na de las tradiciones más antiguas y carismáticas de Catral que desarrollaban, durante el período navideño, la Hermandad del Santísimo Rosario y la Purísima de de la Ermita y el resto de las cofradías de antaño, era lo que llamaban “la petición de aguilandos y “los bailes de pujas.Las agrupaciones religiosas o hermandades de “Ánimas (Virgen del Carmen)”, “La Purísima,1 “Cristo de la Salud, “Santa Águeda, “Virgen de los Dolores, “Sagrado Corazón de Jesús y “La Sagrada Familia (del barrio de la Arroba de la Madriguera) recorrían con sus respectivos estandartes o cuadros de su patrón/a, las calles del pueblo, entonando cantos religiosos y profanos (la mayor parte de las veces improvisados por un trovero o “cantaor)2 y, acompañadas por tres o cuatro músicos de pulso y púa, iban visitando todas las casas, incluso las de la huerta. Los cantores improvisaban coplas en las que pedían cualquier cosa para la Hermandad, ante los cuales los vecinos correspondían con donaciones de todo tipo: animales, productos de la huerta, dinero o pañuelos bordados por las mujeres para tal ocasión.
 
Representación de la obra de teatro "Pasajes de rechirol con bailes de Pujas"
 
                       Según D. José María Cecilia Rocamora3 esta actividad se desarrollaba de la siguiente manera: 
 
                       Las hermandades en cuestión, con instrumental de cuerda, panderetas, castañuelas, almireces, etc..., y sus correspondientes estandartes, discurrían por la población en una especie de pasacalles, con ritmo de malagueñas4, y cantos del estilo y métrica como el que sigue:
 
Y saludó el ángel,
"Ave María",
a aquella que sin mancha
fue concebida.
 
                       Al llegar a la puerta de determinados domicilios, se cambiaba de ritmo y el trovero, que habitualmente acompañaba al grupo, improvisaba una petición cantada, con alguna referencia a los dueños de la casa. En la puerta de un panadero, por ejemplo:
 
A la puerta hemos llegao.
La puerta de un panadero.
Pa que dé buena limosna,
que Dios pagará en el Cielo.
 
                    El coro contestaba el estribillo con otra estrofa de la misma métrica, cuyo primer verso era el último del trovero:
 
Que Dios pagará en el Cielo.
Cantemos con alegria,
que la Pura Concepción
viene en nuestra compañia.
 
                   El tercer verso, dependiendo de la patrona, variaba:
 
Que la Virgen del Carmelo.
Que la Virgen del Rosario.
Que la que es pura y sin mancha.
Que la que es madre de Dios.
Etc...
 
                    Si la donación era satisfactoria, trovero y coro se despedían agradeciéndolo:
 
Esta casa si que es grande
con ventanas y balcones
y el ama que vive dentro
parece un ramo de flores.
 
Parece un ramo de flores.
Cantemos con alegría
.....................................
 
                    Si el donativo era el silencio, también lo recriminaban:
 
Esta casa si que es grande
y las puertas son de pino
y los dueños de la misma
tienen morros de cochino.
 
                    En estos casos cambiaban los dos últimos versos del estribillo:
 
Tienen morros de cochino.
Cantemos con alegría,
que en la olla que no hay nabos
buenas son las chiribías.
 
                    Había ocasiones en que las reprimendas contra la gente poco generosa eran muy cáusticas, como muestra el siguiente ejemplo:
 
Que sarrateño5 es el tío,
por no querer darnos na,
ojalá que se le seque
la cosica de mear.
 
                    En la puerta de personas pobres, pero voluntariosas, donde sabían que, al menos, les sacarían un trago de vino les cantaban cosas como éstas:
 
Sacar higos, si queréis,
no quitarles los pezones,
que aquí traigo un tragaldabas
que se los come a empellones.
 
                    Dado el carácter improvisado de estas composiciones, se han podido recuperar muy pocas, quizás, sólo aquéllas que tenían una cierta polivalencia. Es de suponer, que no siempre se disponía de trovero o, a veces, éste no se encontraba muy inspirado. En estos casos se recurría a villancicos populares o estrofas de las salves:
 
Salve jazmín oloroso
Salve majestad inmensa
Que al mismo Dios que te hizo
Enamora tu belleza.
 
