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n aquel tiempo,
llamábase hadas a todas las mujeres que eran entendidas en encantamientos, que conocían las
virtudes de las palabras, de las piedras y de las hierbas y gracias a esta ciencia,
conservaban su juventud, belleza y riqueza a su antojo.
Todo esto comenzó en
tiempos de Merlín, el sabio adivino que conocía el pasado, el presente y el porvenir, aquel que podía hacer volar las piedras y
descubrir los grandes tesoros que se encuentran bajo tierra o en las profundidades marinas
y que mediante el poder de su magia levantaba, en cuestión de instantes, magníficos
palacios o fortalezas inexpugnables.
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