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Los tres eran compañeros de trabajo y aunque se conocían desde hacía bastantes años no fue hasta las pasadas fiestas navideñas que comenzaron su relación de amistad. Marta y Marilia trabajan en la misma sección y Joaquín en otro departamento de una conocida empresa. En los pequeños ratos de ocio comparten sus angustias y necesidades, sus frustraciones y esperanzas, sus bromas y risas, además del café infecto de las máquinas expendedoras.En sus conversaciones no falta nunca la chispa picante ni las veladas alusiones al sexo. Son gente joven, con ganas de vivir. Forman un grupo un tanto atípico por lo dispar: Marta está separada y actualmente sin pareja aunque amigos dispuestos a, digamos consolarla, no le faltan. Con unos espectaculares cuarenta y tantos, es una mujer madura, muy sensual y apetecible. Marilia es la benjamina. Con sus espléndidos veintitantos rebosa vitalidad y simpatía, e incluso se sonroja al hablar de ciertos temas.
Joaquín está casado y un poco anclado en esa monotonía que genera la vida conyugal por eso disfruta los ratos que pasa con sus dos amigas. Todo comenzó cuando Marilia les anunció que su hermana se casaba y que tenía que comprarse ropa adecuada para la ocasión incluida la que no se iba a ver, generando esta última bromas y comentarios sobre la elección. En un momento de la conversación Marilia sugirió que no le importaría que una chica le ayudara a elegirla para que la elección fuese acertada y que también un chico se la viera puesta para decirle cuánto le duraría puesta, a lo que Marta y Joaquín dándose por aludidos respondieron a coro: ¿Por qué no?
Quedaron en acudir a la sección de lencería de un gran centro comercial para tener más material donde elegir. Así que una vez terminada la jornada laboral, en el coche de Joaquín, se encaminaron a su apetecible tarea. Por el camino cada uno opinaba sobre sus gustos y preferencias. Mientras las chicas se decantaban por los encajes, nuestro chico prefería los tejidos lisos y semitransparentes. Una vez allí comenzó la interesante búsqueda. Eligieron varios modelos y tras advertir a una dependienta, se dirigieron a los probadores. Joaquín, un poco avergonzado por la inusual situación, deliberadamente se quedó rezagado para que así Marilia no se viera metida en una situación molesta teniendo que decirle que se quedara fuera del probador. Al llegar al pasillo que daba acceso a las cabinas, Marta buscó con la mirada a nuestro hombre con la idea de quedarse ella también fuera pues tampoco quería molestar a su compañera y amiga.
La imaginación de los tres se había disparado y cada uno individualmente fantaseaba disfrutando con la situación. Joaquín se imaginaba sentado en el interior de la cabina junto a sus dos amigas, viendo cómo resbalaba hasta el suelo la ropa de calle de Marilia, y comenzaba a probarse sin pudor, uno tras otro, los conjuntos de lencería escogidos.
Las imágenes como improvisado voyeur pasaban por su cabeza al mismo tiempo que su corazón se aceleraba sin querer. Marta es heterosexual, pero reconocía que algunas veces se le había pasado por la imaginación cómo sería algún pequeño encuentro con alguien de su mismo sexo, así que la idea de colarse en aquél pequeño reducto de intimidad tampoco la desagradaba. Marilia, a su vez, se imaginaba mostrándose ante sus amigos como una sensual exhibicionista desvergonzada.
Desapareció por la puerta de acceso a los probadores, mientras Marta y Joaquín se reunían con un ligero mohín de decepción pintado en sus caras. Nuestra amiga se dirigió a la última cabina que era la más amplia de todas y tras depositar las prendas en el asiento comenzó a desnudarse. Sus pensamientos atropellados se debatían entre hacer realidad su fantasía exhibicionista o seguir siendo la chica recatada que todos conocían.
Tras unos minutos de reflexión se dijo: ¿Por qué no? Y salió a buscar a sus amigos que la recibieron con expresiva sorpresa. Marta, dudó por un instante sopesando lo que la apetecía realmente, que no era otra cosa más que ver a su amiga desnuda, o comportarse como dictaba su educación. Lo resolvió de un plumazo diciéndose a sí misma: ¿Por qué no?.