                    Todo lo recolectado en estas andanzas había que transformarlo en dinero en efectivo para el sostenimiento de las hermandades, y, para esto, organizaban entre todas en el día de Navidad y en la fiesta de Santa Águeda los citados “bailes de pujas. En ellos, ubicándose en la puerta de la iglesia o de la ermita de la santa,6 se bailaban jotas, fandangos, rabaleras7 y malagueñas y, entre aire y aire, se subastaban las anteriores donaciones conseguidas.
 
Los bailes de Pujas
 
                    Según nos narra D. José María Cecilia Rocamora8 los asistentes, además, pujaban para conseguir alguno de los regalos conseguidos en los “aguilandos”.
 
                    Se pujaba por hacer algo:
 
¡Dos reales por llevar el estandarte!
 
                    Se pujaba para que lo hicieran los demás:
 
  ¡Un real para que la Carmen le dé de beber al Juan!
 
 ¡Cuatro perras pa qu´el Pedro baile con la María!
 
                    Los aludidos debían hacer lo que se solicitaba o, en su defecto, abandonar el baile o pagar más que el solicitante para no hacerlo.
 
                    En el caso del Pedro, este podía contestar:
 
¡Yo pago seis, pa que baile él con su vecina Lola!
 
                    En estos bailes participaba un personaje muy singular que portaba un enorme collarón de nabos, los más grandes que había dado la huerta ese año. Dicho collar trataba de colocárselo a alguno de los presentes y éste debía pagar para que se dirigiera a otro, si no lo quería lucir él. Esta era otra forma original y divertida de sacar fondos.
 
                    El baile solía acabar con una sesión de trovos, en la que las distintas cofradías que participaban se tiraban, por medio de versos improvisados, los trastos a la cabeza. Eso sí, con mucha elegancia y diplomacia.
 
                    Esta curiosa tradición folklórica dejó de realizarse en Catral y en otros tantos pueblos de la comarca del Bajo Segura a partir de la guerra civil de 1936. Sin embargo, continuó haciéndose en San Felipe Neri, en el barrio de Dolores y en la Arroba de la Madriguera hasta la década de los años 50. Con su desaparición, la comarca perdió uno de sus rasgos más característicos y diferenciadores de su folklore y de su historia.“los bailes de pujas han pasado al olvido, pero nos recuerdan que nuestro pueblo tuvo, no hace tanto tiempo, unas señas de identidad propias y una rica tradición musical.
 
NOTAS:
1. Auroros de Catral.
2. A las hermandades de “La Purísima” y de la “Virgen del Carmen” les acompañaba como trovero o “cantaor” el tío Rafael “Patahiguera” y a la de “La Sagrada Familia” (de la Arroba de la Madriguera ) el tío Pepe Sánchez “El Monja”, padre y el tío Pepe Giménez. Posteriormente, fueron troveros o “cantaores” D. Manuel Bernal Rodríguez “El Serafín” (del barrio de los Dolores ), D. Miguel Sánchez Fabra y D. Manuel Menárguez Calvo “El Marto”.
3. CECILIA ROCAMORA, J. Mª.: “El ciclo auroro navideño, en Catral”. Catral (Alicante), Biblioteca Municipal, 1995.
4. Para el canto de “aguilandos había dos tonadas; una, para el paseo por las calles, con aires de malagueña; otra, para la petición, propiamente dicha, de las lismosnas en las puertas de los domicilios; ésta última muy semejante a la de los “aguilandos murcianos, tanto en música como en estructura...
5. Sarrateño, en Catral, significa: Avaro, “agarrao en demasía.
6. También se organizaban “bailes de pujasen la explanada que hay delante de la casa del tío Jesús Matías, en el barrio de Santa Águeda.
7. Baile típico de la zona, semejante a la jota.
8. CECILIA ROCAMORA, J.Mª.: El Rosario. Tesoro catralense. Alicante, Diputación Provincial, 1992 pp 26-27.