En el cine

 

 Había sacado la entrada para ir al cine, como cada martes, pensaba sentarme a ver una película a la salida del trabajo. Entré con la cabeza baja para que no me vieran entrar, aunque siempre hay poca luz en el cine de películas condicionadas.

Como siempre, me acomodé en la última butaca para ser la primera en retirarme. Pocos y dispersos, los espectadores se iban sentando en silencio. La sala oscura olía a rancio, pero ahí estaba yo, escapada de mi prolija realidad.

Un ruido a mi lado me sobresaltó. Miré de reojo y vi a un  hombre que ocupaba el asiento. Traté de disimular mi incomodidad y llevé una pastilla a mi boca.

Una música lenta y densa acompañaba los gemidos de los protagonistas que se iban desvistiendo. La pantalla no dejaba de mostrarnos cómo se deseaban.

Sentí el peso de una mano sobre mi muslo y traté de contener mi respiración, dejé que esa mano tibia paseara por mi pierna desde la rodilla hasta la ingle para regresar a la rodilla varias veces, sin mirar ni resistirme.

Entreabrí mis piernas invitándolo a seguir explorando. Los gemidos de la película acompañaban nuestra respiración que ya no era silenciosa. Tomó mi mano y la llevó hacia su entrepierna, donde se asomaba su pene erecto y desnudo. Comencé a recorrerlo desde el glande hasta los testículos que también estaban duros. Sus piernas estiradas se movían apenas cuando apretaba y soltaba sus glúteos.  Sus dedos apartaron mi braga para deslizarse por mi vagina húmeda y deseosa. Caricias rítmicas subían y bajaban estimulando mi clítoris que se había hinchado. La película seguía mostrando cómo gozaban los protagonistas. Desprendí algunos botones de mi blusa y comencé a acariciarme. Mis pezones sintieron pronto la humedad de su boca y la presión de sus dientes. No podía ver su rostro, los reflejos de la pantalla eran muy tenues. Mi torso semidesnudo era recorrido por una lengua desconocida pero que adivinaba cada milímetro de mi piel erizada . Mi vagina latía bajo esos dedos fuertes que la presionaba. Sólo quería que siguiera más y más, que no dejara de frotarme y que no apartara su boca de mis pezones. Mientras tanto con mi mano apretaba su pene sediento.  Me incorporé lentamente y me saqué mi braguita empapada, abrí mis piernas y me senté sobre él, introduciendo toda su verga . Sentía cómo me llenaba, cómo acariciaba las paredes de mi vagina cada vez que subía y bajaba. Mis gemidos se mezclaban con los de la película que ya no miraba. Seguí cabalgando mientras acariciaba sus hombros, cada vez con más fuerza, sin interrumpir el ritmo. Un calor profundo comenzó a recorrer mi cuerpo y los espasmos del orgasmo hacían que mi vagina palpitara apretando el tronco de su pene. No dejaba de chuparme el pecho y el cuello, prolongando mi goce. Me retiré y me puse de rodillas frente a él. Y comencé a lamerlo, sintiendo mi propio sabor. Con mis manos recorría su vientre tenso. Podía escuchar los largos gemidos que a mi espalda provocaban los protagonistas, era un orgasmo compartido. Su respiración se hizo entrecortada, el semen estaba a punto de estallar. Siiiiiiii un chorro caliente y pegajoso salpicó mi cara y calmó su cuerpo que por un rato permaneció estirado.

De mi cartera saqué un pañuelo y limpié mi rostro. Sin ponerme la braga que quedó tirada en el suelo, acomodé mi falda y prendí los botones de mi blusa.

La película no había terminado, pero yo sí. Me incorporé, acomodé mis cabellos y salí de la sala con pasos firmes. Mi vecino de butaca quedó allí.

MUÑECA
 
 
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