterme en la cama. Todo aquello era un maldito desorden, todo estaba por el suelo. Miré el móvil. Tenia un mensaje. Alba me había contestado.

“ Cari, he pasado la mejor noche de mi vida. Vaya portento mi amigo Misha. Te tengo que contar, hemos hecho cosas raras. Nos vemos al mediodía. Kisses  wapa!”

- No más raras que yo – dije en voz alta, antes de volver a dormirme.
 
 
 

por Pauline en la playa
 
 

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