Joaquín estuvo a punto de pellizcarse viendo su sueño hecho realidad, luego pensó en su mujer, pero fue sólo una décima de segundo, porque enseguida dijo en voz alta: ¿Por qué no? Y riendo entraron los tres al probador. Estaban muy excitados e intentaban ahogar su nerviosismo hablando en voz baja. Marilia comenzó a desabrochar los botones de su blusa. Le temblaban las manos. Marta acarició suavemente el contorno de sus hombros mientras le pedía permiso para ayudarla. Esta accedió con un leve gesto de cabeza. Se situó detrás de ella acercando el vientre a su trasero, la rodeo con los brazos y comenzó a desabotonar la blusa. Joaquín no perdía detalle de la situación y notaba como le invadía una ola de calor al mismo tiempo que notaba como la excitación atenazaba su estómago.
Marta dejó caer la blusa a sus pies. Sus dedos se enredaron luego en el extremo de la cremallera del pantalón de Marilia que al abrirse con un suave susurro fue cómplice del sensual momento. Casi sin ayuda se deslizó por sus piernas. La visión del tanga incrustado en aquel hermoso trasero hizo que Joaquín se llevara la mano a su entrepierna en un acto reflejo. Con gesto experto, Marta liberó sus senos que agradecidos se mecieron ante los espejos que cubrían las paredes del habitáculo devolviendo su imagen repetida para deleite de los dos espectadores. Luego recogió uno de los conjuntos y se lo colocó, girándose hasta situarse frente a Marta y Joaquín.
-¿Os gusta?- preguntó con gesto coqueto.
-Te queda fenomenal respondió Marta con cierto tartamudeo.
Joaquín sólo pudo mover la cabeza afirmativamente.
Aquellas piezas de tela, color pistacho, enmarcaban sus rotundos senos en un acople perfecto que se realzaba aún más por el contraste con su piel morena. Sus oscuros pezones eran perfectamente visibles a través de la delicada fibra. Sin prisa se puso la segunda pieza del conjunto sobre el tanga que traía puesto. Era otro tanga, que a diferencia del primero tapaba la mitad de sus cachetes lo cual realzaba su apetecible silueta. Y en opinión de Joaquín aquel horripilante color verde la sentaba muy, pero que muy bien.
En aquel cuchitril, con las fuertes lámparas halógenas sobre la cabeza y con la situación que estaban viviendo Marta pensó que iba a desmayarse por lo que optó por sentarse sobre las rodillas de Joaquín que estaba sentado en el único taburete disponible. Al posar el trasero sobre su muslo, Joaquín pudo percibir el calor que desprendía la entrepierna de su compañera, señal inequívoca de su grado de excitación.
Con deliberada lentitud Marilia se desprendió del conjunto volviendo a quedarse únicamente con su tanga color crema. Recogió el segundo conjunto de color negro, con un turbador dibujo de encaje en forma de telaraña.
-Joaquín ¿puedes abrocharme el sujetador? Le pidió mientras se recogía el pelo sobre la nuca.
Marta y Joaquín se miraron mientras éste último alargaba las manos para alcanzar los corchetes que cerrarían la jaula en torno a los pechos de su compañera. Las copas del sujetador ocultaban sólo la mitad del seno por lo que los pezones asomaban juguetonamente por encima del borde de la tela.
La atmósfera de erotismo y sensualidad era casi asfixiante, en un extraño juego que mezclaba lo prohibido con la inocencia.
Los pezones de Marta estaban a punto de rasgar la tela de su blusa y había comenzado a frotarse casi sin querer con la pierna de su compañero mientras mordía nerviosamente la punta de un mechón de su pelo. A esas alturas, Joaquín tampoco podía ocultar el bulto en su entrepierna. Los pezones de Marilia, ahora sí, tensaban la tela que los cubría, y quizás fue por ello por lo que Marta alargó la mano y con la punta de sus dedos los rozó, cosa que agradeció su dueña dejando escapar un pequeño suspiro.
La desagradable voz de una señora que pretendía acceder al mismo probador les devolvió al mundo real. Tras recomponerse, regresaron a la tienda para devolver a la dependienta los conjuntos elegidos al mismo tiempo que comentaba que lo sentía pero que no le sentaban bien.
Aún algo confusos y aturdidos volvieron al coche y en silencio regresaron a sus casas después de su increíble experiencia voyeur.
CONTINUARÁ.....
por Old Green
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