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Pedro Casaldáliga es entrevistado por Benjamín Forcano

-NOTA: Texto recogido de la Revista: Iglesia Viva   religión, cristianismo e iglesia desde la teología, la cultura y la sociología. http://www.iglesiaviva.org . Para ver el original en formato PDF, pica AQUÍ.-

La coherencia de una vida profética

Benjamín Forcano. profesor de teología. Madrid.

1. CONVERSACIÓN SOBRE PEDRO

1.1. El testimonio de Pedro arranca desde el comienzo

1.2. ¿Natural o circunstancial la opción de Pedro?

2. CONVERSACIÓN CON PEDRO CASALDÁLIGA

2.1. En el principio eran los pobres

2.2. Después vino la Iglesia

2.3. Pedro un místico desconcertante

3. CON LA VERDAD DEL EVANGELIO Y LA CONFIANZA DEL PUEBLO

3.1. Descubrimiento de la problemática del pueblo

3.2. Y rompimos con los señores

3.3. Y siguieron las advertencias, amenazas y persecuciones

4. CON LA POLÍTICA HEMOS TOPADO

4.1. La imposible neutralidad política

4.2. La opción por el socialismo

5. EL NEOLIBERALISMO: NUEVO ÍDOLO GLOBALIZADO

5.1. El neoliberalismo: de tal causa, tales efectos

5.2. La causa es el neoliberalismo

6. PAUTAS OPERATIVAS

1. CONVERSACIÓN SOBRE PEDRO

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1.1. El testimonio de Pedro arranca desde el comienzo

Esta conversación con Pedro no es de ahora. Son pocos, que yo sepa, los que han tenido el privilegio de convivir por unos años con Pedro. Y, sin embargo, Pedro es conocido por muchos, bien porque lo han visitado, lo han leído y escuchado, bien porque han recibido el testimonio de su persona.

Nosotros, y digo nosotros por referencia a esta su comunidad “enclave” de Madrid, estamos entre los que lo hemos visitado, lo hemos leído y lo hemos escuchado. Pero, hay algo más.

Pedro era para la juventud claretiana, ya antes de marcharse para el Brasil, un destello especial, una figura atrayente, que simbolizaba la rebeldía propia de la juventud, acompañada de una vibración hacia todo lo nuevo y que buscaba en directo transformaciones audaces de la Sociedad y de la Iglesia. Varias eran las notas que le distinguían ante tanto lastre del tradicional mundo religioso: su apertura esperanzada a los cambios del mundo, su compromiso con la justicia y los más marginados, su sensibilidad poética para dialogar con todos los problemas de la cultura. Enganchaba y arrastraba. Le poseía una intuición certera, que sobrepasaba el tamiz del cálculo y de la inteligencia.

Sus senderos eran los del corazón y de la mística y, cómo no, su raro don de compaginar la impaciencia revolucionaria con las trabas del irritante perfeccionismo leguleyo.

Él andaba en esa dialéctica, que le haría sufrir, pero no hasta el extremo de inmovilizarlo en enajenada y pasiva quietud conventual. Y digo esto consciente de no haber encontrado nadie que, como él, haya hecho de la oración lugar suyo natural para la meditación y reforzamiento del compromiso evangélico. Este hombre se ha encontrado a sí mismo unido de tal manera a Dios que es desde ahí, pienso, donde ha sacado esa extraña sabiduría y amor que le ha caracterizado y que ha puesto en cada momento al servicio de los demás con desacostumbrada libertad.

La autenticidad de una persona se percibe y es motivo de admiración para cercanos y lejanos. Y a nadie deja indiferente. Esa autenticidad –y no el monto del saber– es lo que produce encantamiento y credibilidad. Esa credibilidad de Pedro había entrado en nosotros. Serían unos años más tarde cuando, por razón de especiales circunstancias, nuestra cercanía y comunión con Pedro aumentaría. Ya él y su Iglesia –su estilo evangelizador– repercutían en uno y otro lugar, sus palabras daban en el clavo, eran santo y seña de una nueva manera de ser cristiano y reclamaban nuestro reconocimiento y nuestro incondicional apoyo. Y nos convertimos, a miles de kilómetros con cartas, entrevistas, circulares, revistas, libros, radiotelevisión y otros menajes en vehículo y resonancia de un modo de anunciar el Evangelio válido para el mundo de hoy.

Pedro no comenzó a ser Casaldáliga en Brasil. No hay más que rastrear un poco en su vida, para descubrir las semillas de su futuro. Del 1952, en que es ordenado sacerdote con 24 años, hasta el 68, transcurren 16 años en que su vocación misionera se estaba acrecentando intensamente. Fue, al regreso de unos Cursillos de Cristiandad dados en Guinea, en que, según escribe, “siente furiosa la realidad y la llamada del Tercer Mundo. Traía para siempre en mi corazón, confusamente, como un feto, África, el Tercer Mundo, los Pobres de la Tierra y esa nueva Iglesia: la Iglesia de los Pobres, que diríamos más tarde, a partir del Concilio”.

1.2. ¿Natural o circunstancial la opción de Pedro?

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Lo de Pedro venía de lejos, muy de antes. Uno encuentra natural que, ya en el Mato Grosso, en uno de aquellos primeros entierros colectivos, cuando los sepultados eran cuatro niñitos, hijos de prostitutas, dijera a su compañero Manuel Luzón: “O nos vamos de aquí inmediatamente, o nos suicidamos o hallamos una solución para todo esto”. ¿Era esto natural o efecto de unas circunstancias?

Yo pienso que más natural que circunstancial, porque todos llevamos dentro la indignación contra la injusticia. Pero, no basta. Pues otros, antes de Pedro y después de él, han visto la misma realidad inhumana y no se han convulsionado.

No me resulta tan desconcertante como algunos creen, el cambio que puede darse en la vida de una persona o el contraste de ella con la de otras. Estoy convencido de que la lealtad, la libertad y la profecía no se improvisan.

