¿Seguro que tienes 18 años?
TOM-¿Seguro que tienes dieciocho?
-Recién cumplidos
-Me gustaría que me enseñaras el DNI
-Toma, para que te quedes tranquilo
-Naciste en el... Pero si tienes 22 años, mentirosa... Mejor
-Ya lo ves.
-Aparentas quince o dieciséis. No quiero problemas. Compréndeme.
-Tengo la cara muy aniñada (fingiendo inocencia)
-Y con coletas, ya me dirás
-¿Te gustan?
-Pues claro
-¿Y mis lacitos?
-Rosas... que lindos
-¿Voy de tu gusto?
-Sí. La falda de pliegues con esa imperdible grande y dorada, lo mejor
-¿Parezco una colegiala de verdad?
-Sí, sí... Pero te faltan una pequitas en las mejillas
-¡Qué olvido! Toma. Píntamelas (dándome un lápiz marrón que ha sacado de su bolsito infantil)
-A ver. Una, dos, tres... Ya está
-¡Qué bien las has colocado (mirándose en un espejo para muñecas)
-Sonríe (le ordeno)
-¡Ay!
-Te quejas en vez de reír y mostrarme tus dientes blancos.
-Es que...
-¿Te duele algo? Soy médico. Confía en mí
-Pillín, ya quiere empezar el juego. Impaciente
-De verdad. Soy médico
-Pues me escuece, doctor, aquí abajo (tocándose torpemente con la mano y juntando las rodillas)
-¿Y qué has hecho para que te escueza tanto?
-Gimnasia. He sudado y las ingles se me han puesto rojas, tanto que me arden
-Eso no es un motivo
-Sí porque mis braguitas de tanto lavarlas están viejas y ásperas. Me aprietan. Su costura me roza sin cesar y yo no paro de meter los dedos para estirarla.
-Enséñamelas
-Mira (agacha la cabeza, levanta el pubis, separa las rodillas y abre la falda con dificultad
-Espera. Te ayudo. ¿Pero qué es esto?. Se te sale el bello por todos lados. Y tienes dos rotos por donde se te ve todo. Tendré que castigarte por desastrada
-Ya te dije estaban medio rotas
-No basta con decirlo. Pero como has sido sincera no te castigaré
-Despacio
-Tranquila. Te curaré. Bájatelas
-Voy (sumisa)
-Te besaré con mis labios. Te chuparé. Te daré unos lametazos y sana. Abre más las piernas
-Curita sana, curita sana. Que delicia sentir tu lengua sobre mi piel
-La rajita he observado que la tienes aún más roja
-¿Sí...? (con miedo)
-Espatárrate del todo. Esta operación es más delicada
-Ay, doctor, con cuidado
-Así, bien abierta
-Dios mío, no me haces nada de daño. ¿Todos los médicos sois así de buenos?
-No todos. ¿Te gusta?
-Siento tantas cositas que me molesta el resto de la ropa (quitándose el polo azul celeste y dejando al descubierto sus pequeños senos)
-Los botines no. Cogerás frío por los pies. Además, me gustan tanto esos calcetines blancos...
-¿Mejora mi herida o no?
-Aún esta muy roja. El mal viene del interior. Tendré que llegar hasta el final
-¿Con qué?
-Tú relájate. Cierra los ojos (se los tapo con mis manos para que los cierre ya)
-¿Qué me vas ha hacer?
-Ya veras. Abre la boca. Es una orden
-¿Así? (balbuceando)
-Más, más. Ahora te voy a meter esto para que te des cuenta de que no duele y así me dejarás que lo introduzca ahí abajo en tu cosita
-Mmmm...
-Chupa, chupa. Quieta. Las manos atrás. ¡Abre! Ves como entra sin molestar. ¿Te gusta? (sacándosela)
-Está caliente, muy caliente y dura pero es sedosa y buena
-No, no abras todavía los ojos. Te la voy a introducir otra vez
-Vale
-Toma, toma... Te la saco otra vez ¿eh?
-Madre mía.
-Trae las manos. ¡Cójela!
-Dios, que gorda. ¿De dónde ha salido?
-Nada. Ahora llévatela tú a la boca
-¿Así? (adivino que farfulla)
-Sí. Sigue, más, más, sigue... Aguanta, te la quito ya. Descansa
-¿Ya puedo abrir los ojos?
-¡No!
-¿Porqué?
-Voy a estudiar tu conejito
-¿Mi conejito?
-Sí, tu chochito
-¡Ah, sí! (riendo)
-Cuando la sientas toda dentro los abres
-Vale
-Ay, ay, ay (abriéndolos y mirándome con cara de sorpresa)
-Ahora si que te vas a curar, pequeña
-Por lo que experimento seguro que sí
-Muévete que va toda al fondo
-Yo no se como la gente odia las consultas
-Te lo explicare. Es por la última cura
-¿Y de qué va la última cura si se puede saber?
-Ponte a cuatro patas sin rechistar. Sobre la marcha te la contaré
-¿Es preciso?
-Sí, vamos. Confía. Hasta ahora no lo has pasado tan mal
-Ya voy, ya voy. ¿Qué haces?
-Atarte las manos
-No quiero
-Me puedes dar un manotazo y estropearlo todo
-Tengo un poquito de miedo
-No seas tonta (le beso el cuello dulcemente)
-¿Y el culito para qué me lo abres? No esta rojo
-No. Pero ahora soy yo el que tiene al rojo vivo la cosa y necesita sanar metiéndola en ese agujerito
-No me cabrá. Por favor no lo hagas
-Cállate. Voy a mearte el trasero. El pis dilatará la entrada para que no te duela
-Uy, que gusto, que calorcito
-Pon el culo más en pompa y separa las rodillas todo lo que puedas. Así está bien (metiéndole sólo la punta sin acabar de mear
-Es tan agradable como todo lo anterior. Me había asustado, doctor
-No zorrita, espera y veras. Eres una perrita en celo muy mala. Preparate
-¡No, no! ¡Ah...! ¡Qué dolor! Para, no me cabe toda.
-Voy a atravesarte para que te formes una mala opinión de todos los médicos
***
-Si dura un poco más reviento. ¿Se te curó?
-Ya ves que sí. Lo malo es que se trata de una enfermedad que es para toda la vida.
-Es una pena
-Un martirio, diría yo.
TOM