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Cristianismo de y en la fuente

Julio Román Koropeski Oberá - Misiones

Argentina

Hola,

Por casualidad encontré este lindo sitio para reflexionar y vivir de otro modo, que se propone hacer lo que otros no quieren o piensan que no es necesario dentro de la Iglesia católica y, sin embargo, como pude ver en uno de sus artículos, en relación a la CEE, parece que al mismo Espíritu Santo no se lo permite que sople donde quiere y como quiere y, empero, lo han encerrado en prejuicios y absolutizaciones sin poder ver las relacines de su actuación de otro modo y para el bien de toda la Iglesia.

La Iglesia necesita vivir un CRISTIANISMO DE LA FUENTE Y EN LA FUENTE.

La diversidad de vivir una única religión, que es el crisianismo, nunca fue fruto de algo diabólico ni es obra del pecado humano, sino que la unidad no se sustenta sin la diversidad y la diversidad sin la unidad. La unidad y la diversidad está presente en la Familia Trina y, por esta misma razón, los primeros cristianos sabían que el ideal de unidad de la iglesia no significaba estar bajo una sóla cabeza humana y la diversidad del cristianismo no era una herejía ni apostasía sino una verdadera comprensión y conversión en el Dios Uno y Trino. La diversidad, en el cristianismo, no es sinónimo de desviación, sino de acercamiento de su única fuente. Querer que el cristianismo sea "uno" implica haber dogmatizado uno o dos libros de la biblia desconociendo que la diversidad también es parte de la revelación de otros libros y de la misma esencia divina del Dios Trino.

Soy cristiano porque me distingo de um musulmán, budista, hindú, judío, y dentro del cristianismo como religión, existen espacios para vivir la unidad y la diversidad, es decir, por más que aparezca dividida esta religión, delante de su ideal de unidad está presente la diversidad, no divisiones y escisiones, es decir, los luteranos, católicos, ortodoxos, evangélicos, etc. son manifestación de la presencia constante del Espíritu Santo que me facilita entender a cada comunidad cristiana, católica y ortodoxa, luternana y evangélica o cualquier otra, no como meras divisiones y subdivisiones del cristianismo, sino que todas consitituyen una concreta y eficaz actuación del espíritu divino y, por tanto, ninguna comunidad reivindica tener completa posesión de la verdad acerca del Dios encarnado, sino que todas juntas, compartiendo se reconocen miembros de una única fuente: en el Dios manifestado por Jesucristo. Y si cada comunidad vive de diferente modo, incluso opuesto a otra, esto diversidad manifiesta la presencia constante de Cristo según la libertad del Espíritu que es constante acción y actuación no según la lógica humana de entender la unidad y la diversidad. Unas de las otras aprenden mejor a acercarse a Dios porque todas tienen como fuente la realidad histórica de Cristo. Todas están unidas en Jesucristo por medio de la actuación diferente del Espíritu Santo. El ideal de unidad, empero, no se comprendería correctamente si no se reconociera y se diera el espacio correspondiente a aquella actuación divina. El problema, empero, del cristianismo, no es la unidad, sino saber vivir la diversidad como unidad en la actuación del Espíritu Santo. En la Santisima Trinidad está la fuente de la unidad y de la diversidad de todos los cristianos y querer negar la diversidad es caer en el pecado de la simple unidad y viceversa. Unidad y diversidad, diversidad y unidad: ¡he aquí la verdadera relación de las diferentes confesiones cristianas que forman el cristianismo verdadero!

Ninguna religión cristiana posee la verdad completa, pues la Verdad posee a todas juntas una vez que no hay divisiones puramente humanas en su nombre. Y si el cristianismo es diverso, según el lugar que se implantó, esta diversidad y diferencia también es una acción de la presencia diferente del único Espíritu de Dios manifestado por Jesucristo. Que el cristianismo, entre sus diferentes confesiones, es diferente en casi todos sus aspectos, empero, no implica contradicción, división ni conflicto alguno, sino la presencia y actuación del Espíritu Santo que no es idéntica en todos y en todas las partes como falsamente creen todavía algunos falsos cristianos.

El modo de pensar y vivir diferente la actuación del Espíritu Santo es una riqueza para todo el cristianismo. La comunión entre todos los cristianos se realiza por la acción del Espíritu y la diferencia fundamental de convicciones no surge símplemente por causa de su fuente, sino porque su contexto cultural y social, personal y comunitario, en que se vive se manifiesta, inevitablemente, de modo diferente porque las experiencias de actuación e interpretación de Su presencia no son iguales y no deben ser.

La unidad y la diversidad del cristianismo, sus verdaderas razones, solamente se encuentran en la Familia Trina y fuera de ella solamente habrán divisiones, excisiones, contradicciones y conflictos que no manifiestan, de ningún modo, la esencia del cristianismo.

En relación a lo que dije, pueden consultar, si quieren, la revista Selecciones de Teología n.159 (2001) vol. 40, p.163-173 el artículo de Johnson, L.T., "Koinonía: diversidad y unidad en el cristianismo primitivo", que creo, también podría estar presente en Vuestra página.

Que la lucha de todos prosiga par el bien de toda la Iglesia aunque en ella ya se levantan voces que quieren hacer callar el grito de libertad de actuación del Espíritu divino.