Cada uno da lo que es. Los chascos, cobardías o incoherencias de las personas no son fruto del azar, están anidando en el interior. Sostengo esto porque hay seguramente quien piensa que el radicalismo de Pedro se lo ha dado la situación, una situación extrema de injusticia. Yo pienso que no. La vida de Pedro muestra que, en todo su proceso hay un río secreto que la recorre, que la nutre e impulsa en una misma dirección. Ese río es interior, propio y avanzará de una forma u otra, más bravo o más sosegado, dependiendo de la orografía del cauce, de las circunstancias, según se empeñen o no en acallarlo o en desviarlo de su meta.

¿Cuál es, pues, el secreto, la fuerza, si es que la hay, de esa permanente apuesta de Pedro por el débil?

Siempre he pensado que para ser libre e innovador en lo grande hay que serlo en lo pequeño. Al ser consagrado obispo, Pedro manifestó su creativa libertad. No le bastaba con seguir al pie de la letra un ritual, sino que buscó traducir en él sus más profundos sentimientos y convicciones, y dejó a un lado la forma estereotipada de aquel rito que no podía expresar lo que él llevaba dentro, su manera de ser y sentirse obispo. Cosa secundaria, cierto, pero muy significativa, porque si no se es libre ni creativo para cambiar una ceremonia, ¿cómo se puede ser en cosas más importantes?

Pedro cuenta que una vez, navegando por el río das Mortes, tuvo que atender a un hombre moribundo. La comunidad le pidió que celebrara una misa. No había pan ni vino. No traía nada para decir misa: “Yo venía más preocupado por atender al hombre. Allí había una pequeña taberna. Cogí unas galletas y celebré la misa. Me pareció que era una buena misa. El pueblo me pedía misa y yo era sacerdote, la Pascua de Cristo bien se puede celebrar con vino de las viñas de Italia o de las de Cataluña, pero si no había vino, ¿por qué no se podía celebrar con alcohol de caña de azúcar?”.

Otra vez excomulgó a dos haciendas porque tenían pistoleros que mataban a los peones, les cortaban las orejas y las llevaban a la hacienda para demostrar su muerte: “Tras enterrar a uno de esos peones asesinados, cogí un puñado de tierra de su sepulcro, lo puse sobre el altar y excomulgué a esas haciendas. Pero fue un acto contra las haciendas, no contra las personas”.

En cierta ocasión, ante la reiterada opresión de muchos latifundistas, muchos de ellos “muy cristianos”, decidió evitar toda ambigüedad, nada de eucaristía en sus capillas, ningún gesto de saludo: “El Evangelio es para los ricos, pero contra su riqueza, sus privilegios, su posibilidad de explotar, dominar y excluir. Si cada semana voy a la casa de un rico y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ya me he vendido y he negado mi opción por los pobres”.

¿Efecto todo esto de las circunstancias?

Muchos han vivido idénticas circunstancias y, sin embargo, no hubo protesta, ni denuncia ni excomunión. Y así, por mucho tiempo, quizás por siglos.

¿Dónde está , pues, el secreto?

2. CONVERSACIÓN CON PEDRO CASALDÁLIGA

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No es habitual el testimonio episcopal de Casaldáliga. Otros seguramente han recibido la misma formación que él y se han encontrado en las mismas circunstancias. Y las posiciones subjetivas siguieron sin alterarse y las situaciones de inhumanidad estancadas o aceptadas.

Quedan importantes interrogantes por contestar. ¿Qué hace que una misma situación ante diversas personas cause tan diversas reacciones? ¿Por qué la miseria a unos los subleva y a otros los deja tranquilos? ¿Por qué una misma situación de injusticia hace que unos obispos se inhiban y se pongan de parte del poder y otros actúen y lo denuncien hasta el martirio?

Ésta es una cuestión que se relaciona con lo más íntimo de la personalidad.

Y muestra, de primeras, que algo importante tiene que haber a la raíz de esa extraña discrepancia.

Precisamente en este punto quiero que la conversación con Pedro adquiera un nuevo giro: que sea él quien, con palabras directas, nos explique esta especie de misterio.

2.1. En el principio eran los pobres

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Quizás el itinerario que lleva a Pedro a situar el centro de su vida en los pobres parezca complicado, pero no. Basta con formular este criterio: el respeto a la realidad es la aplicación obligada de la acción de todo hombre. Pero, para un creyente, tras esa realidad subyace una voluntad divina que la origina y sustenta. Habría, pues, una identificación entre el respeto a la voluntad divina y la realidad que de ella procede.

Si esta realidad se refiere al ser humano, entendemos enseguida que el respeto abarca todo lo que ese ser significa y desecha todo lo que, de una u otra manera, hiere esa dignidad. La persona humana es imagen y semejanza de Dios y, en buena lógica, el respeto u ofensa de la persona es respeto u ofensa de Dios. Ahora bien, a mayor degradación y ofensa más indignación y mayor compromiso.

La cuestión, entonces, se remite a averiguar en quién ese grado de ofensa es mayor, acompañada de una consecuente acción de restauración.

En esa síntesis de contemplación indignada y compromiso consecuente veo yo la clave de la vida de Pedro. Y es que, a la restauración de esa dignidad oprimida, dedica él toda su vida, su opción determinante: la opción por los pobres.

Pedro, ¿desde cuándo tuviste claro que tu vida iba a estar centrada en la liberación de los pobres?

Yo siempre quise ir a las Misiones, pero fue con ocasión de la visita al seminario de Solsona de monseñor Fogued, Prefecto Apostólico de China, que hice “la” opción por “las Misiones”, tercamente sostenida hasta mi llegada a este Mato Grosso. Mi decisión última fue en el 1967, en el Capítulo de Renovación Claretiana.

Había llegado mi hora. El testimonio laico del Che Guevara, muerto por entonces, era una nueva llamada desde América.

Dudé entre Bolivia y Brasil, pero al final, con la ayuda de mi superior general, P. Schweiger, elegí Brasil. El 26 de enero de 1968 trocaba los 11 grados bajo cero de Madrid por los 38 grados sobre cero en Río de Janeiro. Era un salto en el vacío del otro mundo.

Había conseguido, por fin, lo que tanto había soñado y pedido y buscado: un clima heroico para vivir heroicamente.

