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Le gusta acariciar el pelo de la mujer. Es suave, largo. Se eriza la tocarlo. El mero hecho de pasar la mano por su pelo, provoca una erección en el hombre.También, le resulta erótica su piel. Ella se echa a su lado y se deja acariciar durante mucho rato, relajada, como una enorme gata, completamente quieta, lánguida...
Le gusta acariciar las nalgas de la mujer, para sentir la contracción de los músculos, la contracción que delata su creciente excitación.
Le gusta mirar sus ojos de frente y siempre encontrar una respuesta completamente erótica, devoradora, capaz de llenarlo de fuego, de un placer que él jamás había conocido.
Nada en ella está enmascarado, ni diluido... es la esencia del erotismo. Es cómo si acariciara el mundo entero.
Su cuerpo es capaz de expresar todos sus deseos.
Su risa es la risa de una mujer sensual, sexual y satisfecha que goza por todos sus poros.Vuelve a posar las manos sobre ella, amorosamente, adorándola, cómo si fuera una actividad sagrada.
Lame sus pezones y acaricia suavemente la cara interna de sus muslos. El tacto es sumamente leve, apenas roza el sexo, sólo de vueltas alrededor del vello púbico y después alrededor de las nalgas como si quisiera hipnotizar la sangre, para que le siga en su deseo.Su dedo palpa el clítoris y luego se hunde en la vulva, hasta que ella se mueve para liberar su miembro de toda ropa, para lamerlo, para succionarlo, hasta que él la llene, hasta que él la invada con su deseo.
Cada movimiento del hombre es como un dulce latigazo que conduce a la expresión del húmedo gozo, que lleva a la expresión de dos gritos que se unen en un inmenso placer.
por Brenda
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