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Los
valores no pueden imponerse por la fuerza y deben ser libremente
escogidos, aceptados y acogidos. Por eso, la única forma
correcta de educar en valores es sugerir, contagiar y arrastrar
con nuestro ejemplo y nuestra conducta.
<<Valores
como el respeto, la comprensión, la honradez, la generosidad,
la tolerancia, la solidaridad, la disciplina, el esfuerzo y el
espíritu de sacrificio, la acogida, la espiritualidad, la
familia, la fraternidad, la amistad, la actitud de servicio, la
bondad, la integridad, la alegría, el sentido del humor y la
esperanza, son especialmente estimables y necesarios en el mundo
de hoy y debemos hacerlos deseables para nuestros hijos>>.
Los
valores se viven, se comparten, se sugieren, pero jamás se
imponen con adoctrinamientos o como verdades irrefutables.
¡Si
es cierto que en estos momentos vivimos el más irrespirable
clima moral que la historia haya podido conocer! educar en
valores morales desde la familia (y desde al escuela) es la
tarea más acuciante, necesaria y salvadora que debemos afrontar
padres y educadores
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