Durante cuatro meses en un Centro de Formación Intercultural (CENFI) vivimos un estado excepcional de revisión, de crítica, de enorme y acuciante evolución. Llegar al Mato Grosso sin pasar por el CENFI hubiera sido una zambullida fatal.

Y enseguida, a las pocas semanas de llegar, tú dejaste escrito:

“Estos son –a pesar de todo lo que se pueda decir en contrario–

los pobres del Evangelio”.

Llegamos el 26 de julio. Un viaje sin retorno. Se imponía una revisión total de criterios y de programas. ¿Qué pedía el pueblo?

¿Qué podíamos hacer nosotros? Debíamos enfrentar el problema del analfabetismo, de la salud, de la tierra, de un inmenso abandono secular. En el 70 firmé mi primer informe–denuncia, que recogía, en letanía trágica, los casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola, golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno desamparo de la ley, sin derecho ninguno, sin humana salida.

Hasta el Nuncio me pidió que no lo publicase en el extranjero y uno de los mayores terratenientes me advirtió que no debía meterme en esos asuntos. Pero era hora de aplicar nuestra opción: no podíamos celebrar la eucaristía a la sombra de los señores, no podíamos aceptar signos externos de su amistad.

Hora de opción, que violentaba mi propio temperamento, mis ganas naturales de estar a bien con todos, la vieja norma pastoral de “no apagar la mecha que aún humea”.

Todo por defensa de los pobres.

Me estás tocando la niña de mis ojos. A mi siempre se me ha quebrado el corazón viendo la pobreza de cerca. Me he llevado bien con la gente excluida, quizás porque siempre he tenido una cierta afinidad con el margen, con los marginales. Quizás por una especie de espíritu compasivo, o por una especie de vena poética.

Quizás sea una cuestión de sensibilidad, porque soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Por otra parte, yo nunca he olvidado que nací en una familia pobre. Yo me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo vivir con tres camisas por qué voy a necesitar tener diez en el armario. Los pobres de mi prelatura viven con dos, de quita y pon.

Estoy doblemente convencido de que no se puede tener una sensibilidad revolucionaria y profética ni se puede ser libre sin ser pobre. La libertad está muy unida a la pobreza. No se es verdaderamente libre con mucha riqueza. Siendo pobre me siento más libre de todo y para todo. Mi lema fue: ser libre para ser pobre y ser pobre para poder ser libre. Lo dejé bien escrito en aquellos versos míos:

POBREZA EVANGÉLICA

No tener nada.

No llevar nada.

No poder nada.

No pedir nada

y, de pasada,

no matar nada;

no callar nada.

Solamente el Evangelio, como una faca afilada,

y el llanto y la risa en la mirada.

y la mano extendida y apretada.

y la vida, a caballo, dada.

Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,

para testigos de la Revolución ya estallada.

¡Y “mais nada"!

2.2. Después vino la Iglesia

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En el XVI Congreso de Teología en Madrid, dijiste que la herejía suprema era la de la macroidolatría del mercado total. Y que el pecado de la Iglesia podía estar en no reaccionar ante la exclusión por el neoliberalismo de la mayoría de la humanidad. Ésa es la otra muerte de Dios en tantas vidas humanas muertas, prohibidas. Me espanta oír y ver a tantos sectores de la Iglesia, teólogos también, cayendo en la tentación de pasarse a otros paradigmas, porque ya están cansados de hablar y de oír hablar de la opción por los pobres, de la justicia y de la liberación y porque este mundo (aquí san Pablo se pondría furioso) pide ahora que todo sea light, la teología también, la espiritualidad más connivente, una especie de fe del bienestar.

Tan adentro llevas esta opción por los pobres que, si no recuerdo

mal, en tu visita al Papa –que luego publicaste– le recordaste que

no la estábamos cumpliendo debidamente.

A Juan Pablo II le hablé con mucho cariño, pero con mucha libertad, ejerciendo el derecho de mi corresponsabilidad eclesial y de mi colegialidad apostólica. Le dije: En el campo social, no podemos decir con mucha verdad que hayamos hecho la opción por los Pobres. En un primer lugar, porque no compartimos en nuestras vidas y en nuestras instituciones la pobreza real que ellos experimentan. Y, en segundo lugar, porque no actuamos, frente a “la riqueza de la iniquidad”, con aquella libertad y firmeza adoptadas por el Señor. La opción por los pobres, que no excluirá nunca a la personas de los ricos –ya que la salvación es ofrecida a todos y a todos se debe el ministerio de la Iglesia– sí excluye el modo de vida de los ricos, “insulto a la miseria de los pobres”, y su sistema de acumulación y privilegio, que necesariamente expolia y margina a la inmensa mayoría de la familia humana, a pueblos y continentes enteros.

Tu radicalidad en este punto te he llevado a decir que hoy uno no

puede ser cristiano sin ser pobre o aliado de los pobres.

Lo he dicho a propósito de unas palabras de Karl Rhaner que escribía: en el siglo XXI un cristiano o será místico o no será cristiano.

Que conste que considero a Rhaner como el mayor teólogo del siglo XX. Sin embargo, yo creo, con la más estremecida convicción evangélica, que hoy, ya en el siglo XXI, un cristiano o cristiana o es pobre y/o aliado o aliada visceralmente, aliado o aliada de los pobres, enrolado en la causa de los oprimidos o no es cristiano, no es cristiana. Ninguna de las notas famosas de la Iglesia se mantiene en pie si la Iglesia olvida esta nota fundamental, la más evangélica de todas: la opción por los pobres.

Profundamente relacionado con esto, está el tema de la teología de la liberación. Algunos jamás lo han digerido, son los menos peligrosos. Otros argumentan que, como moda pasajera y unida al socialismo, ha visto su fin: puro fracaso. Otros, en cambio, no la condenan ni la tachan del escenario cristiano pero creen que ha llegado el momento de reducirla a su dimensión exacta: una teología más, localista o regional, de inconsistente fundamento y de escasa proyección universal. Es decir, que de la teología de la liberación apenas si queda nada.

