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Sinceridad Autenticidad

"
Nadie es tan desgraciado como el que aspira a ser
alguien y algo distinto de
la persona que es en cuerpo y alma".
La
mayoría de problemas que aquejan a la persona hoy en día, están
motivados porque no se tiene un cuadro de referencia interno, una filosofía
de la vida, un ideal, una manera de ser que vaya en la misma línea de
nuestra conducta habitual. Se trata de llevar a la realidad de nuestra vida
diaria, el principio de una moral personalista que dice "Hemos de
acostumbrarnos a vivir como pensamos, pues de lo contrario acabaremos por
pensar como vivimos".
La
neurosis, el trastorno psíquico y mental de la persona, se instala allí,
donde hay una ruptura entre el ser y el deber ser.
Por
paradójico que pudiera parecer a primera vista, no es lo mismo sinceridad
que autenticidad. Se puede ser sincero, pero no auténtico. La autenticidad
va mucho más allá, tiene mayor profundidad y es de rango superior.
Sinceridad
es la adecuación entre lo que se piensa o se siente y lo que se dice.
Autenticidad
es la adecuación entre lo que se piensa, se dice y se hace lo que se debe
hacer..En definitiva, sólo seré auténtico cuando lo que piense, sienta y
diga corresponda a la realidad de mi deber ser.
Decir
la verdad es el camino más seguro para llegar a ser auténticos, para que
se dé una completa coherencia entre nuestras palabras y nuestras acciones.
Es un valor imprescindible que hemos de cultivar todos los padres y
educadores. No adelantaremos un sólo paso en nuestro quehacer educativo, si
el hijo o alumno percibe doblez, falsedad o fingimiento en lo que decimos o
hacemos.
Cuando
decimos y hacemos lo contrario de lo que pensamos, abrimos un abismo entre
nosotros y la parte más noble que nos mantiene, nuestra propia mismidad,
entre nosotros y aquellos que confiaban hallar en nuestra conducta un
modelo para imitar su propio "deber ser", su cuadro de referencia
interno. Recordemos siempre que la sinceridad es el arma de todo diálogo.
Cada
persona es Única
Y
tiene derecho a ser respetado en su originalidad. Existe una especie de
fobia a ser considerado diferente, como si fuéramos un bicho raro. Por eso,
muchos se empeñan en pasar desapercibidos, en no destacar, reprimiendo con
frecuencia muchas posibilidades de autorrealización.
No
hay peor injusticia que la de tratar por igual lo que de por sí, es
diferente. Por tal razón no podemos entender la educación en masa, sería
una educación aberrante, pues no educamos borregos, sino personas. Es un
principio de la educación fundamental, ser fiel a la individualidad
de cada persona. Cuando no aceptamos al individuo tal como
es, y le
ponemos condiciones en nuestra estima, le estamos forzando a traicionarse a
sí mismo, a ponerse la máscara de la imagen ficticia, la imagen
"social" de lo que "debe ser" que oculta muchas veces la
imagen real de su yo, más profundo.
Cuando
esa "imagen social", convencionalmente asumida, y la "imagen
originaria" que cada uno lleva consigo no coinciden, aparece la
in autenticidad y, por consiguiente, la amenaza de la neurosis. El individuo
ha perdido al niño-hombre que llevaba dentro por la falsa promesa de las
expectativas que otros le ofrecían.
Para Fomentar la
Autenticidad
Clarificar bien las ideas
de los niños. Marcar unas directrices muy concretas a nuestros hijos, para
que sepan a qué atenerse y no mandarles nunca cosas que no son razonables.
Que haya siempre
coherencia entre lo que exigimos a nuestros hijos y nuestra conducta y
manera de vivir.
Exigir el cumplimiento de la
palabra dada. Que nuestra forma de actuar y proceder les sirva como ejemplo.
Al comprometer nuestra palabra, nos comprometemos a nosotros mismos.
Convencer al niño de que es
más ventajoso decir siempre la verdad. La paz y la tranquilidad que se
siente interiormente por haber sido fiel a uno mismo. Al tiempo, que debemos
alabar su sinceridad mostrándonos orgullosos todas las veces que sea
necesario.
Cuando el niño mienta para
librarse de burlas y críticas, en lugar de reprocharle su mala acción y
ridiculizarle, ofrezcámosle alguna alternativa para tener éxito en lo que
haga. Hay que asegurarle que a su sinceridad seguirá siempre nuestro
respeto y ayuda.
Procuremos que la sinceridad,
el proceder auténtico, se vuelva rentable para el niño. Falta confesada y
reconocida es falta perdonada. Permitir la equivocación y dar tiempo para
la corrección.
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