SRI AUROBINDO
Enseñanzas
LO
QUE SOMOS, LO QUE SEREMOS
Hay otra dirección en la que la
práctica ordinaria del Yoga llega a una simplificación útil pero limitativa que
se niega al sadhaka del objetivo integral. La práctica del Yoga nos pone frente
a frente con la extraordinaria complejidad de nuestro ser, con la multiplicidad
estimulante pero también embarazosa de nuestra personalidad, la rica confusión
interminable de la Naturaleza. Para el hombre común que vive en su propia
vigilia superficial, ignorante de las profundidades y vastedades del yo detrás
del velo, su existencia psicológica es medianamente simple. Una pequeña pero
clamorosa compañía de deseos, algunos imperativos anhelos intelectuales y
estéticos, algunos gustos, unas pocas ideas rectoras o destacadas en medio de
un gran corriente de pensamientos inconexos, o mal conectados y en su mayoría
triviales, una cantidad de necesidades vitales más o menos imperativas,
alternancias de enfermedad y salud físicas, una sucesión dispersa e
inconsecuente de dichas y pesares, de frecuentes trastornos y vicisitudes
menores, y más raras y fuertes búsquedas y rebeldías mentales o corporales, y a
través de eso toda la Naturaleza, en parte con la ayuda de su pensamiento y
voluntad, en parte sin ellos o a pesar de ellos, disponiendo estas cosas en una
forma toscamente práctica, en un tolerable orden desordenado, este es el
material de su existencia. El ser humano común, en su existencia interior, es
tan burdo e indesarrollado como lo fue el pasado hombre primitivo en su vida
externa. Pero tan pronto profundizamos en nosotros mismos—y el Yoga significa
sumergirse en todas las múltiples profundidades del alma—, nos hallamos
subjetivamente, como el hombre en su evolución se descubrió objetivamente,
rodeados por un mundo totalmente complejo al que tenemos que conocer y
conquistar.
El descubrimiento más desconcertante es hallar que cada parte nuestra—intelecto, voluntad, mente sensoria, yo nervioso o del deseo, corazón y cuerpo—tiene su compleja individualidad y formación natural independientes del resto; no coincide consigo misma ni con las demás ni con el ego representativo que es la sombra lanzada por algún yo central y centralizador sobre nuestra ignorancia superficial. Descubrimos que estamos compuestos no por una sino por muchas personalidades y cada cual tiene sus propias exigencias y naturaleza diferente. Nuestro ser es un caos toscamente constituido en el que hemos de introducir el principio de un orden divino. Es más, descubrimos que también interiormente, no menos que exteriormente, no estamos solos en el mundo; la aguda separación de nuestro ego no fue nada más que una fuerte imposición e ilusión; en nosotros mismos no existimos, no vivimos en realidad aparte, en intimidad o soledad interiores. Nuestra mente es una maquina receptora, evolutiva y modificadora por la que, un instante tras otro, constantemente, fluye una incesante corriente extraña, una caudalosa masa de materiales separados, desde arriba, desde abajo y desde afuera. Mucho más de la mitad de nuestros pensamientos y sentimientos no nos pertenecen en el sentido de tomar forma de nosotros mismos; casi de nada puede decirse que sea verdaderamente original en cuanto a nuestra naturaleza. Gran parte llega a nosotros de los demás o del medio, como materia prima o manufacturas; pero aun en mayor medida proviene de la Naturaleza universal de aquí o de otros mundos y planos, y de sus seres, poderes e influencias; pues estamos superados y rodeados por otros planos de la conciencia, planos mentales, planos vitales, planos materiales sutiles, de los que se alimentan aquí nuestra vida y acción, somos alimentados, presionados, dominados y utilizados para la manifestación de sus formas y fuerzas. La dificultad de nuestra salvación separada es incrementada inmensamente por esta complejidad y múltiple apertura y sujeción a las desbordantes energías del universo. Hemos de tener en cuenta todo esto para encararlo, para conocer cual es la materia secreta de nuestra naturaleza y sus movimientos constitutivos y resultantes, y para crear en ella todo un centro divino y una armonía verdadera un orden luminoso.