Estoy harto de oír la pregunta: ¿Qué queda de la teología de la liberación? Me la han preguntado por activa y pasiva, compañeros, obispos, periodistas. Yo, un poco así a la española, les he respondido: quedan Dios y los hombres; pues mientras existan el Dios de Jesús, el Dios de David y los pobres de Dios y mientras exista alguien que piense a la luz de ese Dios y se sensibilice delante de Jesús, habrá teología de la liberación. La teología de la liberación no se inventó en América Latina, viene de mucho más atrás. Isaías ya nos habló de la liberación.

La teología de la liberación ha sido más de los pies caminantes del pueblo que de las cabezas pensantes de los teólogos. Y ha sido más de la sangre derramada de nuestros mártires, del llanto derramado de nuestros pueblos, de los clamores que Dios siempre escucha. Nació en América Latina porque cuando el teólogo pensaba se encontró con un clima de opresión y también de liberación.

Vivimos momentos de cansancio. Parece, como dice Galeano, que la utopía es un caballo cansado del que hay que apearse. El caballo se cansó. Si el Evangelio es liberar, la teología de la liberación es práctica liberadora, y para ser práctica liberadora tiene que ser estructural y, si estructural, tiene que ser política. Sería horrible que dejáramos la política a merced de los teólogos del neoliberalismo.

Y que no sigan nombrando, por vergüenza al menos, las barbaridades –calumnias auténticas– , que colgaron a la teología de la liberación y sus teólogos. Nosotros: teólogos de la liberación, obispos que los acompañamos e Iglesias que se benefician de su doctrina, no hemos optado por Marx sino por el Dios y el Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su Reino y por sus Pobres. Nuestro Dios quiere la liberación de toda esclavitud, de todo pecado y de la muerte. Analizar la trágica situación de los dos tercios de la humanidad, señalarla como enteramente contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticos para transformar esa situación son pasos obligados de la teología de la liberación.

A los enemigos del pueblo es a los que no gusta la teología de la liberación. ¡Celebrarían tanto que los cristianos pensasen sólo en el Cielo... despreciando la Tierra! Cuando nosotros queremos ganar el Cielo, conquistando la Tierra. Hijos libres de Dios padre y hermanos verdaderos.

¿Roma ha cambiado su valoración sobre la teología de la liberación?

Cuando no se vive con los pobres es difícil cambiar. Y ocurre que cuando se vive entre los pobres –lo escribía yo hace unos años– no hay modo de entender los deslices, mayores, de nuestro querido cardenal Ratzinger condenando la teología de la liberación.

Despacito, en Roma también ven entendiendo. Para bien del Evangelio de Jesús. Para mayor alivio de sus Pobres.

Más al fondo de todo esto –y se lo decía a mis amigos en mi último viaje a Cuba–, lo esencial de la Iglesia son las personas. Y descentralizarse. Y aproximarse desinteresadamente a todas las inquietudes, desconciertos, sufrimientos y esperanzas de la humanidad. La Iglesia Católica ha pecado por plantear la pérfida dicotomía Iglesia-Mundo, esta dicotomía orden natural-orden sobrenatural. Hay un solo Dios, una sola creación, una sola humanidad. Los cristianos no podemos apoderarnos del término ecuménico. La oikumene sería mayor que nosotros: la humanidad entera.

La eclesiología tradicional ha presentado a la Iglesia como una sociedad perfecta y no como la quería Jesús: luz, fermento y sal en la civilización, en la vida. Tampoco la Iglesia debe sentirse como una especie de fin en sí. Teóricamente nunca lo dijimos, pero prácticamente sí.

2.3. Pedro un místico desconcertante

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Pedro es uno de los grandes místicos modernos que une la contemplación con el compromiso. Exiliado del mundo de la civilización, enclavado en el sertao, a miles de kilómetros, sin haber vuelto nunca a España, rotas como quien dice las amarras con un mundo sin el que nosotros no sabemos vivir, este hombre alimenta una vida interior profunda de poeta y contemplativo y, sin embargo, este hombre tiene unas antenas más que cibernéticas, que le permiten divisar y seguir lúcidamente el rumbo del mundo.

Su mirada viene encendida en las brasas del proyecto original, único que despierta sueños y esperanzas de futuro, donde seguramente más tarde que temprano habrán de converger personas, pueblos y continentes. Una mirada que restalla profética en el vaivén desmadrado de sueños imperialistas, siempre inhumanos y retrógrados.

El testimonio de Pedro nos habla de cómo no es posible anestesiarse en el silencio de la soledad y encasillarse en una espiritualidad enajenante, al margen de los problemas y esperanzas de los hombres. Nos encontramos, sin duda, ante un cristiano singular, de ejemplaridad extraordinaria, que ha disuelto la dicotomía establecida entre Reino de Dios e historia del mundo y salvación personal.

Quiero incidir ahora en el polo opuesto de los pobres, en aquel que, inmisericordemente, en una y otra parte, ayer y hoy, es causa de los mismos: el sistema capitalista.

Casaldáliga vuelve una y otra vez sobre el tema, lo estigmatiza con una fuerza que raras veces se ha visto en el lenguaje eclesiástico. La realidad establecida es lo que es: o sirve al hombre o está contra él. Ese establecimiento puede actuar como agente humanizante o deshumanizante. Si lo segundo, habremos de desenmascararlo como ídolo perturbador. Quizás esté ahí la clave que debiera revolucionarnos a todos, porque lo que no se puede es ser persona cristiana y andarse flirteando con el encantamiento de falsos dioses.

Ciertamente, Pedro no es neutral y muestra con ira sagrada su denuncia profética.

Hemos llegado a un momento donde la trama entre lo individual y social se ha soldado de tal manera que parece no dejar resquicio para alumbrar y rescatar la original individualidad.

3. CON LA VERDAD DEL EVANGELIO Y LA CONFIANZA DEL PUEBLO

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El que Pedro apunte al capitalismo como tema prioritario, al señalar los ídolos de nuestra sociedad, reviste una triple novedad: el que lo haga un obispo, lo haga con análisis certero y lo haga con aliento profético. Generalmente, nuestros jerarcas se han llevado bien de la mano del poder. Y es muy raro encontrar obispos que se hayan plantado ante el poder. No lo han hecho seguramente por estar mal condicionados por la formación y la costumbre, por subestimar el peso de las estructuras en la vida (en este caso, un peso maligno) y por falta de radicalidad evangélica.

