AUTOCONTROL

 

"Conserva la calma en las discusiones,

porque el apasionamiento puede convertir

el error en falta y la verdad en descortesía"

Incrementa nuestro sentimiento de frustración: Perder los nervios, gritarle a alguien, humillarle y hacerle sentirse mal consigo mismo, puede proporcionarnos de manera momentánea la satisfacción de habernos descargado, de haberle cantado las cuarenta e incluso llegar a proporcionarnos cierta dulce venganza. 

Sin embargo, no tardamos mucho en experimentar más pronto o más tarde una profunda decepción con nosotros mismos; a la vez que se produce una gran decepción y desconfianza de la otra persona hacia nosotros y si el hecho sucede con "cierta" frecuencia, termina por alejar a esa persona de nuestro lado.

La pérdida de control y el enfado son emociones muy contagiosas. De todos es sabido, que cuando te encolerizas, pones en tensión a la otra persona y por mucho temple o aguante que el otro tenga, es muy fácil que también llegue a perder el control. Son conductas que los hijos aprenden fácilmente de los padres, pocas cosas hacen más daño al niño que el descontrol y la intemperancia de sus padres. Se impone la calma como ejemplo.

Antes de erigirse en juez, la conciencia nos avisa como un amigo

Es la causa principal de separaciones y divorcios. La intemperancia, el descontrol y la falta de respeto mutuo, de celos, llegar tarde a casa, etc.

Los comportamientos humanos más detestables y perversos, se deben a la pérdida del control sobre sí mismo y al enfado, que se traducen fácilmente en conductas violentas en personas frustradas: malos tratos a niños, violaciones, robos, falsos testimonios, calumnias graves... una de las peores debilidades humanas es pegar e insultar a los hijos, mientras les gritamos con rostro iracundo y desencajado; frases humillantes que lesionan su autoestima, como: "eres un inútil", "me avergüenzo de ti", o "jamás llegarás a nada en la vida".

 Al obrar así, no sólo les causamos un grave daño psicológico, sino que les enseñamos a que sigan nuestro ejemplo con sus hermanos menores y otros niños, ahora, y con sus propios hijos, cuando sean adultos.

 

LA PACIENCIA, LA CALMA

la Paciencia es valor y ciencia que da sentido y coherencia a los actos humanos y hace posible  que actuemos con sentido común y reflexión. La Paciencia es la virtud de los verdaderamente fuertes y creadores, hermanada con la reflexión y la calma, es la cualidad más relevante en esas personas singulares cuya sola presencia transmite oleadas de tranquilidad, fuerza, serenidad, paz y sosiego al cuerpo y al espíritu.

 La Calma paciente y reflexiva se traduce en amor y generosidad, pues desde su claridad y quietud, todo lo comprende y explica. La calma irradia concordia, calor humano, ternura y serenidad; es el coraje, la fuerza callada y la fortaleza de no pocas personas sencillas que, quienes todavía viven en la etapa del  descontrol y la intemperancia, tienen por débiles. La calma educa por sí misma y fortalece el carácter de la persona, más que cualquier otro ejemplo.

Cómo mantener la Calma y evitar el Estrés

Sólo las personas maduras, dotadas de un 

gran temple y de fina responsabilidad, son 

capaces de mantenerse en calma y 

responder a las ofensas con buenas 

palabras. Superan las crispaciones y 

controlan la situación, sabiendo que la 

verdad siempre termina por abrirse camino 

y se basta y  sobra con su propia fuerza 

inconmovible de la serenidad.

Todo el que trate de ofenderte, 

culpabilizarte y hacerte sentir mal contigo 

mismo de manera habitual, no merece ni tu 

amistad, ni un minuto de tu tiempo. Sé 

inteligente y práctico e ignórale.

Siempre que sea posible, intenta no forzar

 tu cuerpo ni tu mente. Una persona

 relajada, descansada y serena, está cerca

 de la salud y de la felicidad.

 

El diálogo sereno es un buen equilibrador 

psicológico. Deja tiempo libre cada día para 

conversar con tus familiares y amigos, 

plácidamente, sin prisas.

Perdónate cada día por haber tenido fallos 

y equivocaciones. El hombre incrementa su 

paz interior y se equilibra en la medida en 

que se acepta a sí mismo y tiene paciencia 

con sus debilidades y miserias y con las de 

los demás.