Pedro no se contenta con hacer declaraciones vagas. El capitalismo cobra rostro y carne en lugares concretos. Su Prelatura de Sao Félix do Araguaia, encuadrada en una de las regiones más pobres de Brasil, es uno de ellos. A Pedro, un místico con ojos abiertos, esa realidad le entra de golpe, le hiere sin piedad y, entonces, toma él la vez con su presencia, su ejemplo, su profecía, lanzada al mundo en lenguajes y acentos múltiples.

Fue en su consagración episcopal donde dejaba bien diseñado el programa de su acción pastoral:

Tu MITRA

será un sombrero de paja; el sol y la luna; la lluvia y el sereno;

el pisar de los pobres con quien caminas y el pisar glorioso del Señor.

Tu BÁCULO

será la verdad del Evangelio y la confianza del pueblo en ti.

Tu ANILLO

será la fidelidad a la Nueva Alianza del Dios Liberador

y la fidelidad al pueblo de esta tierra.

Tu ESCUDO

la fuerza de la esperanza y la libertad de los hijos de Dios.

Tus GUANTES

el servicio del amor.

3.1. Descubrimiento de la problemática del pueblo

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La tierra: 

– “Fue en esas 'desobrigas' (visitas de cumplimento pascual) cuando empezamos a sentir el problema de la tierra. Nadie tenía tierra propia. Nadie tenía un futuro asegurado. Todo el mundo era 'etirante', emigrante de otras áreas del país ya castigado por el latifundio”.

Una tierra sin ley: 

– “Mato Grosso era, aún es, una tierra sin ley. No encontramos ninguna infraestructura administrativa, ninguna organización laboral, ninguna fiscalización. El Derecho era del más fuerte o del más bruto. El dinero y el 38 se imponían. Nacer, morir, matar, esos sí, eran los derechos básicos, los verbos conjugados con un asombrosa naturalidad”.

–Región latifundista:

– “En las campañas misioneras descubrimos, nosotros definitivamente, la problemática de nuestro pueblo, el conflicto social básico de una región destinada a ser latifundio de ganado bovino, área de inhumana desintegración de indios, posseiros y peones”.

“¡Malditas sean todas las cercas!

¡Malditas todas las propiedades privadas que nos privan de vivir y de amar!

¡Malditas sean todas las leyes, amañadas por unas pocas manos para amparar cercas y bueyes y hacer la Tierra esclava y esclavos los humanos!

¡Otra es la tierra nuestra, hombres, todos!

¡La humana tierra libre, hermanos!”

No es de extrañar, después de todo esto, que Pedro haya escrito:

– “Yo digo siempre que cuando me hagan la autopsia me van a encontrar tierra en el corazón y en el hígado. En el corazón por el amor a la tierra, y en el hígado, por lo mal que la tierra me ha llevado siempre”.

3.2. Y rompimos con los señore

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– “La noche del día en que firmé mi primer informe-denuncia salí a ver la luna grande y a respirar el aire más frío y me ofrecí al Señor. Sentía entonces que con el documento podía haber firmado también mi propia pena de muerte, en todo caso acababa de firmar un desafío”.

– “Dejábamos de ser amigos de los grandes y los encarábamos. Ningún explotador o colaborador aprovechado de la explotación podría ser padrino de Bautismo por ejemplo. Dejamos de aceptar el auto-stop en sus coches, esquivábamos positivamente su compañía, su sonrisa; dejamos incluso de saludarlos, en los casos más descarados”.

– “Cohonestar la injusticia es un pecado demasiado 'católico'. La Iglesia es responsable, hace siglos. Debe reconocerlo, y llorarlo, y se ha de convertir”.

– “Si 'la primera misión del obispo es la de ser profeta' y 'el profeta es aquel que dice la verdad delante de todo un pueblo'; si ser obispo es ser la voz de los que no tienen voz, yo no podría, honestamente, permanecer de boca callada al recibir la plenitud del servicio sacerdotal”.

–"Yo me rebelo contra los tres mandamientos del neocapitalismo, que son: votar, callar y ver la televisión”.

3.3. Y siguieron las advertencias, amenazas y persecuciones

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– “Voces latifundarias y eclesiásticas, `amigas´, me decían que yo no debía entrar en esos asuntos, porque podrían acusarme de subversivo. ¡Cuidado con hacerse el profeta por vanagloria; cuidado con inclinarse sólo a favor de unos; cuidado con darse a la lucha de clases!

La Compañía Bordon amenazaba con matarme a mí y a Moura, y de quemar el poblado. Yo y Lulú, ya torturado por el latifundio y la represión, fuimos esperados de emboscada, en la floresta, por el destajero de la fazenda, Benedito Boca-Quente. La `boca caliente´ era la de su revólver. Y pusieron precio a mi vida, con insistencia. Daban por mi cabeza mil cruzeiros, un revólver 38 y un billete de salida a voluntad”.

Yo escribí por entonces en una hoja de banana silvestre:

“Somos un pueblo de gente,

somos el Pueblo de Dios.

Queremos tierra en la tierra;

ya tenemos tierra en los Cielos...

Y más tarde: “En esta hora, con mayor conciencia y con voluntad total de compromiso con el pueblo oprimido de la región, por amor del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y en solidaridad con todos aquellos que sufren persecución por causa de la Justicia, nos declaramos, con humilde gratitud hacia Aquél que nos ha hecho dignos de la Cruz liberadora, una iglesia perseguida”.

En la dictadura militar, nos perseguían los militares católicos.

Nuestros presidentes eran católicos, comulgaban. Nuestros terratenientes, católicos. Echan alambradas para proteger sus tierras y, al mismo tiempo, inauguran en ellas una capilla”.

4. CON LA POLÍTICA HEMOS TOPADO

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No hay cosa que más asuste a los espiritualistas y que más recelos provoque en muchos cristianos que el tema de la política. Es casi un tema tabú, que se demoniza sin más, como cosa incompatible con la fe. Sin embargo, pocas verdades tan claras en el Evangelio como la de que Jesús fue ajusticiado por el poder político y religioso –la sinagoga y el imperio–. Y lo fue por su intolerable parcialidad: “No se puede servir a Dios y al dinero” y “¡Ay de vosotros, guías ciegos!”.

Hoy se pretende desleír toda clasificación que intente reflejar los hechos en su cruda realidad. Y la realidad de la sociedad está compuesta por una pirámide inmensa de desigualdad, donde unos están arriba y otros abajo, unos son más y otros menos, donde unos viven en la abundancia y otros en la miseria, donde unos oprimen y otros son oprimidos. Y esta desigualdad no se puede tapar ni, mucho menos, bendecir o cohonestar con razones divinas.

Sería un sacrilegio querer atribuir esta composición piramidal al Dios justo y nivelador por excelencia: “Todos vosotros sois hermanos”. El Dios de los señores no es igual al Dios de los pobres.

4.1. La imposible neutralidad política

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En nuestro tiempo, entre los muchos mártires que jalonan la vida de la Iglesia, no hay uno sólo que no lo haya sido por su postura de denuncia ante el poder político o religioso (hay mártires de represión física y otros de represión no física).

Oportuno como siempre, Casaldáliga escribe:

– “Contra toda filosofía funcionalista, nosotros creemos que ni la ciencia ni la técnica pueden exhibir, en ninguna circunstancia, la bandera blanca de una pretendida neutralidad. Todo acto técnico, todo gesto científico chorrea ideología. O se sirve al sistema o se sirve al pueblo. Trazar una carretera en el papel, planear un censo, clasificar un remedio, es política. Todo técnico, todo científico es siempre un político, aun cuando se niegue a serlo: o reaccionario, o reformista o transformador”.

4.2. La opción por el socialismo

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Cada quien verá cómo anda en política y hacia qué opción deriva. Pedro lo dice muy claro:

– “Yo siempre he sido de izquierdas. Ya de pequeño era zurdo, pero en aquellos tiempos estaba prohibido y no nos dejaban escribir con la izquierda. De manera que incluso biológicamente soy de izquierdas”.

– “Yo he pasado a las opciones del socialismo. Por el contacto con la dialéctica de la vida, por las exigencias del Evangelio y también por algunas razones del marxismo. Qué socialismo, no lo sé a punto fijo, como no sé a punto fijo qué Iglesia será mañana la que hoy pretendemos construir, por más que sé que la queremos cada vez más cristiana”.

– “Si no hay utopía, no hay vida. Como un poeta español dice: `poesía necesaria como el pan de cada día´, y yo digo: `utopía necesaria como el pan de cada día´. Utopía que después se realiza en la medida de lo posible; no vamos a pasar toda la vida sólo soñando. Soñando y con el mazo dando, a Dios rogando y con el mazo dando”.

5. EL NEOLIBERALISMO: NUEVO ÍDOLO GLOBALIZADO

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A primera vista pudiéramos pensar que la realidad del mundo socioeconómico es una magnitud inabarcable y, encima, incontrolable. Ninguna premisa mejor para inducir al error o al fatalismo. Hoy la realidad de los pueblos es global, mundialmente interconectada, pero se ha globalizado bajo el dictado y leyes del neoliberalismo. No es una realidad caótica, sino férreamente articulada, de la que es difícil salirse para intentar proyectos y soluciones que no sean los impuestos por la dictadura neoliberal. Mil hechos lo acreditan.

Atreverse a asomarse a ese mundo para descubrir su funcionamiento y, sobre todo, denunciar sus propósitos acumuladores y dominadores, es una empresa súper ardua que confiere a quien lo intenta el calificativo de quijote o idiota. Y, sin embargo, la magnitud no impide vislumbrarla en su inconfundible identidad. Una identidad poderosa, aplastante, pero que no resiste el análisis de la conciencia humana.

Pedro Casaldáliga, obispo por más señas, no se corta ante esa empresa y se presenta ante ella con un buen bagaje de racionalidad, dignidad humana, firmeza ética, libertad evangélica y, sobre todo, experiencia inapelable, la de aquellos que, con marcas, atestiguan la inhumanidad del rodillo neoliberal.

5.1. El neoliberalismo: de tal causa, tales efectos

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No a la propiedad privada privadora

– “América Latina es mucho más pobre hoy que en la década de los 60. Sin embargo, en América Latina hay mucha más riqueza, y mucha más técnica, que en la década de los 60. Dios nos libre del neoliberalismo. No se puede servir a dos señores. Con el capital al final se prostituye a Dios. Una vez tuve la ocasión de intervenir en un proceso público que se hace en la Asamblea  Nacional, donde se trataba de la problemática de la tierra. Y entonces, algunos de los senadores y diputados más conservadores, incluso varios de ellos muy católicos y practicantes, me dijeron: Monseñor, usted está en contra de la propiedad privada.

Les dije: no, si usted tiene una camisa y todo el mundo puede tener una camisa, estoy a favor de la propiedad privada de cada camisa. Ahora, si usted tiene 50 camisas y las demás personas no tienen ninguna camisa, entonces la propiedad privada es privadora”.

El fundamentalismo del mercado

– “Si no hay un cierto tipo de resocialización de la tierra, de la salud, de la educación, de la ciencia, no habrá democracia en ningún lugar del mundo. El propio secretario del FMI dijo en el Vaticano: hemos de reinventar un Estado, cuando al mismo tiempo se dice: vamos a minimizar el Estado. Donde no hay Estado, no hay Sociedad. Pero no quiero Estado totalitario. El propio Estado es el representante de la sociedad. El propio secretario del FMI dijo: antes era el fundamentalismo del Estado; ahora es el fundamentalismo del mercado. Y Samuelson, el Premio Nobel de Economía, decía: `el neoliberalismo es muy eficaz, pero no tiene ni cabeza ni corazón´. Es eficaz ¿para quién? ¿Quién tiene libertad de mercado? El que puede”.

El neoliberalismo mata la vida de la mayoría

– “Yo digo siempre que el neoliberalismo, además de ser policía porque mata la vida de la mayoría, la deja sin condiciones de vida humana. Además de ser homicida, es suicida, porque no es posible que el futuro de la humanidad sea eso. Nosotros que creemos en el Dios de la vida y creemos que la humanidad es hija de Dios, y que tiene genética divina, no podemos permitir que la destrucción sea el destino de la humanidad. El Reino es el destino de la humanidad.

El neoliberalismo, además de homicida y suicida, es ecocida: el lucro por el lucro, la técnica por la técnica, la explotación de los recursos lo más aprisa posible para acumular, para cumular intereses, capital, que es ahora capital virtual, invisible, ecocida”.

Es pecado mortal cobrar y pagar la deuda externa

– “Hay ilación entre la deuda externa y las deudas sociales. Si se paga la deuda externa, no se pagan las deudas sociales. Si se pagan las deudas sociales, no se paga la deuda externa. Creo que la deuda externa no se debe pagar. Es pecado mortal cobrarla y es pecado mortal pagarla. La deuda externa es la deuda de la muerte, además de que no les cuesta. Además, ¿de qué es la deuda?, ¿quién debe a quién? Que nos devuelvan el oro, la plata, que nos devuelvan la vida de los indígenas, de los esclavos negros, que nos devuelvan la vida de tantos niños y niñas, la mortalidad infantil, tanta salud, tanta educación prohibida, que nos devuelvan la floresta. No es utopía, no es historia, es realidad.

No la hicimos nosotros, nos la hicieron, la hicieron, con lo mucho que se aprovecharon, lacayos de los sucesivos imperios”.

Neocolonialismo etnocentrista

– “Los pueblos indígenas tienen sobre sí la sentencia de muerte más inmediata, la muerte más lógica a partir del sistema. Estorban. Sus tierras son cebo de la codicia de los grandes. América, en sus diversas naciones, en su entresijo continental, debe reaprender los valores básicos de las culturas indígenas, la ecología espontánea, la comunitariedad, la perenne vivencia religioso-cultural, el antilucro y el anticomunismo del indígena todavía libre. Es para mí como un dogma de fe: o el indio se salva continentalmente o no se salva. Es uno el sistema que nos tiene sometidos a todos. El blanco siempre ha hablado mucho de Dios, pero no ha respetado la voluntad del Dios verdadero, aquel Dios que es el padre de todas las personas y el Señor único de todos los pueblos, el Dios de la Vida y el Dios de la muerte. Jesucristo no vino al mundo para que los indios dejasen de ser indios. Él no es un colonizador blanco. Él es el Liberador. El indio cristiano que piensa en dejar de ser indio no puede ser un buen cristiano. Quien niega a su pueblo, niega a Dios, creador de todos los pueblos:

“Dios, pobre y masacrado,

grita al Dios de la vida

desde esta colectiva cruz alzada

contra el sol del imperio y sus tinieblas,

ante el velo del templo estremecido”.

– “He acabado de entender, y hasta de sentir toda la ganga de racista superioridad, de dominio endiosado y de inhumana explotación con que se han descubierto, colonizado y, muchas veces, evangelizado los nuevos mundos. “Colonizar” y “civilizar” ya han dejado de ser para mí verbos humanos. Como no lo son, donde vivo y peno, las nuevas fórmulas colonizadoras de “pacificar” e “integrar” a los indios. Imperialismo, Colonialismo y Capitalismo merecen, en mi “credo”, el mismo anatema”.

Otro modo neoliberal de asesinar

– “Hay otro modo, más moderno, plenamente neoliberal, de asesinar o hacer desaparecer. Por exclusión programada, por hambre mortal. De 30 a 40 millones de seres humanos mueren anualmente por desnutrición. El 60% de la población mundial pasa hambre. 200 millones de latinoamericanos han caído en el empobrecimiento total. Nuestra deuda externa latinoamericana es de 430 billones de dólares”.

– “La excusa del anticomunismo que (en su tiempo) Reagan y otros como él acostumbran a dar no justifica de ningún modo la agresión, ni el imperialismo permanente que sojuzga a Centroamérica, ni el colonialismo secular o la miseria establecida oficialmente o la injusticia institucionalizada que mantienen sobre esos Pueblos “menores” el imperio –un día español, otro día inglés, ahora norteamericano– y la oligarquía local siempre lacaya.

No se vende el comunismo, tan supuestamente perverso, con otras perversidades”.

5.2. La causa es el neoliberalismo

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No hay acción posible a favor de la justicia, ni acción veraz evangelizadora  si, previamente, no se tiene claro el origen de donde dimanan las injusticias y al que hay que aplicar certeros remedios. Un idealismo secular, filosófico o religioso, nos ha hecho demasiadas veces pasar de largo, frente a graves y evitables males de la humanidad.

No se puede implantar una política emancipadora si no es a base de tener a la vista (análisis) las causas y nombres (unos y otros se entrecruzan en el sostén de las estructuras) generadoras de la desigualdad, la injusticia y el empobrecimiento de personas, sectores y pueblos.

Igualmente no hay anuncio de la Buena Nueva si ésta no pasa por la mediación (momento primero de toda teología) de las ciencias que descubren las dimensiones y mecanismos de las situaciones que albergan tal o cual opresión o discriminación. ¿De qué se va a liberar si no se tienen conciencia de que existe opresión y de las causas que la generan? Sólo una ignorancia cándida o consentida, acompañada de una complicidad más interesada que pasiva, puede explicar tanta Evangelización de hoy, insulsa y estéril.

Casaldáliga llama a las cosas por su nombre, las que sean, y en el lugar que sea.

El liberalismo es, por esencia, pecado

– “El imperialismo es pecado, porque es desviación, porque es negación de los pueblos. Así como cada persona es una imagen individual de Dios, también cada pueblo y cada cultura es una imagen colectiva de Dios. Como personas, como pueblos, como Iglesia tenemos el deber, no sólo el derecho, de defender las culturas,

la alteridad cultural, la identidad cultural”.

La gran blasfemia de nuestros días, la macroidolatría del mercado total

– “La blasfemia de nuestros días, la herejía suprema, que acaba siendo siempre idolatría, la macroidolatría del mercado total.

Ésta es la gran blasfemia de nuestros días, la herejía suprema, la gran idolatría consciente o inconsciente. Y es, puede ser, la omisión de la Iglesia, la insensibilidad de las religiones, frente a la macroinjusticia institucionalizada hoy en el neoliberalismo que, por esencia, es pecado, pecado mortal, asesino y suicida. Por esencia, digo, el neoliberalismo excluye la inmensa mayoría de la humanidad. Éste es el pecado del mundo, y puede ser el pecado de la Iglesia”.

El antidiós es el dinero

– “El capitalismo colonialista crea necesariamente dependencia y divide al mundo. El capitalismo es la culebra aquella primera, siempre astuta. Jesús dijo abiertamente que el antidiós es el dinero. Esto no es de ningún marxista, ni de ningún teólogo de la liberación. Esto es del Señor Jesús: hijo de Dios y de María de Nazaret. Realmente, el dinero es el pecado, el diablo, la muerte.

El precapitalismo, el capitalismo y el neocapitalismo ahora van a utilizar las estructuras de Gobierno que le interesen. Es un camaleón que sabe adaptarse muy bien a las diferentes circunstancias.

Hemos acabado con las dictaduras militares e incluso con los imperios. Ahora estamos en el mercado, en el neoliberalismo, en la democracia. El especialista Chomsky afirma que el mundo está estructurado en dos: una minoría, que son un 15 % y que son los que tienen derecho a vivir bien y el resto. Es indudable que el Tercer Mundo está en el resto”.

El capitalismo es intrínsecamente perverso

– “Creo que el capitalismo es intrínsecamente malo: porque es el egoísmo socialmente institucionalizado, la idolatría pública del lucro, el reconocimiento oficial de la explotación del hombre por el hombre, la esclavitud de los muchos al yugo del interés y la prosperidad de los pocos. Una cosa he entendido claramente con la vida: las derechas son reaccionarias por naturaleza, fanáticamente inmovilistas cuando se trata de salvaguardar el propio tajo, solidariamente interesadas en aquel Orden que es el bien... de la minoría de siempre”.

– “Conocemos las causas y los mecanismos. Hoy, sin contrincantes, el capitalismo neoliberal, que determina la exclusión de la inmensa mayoría y el privilegio de una minoría insensible. El Banco Mundial, el FMI y el GATT rigen omnipotentemente los procesos económicos y exigen que los Estados les presten cuentas.

Y, ¿a quién prestan cuentan el FMI, el Banco Mundial y el Gatt?”.

6. PAUTAS OPERATIVAS

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No basta con ver y juzgar, hay que actuar. Y hoy, cualquiera que pretenda presumir de credibilidad, debe acreditarse con hechos, no con palabras. Por eso, ante los dirigentes, políticos o no, cunde tanto escepticismo.

Si por algo resulta cautivante el lenguaje de Pedro es porque, tras él, hay toda una vida digna, coherente, libre, insobornable. A él le han tentado, desde circunstancias muy variadas, la vanidad del poder, el miedo, la persecución.

“Yo moriré de pie, como los árboles / Me matarán de pie”, ha escrito. Siempre lo he dicho: un obispo sin poder, sin economía, sin burocracia organizativa, ha sido capaz de poner en jaque a uno de los poderes políticos mayores de América. Él ha utilizado unas armas distintas, las que todos tenemos a nuestra disposición: la cultura. Sin cultura no subsiste ningún sistema.

Es la argamasa que lo cohesiona y legitima.

Y ahí, Pedro Casaldáliga, como Jesús de Nazaret, se siente poderoso y libre para meter la espada en el corazón del sistema: “Se nos está queriendo imponer una cultura única. Una macrocultura, que nos la pasan por la televisión, nos la pasan en la cama. En Brasil, en América Latina y en Europa el 70 o el 75 por cien de las películas son gringas, norteamericanas. Y yo digo que una macrocultura acaba siendo más asesina que muchas armas. Culturas impuestas, no sólo matan a los cuerpos, matan las almas, explosionan la salud de los pueblos”.

El Evangelio es fuego que quema nuestra tranquilidad

– "No podíamos ver todo eso con los brazos cruzados. Quien cree en Dios debe creer en la dignidad del hombre. Quien ama al Padre debe servir a los hermanos. El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca callada. Jesús dice en el Evangelio que Él nos juzgará el último día por lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más pobres y pequeños.

Es preciso gritar, actuar. Incluso con riesgo personal. Necesitamos más motivación, más mística: o sea, una mayor profundización de nuestra fe, más claras las ideas cristianas, un conocimiento mejor de la Biblia y de la Teología; también una buena visión política y económica. Necesitamos más oración. Una pasión mayor por el Reino. Una verdadera amistad con el Señor Jesús. Y mucha unión entre nosotros, hermanos.

Si eso falta, los problemas de la propia Iglesia y las dificultades de la vida nos desesperarán y acabaremos echándolo todo por la borda; huiremos de la lucha; nos acomodaremos, como tantos `al suave´ primero, y a lo `yo-no-quiero-saber-nada-denada´, después”.

Los cristianos debemos saber sembrar esperanzas, “esperanzados y esperanzadores” como decía el mártir Ellacuría.

1. Esperanza, pues, ¿quién dijo miedo si hay resurrección?

2. Responsabilidad. Todos somos corresponsables.

3. Misericordia. Cuando no podamos hacer nada más, podemos compadecer, podemos sembrar ternura. Con el principio de la ternura no se puede perder nunca.

4. Diálogo. Ya está visto que con las armas no vamos a resolver nada; no vamos a resolverlo con el dinero, lo estropeamos cada vez más; con el racismo y las exclusiones no lo vamos a resolver; con imperios de diferentes categorías o marcas no lo vamos a resolver. Entonces, nos encontramos como combatientes en una isla con un barco sólo. La isla y el barco son la tierra, que es el universo, que es la historia humana. Vamos a dialogar.

YO ME ATENGO A LO DICHO

Yo me atengo a lo dicho:

La justicia:

a pesar de la ley y la costumbre,