Iron
Maiden en Fort Lauderdale
Por:
Joel Barrios
Méndez
La verdad es que es la primera
vez que me siento a escribir
algo para describir una experiencia,
y no sé por dónde
comenzar y qué adjetivos
usar. No creo que nada de
lo que yo les diga les pueda
dar la medida de lo que vivimos
anoche en ese concierto, pero
de todas maneras aquí
les va nuestra experiencia
lo más detallada posible.
Salimos en el carro para Fort
Lauderdale alrededor de las
6 menos 10 de la tarde, para
poder llegar sin contratiempos.
Durante todo el camino íbamos
escuchando música de
la recopilación de
Iron Maiden que se llama Somewhere
Back In Time, para que Yurian
se familiarizara más
con los temas de la banda.
El lugar del concierto, un
anfiteatro techado con capacidad
para 12 000 personas se encuentra
a unos 25 minutos de la casa,
a unas 60 millas por hora
de velocidad a través
de la Interestatal 75. Llegamos
in problema, y desde que nos
aproximamos a la entrada del
parqueo divisamos carteles
lumínicos indicando
la ruta para parquear. El
parqueo nos costó 20
dólares, lo cual no
nos sorprendió, sino
que nos alegró porque
era una manera segura de dejar
el carro sin temer un contratiempo.
El parqueo del lugar es inmenso,
como podrán ver en
las fotos que mandaré
después. Desde que
nos bajamos del carro enseguida
nos dimos cuenta del ambiente
de la gente que acudía
al lugar. Las personas estaban
sentadas en sus carros, con
música de Iron Maiden
puesta a todo volumen, tomando
cerveza y la gran mayoría
vistiendo un sinnúmero
de T-Shirts diferentes de
la banda, con todos los diseños
imaginables. Nos acercamos
a la entrada y nos tomamos
unas fotos cerca de una camioneta
de la conocida emisora de
rock de la Florida 93ROCK.
Las puertas estaban aún
cerradas y la multitud afuera
se alistaba en hileras esperando
el momento de entrar. Estábamos
muy nerviosos y excitados,
pero muy contentos de estar
allí.
Las
puertas se abrieron a las
7:10 y enseguida la multitud
gritó y vitoreó
de lo lindo. Yo me metí
al cámara en el bolsillo
del jeans con un poco de temor
de que no me la dejaran entrar,
pero pasamos por el control
de seguridad sin problemas.
Inmediatamente que entramos
vimos a nuestra izquierda
un mostrador gigante donde
estaban vendiendo de todo
del grupo: póster,
T-Shirts, jarras, camisas,
etc. La gente se agolpaba
a comprar algo que les recordara
el concierto. Pero nosotros
no íbamos a esperar
tanto (pensábamos que
el concierto estaría
a punto de comenzar y no queríamos
perdernos un segundo) y lo
que hicimos fue ir cada uno
respectivamente a orinar y
después comprarnos
una cerveza (Una cerveza Corona
gigante, en un vaso plástico
que me costó 12 dólares,
por poco me da una cosa cuando
la mujer me dijo: twelve dollars).
Pero bueno, ya estábamos
ahí y dijimos: al carajo,
a un gustazo, un trancazo.
Subimos un par de pisos por
las escaleras rodantes, y
entramos en la sección
302, que era donde teníamos
los tickets. Eso es en un
nivel como de un tercer piso
del suelo, en la primera fila
a la derecha del escenario,
muy cerca de una pantalla
gigantesca. El escenario estaba
como a unos 30 ó 35
metros. Yo hubiera querido
haber comprado más
abajo y más cerca del
stage, pero al ir con Yurian
no la quería someter
a la experiencia de que la
empujaran o algo así.
De cualquier manera desde
donde estábamos sentados
se veía todo a la perfección.
El anfiteatro es impresionante
en su tamaño y desde
que entramos había
música puesta, por
supuesto rock n' roll de una
emisora de audio. Saqué
la cámara y tomé
algunas fotos que ya verán.
En
la parte central del escenario
desde arriba colgaba una tela
con la imagen de la portada
de una muchacha y se leía:
Lauren Harris. Me pregunté
si ese apellido tendría
relación con Steve
Harris. Pronto lo averigué
por mí mismo. Unos
20 minutos se apagaron las
luces principales, se encendió
el stage y salieron al escenario
1 baterista, 1 bajista, 1
guitarrista con un look muy
parecido a Zakk Wylde y la
muchacha del afiche: la hija
de Steve Harris. Tocaron unos
6 temas promocionando su primer
disco, de un heavy metal un
poco verde pero bastante coherente,
y ella con una voz muy buena
y buen desempeño en
el escenario. El público
respondió muy bien,
ya para ese entonces el anfiteatro
estaba lleno en un 70%. Terminaron
y agradecieron a Iron Maiden
y sus managers la oportunidad
de girar con ellos como banda
acompañante. Nada,
que el rock n' roll va en
la sangre de esa familia.
Ya
estábamos impacientes.
Eran las 9:10 de la noche
y ni rastro de Iron Maiden.
Los utileros desarmaron el
escenario donde había
tocado la chica y levantaron
la alfombra y bajo esta había
un piso con los logotipos
piramidales del POWERSLAVE.
Buena señal. Pero de
nuevo comenzó la música
indirecta y Yurian aprovechó
para ir al baño. Ya
alrededor nuestro estaban
todos los asientos ocupados,
lo mismo por tembas de 40
y pico o 50 años que
por muchachos jóvenes.
En ese momento mirando para
el escenario vi en un extremo
aparecer a Janick Gers con
la guitarra al hombro y a
Nicko McBrain conversando
con unos roadies. O sea, ya
los tipos estaban ahí
Y de repente sin previo aviso
empezó a sonar Doctor,
Doctor, el tema de U.F.O.,
pero con un sonido diferente,
más denso y compacto.
Eso duró como un par
de minutos e inmediatamente
el tema se convirtió
en TRANSILVANIA la instrumental
del primer disco del grupo.
Se apagaron las luces y el
público gritó
y gritó. Se encendieron
las pantallas y comenzaron
a pasar imágenes de
la llegada de Iron Maiden
en su Boeing 767 particular,
llamado ED FORCE ONE a Fort
Lauderdale. El público
gritó más aún.
Y a continuación comenzaron
a sonar las notas del famoso
discurso de Churchill preludio
al comienzo de Aces High.
La gente alucinó. Se
encendieron las luces, las
llamaradas subieron al techo,
los fuegos artificiales estallaron
y la banda salió atronando
al escenario con los acordes
de ACES HIGH.
Aquello
parecía un infierno.
La gente gritaba, lloraba
y la música se colaba
por cada rincón del
escenario y te aturdía
los sentidos. Parecía
que estabas en un sueño
irreal de ver a aquellos 6
tipos que conocías
tan bien casi al alcance de
tus manos. ACES HIGH se esfumó
en un abrir y cerrar de ojos
e inmediatamente empezó
WRATHCHILD. Las luces cambiaban
de color, Bruce Dickinson
corría por todo el
escenario, decorado al estilo
egipcio con momias en las
esquinas y cada vez que se
acababa una canción
cambiaban el tapiz de fondo
del escenario por otro alegórico
al tema que empezaba. Se veía
a los músicos disfrutando
de lo lindo y a gente vitoreando
y cantando las canciones.
Yo estaba en la luna, cantando
y saltando, y hasta Yurian
igual. A nuestra derecha había
un muchacho joven, que nos
recordó a Mesa, porque
se quitó la camisa
y estuvo todo el show imitando
como si tocara una guitarra
y meneando la cabeza, y fumando
sin parar. La última
nota de WRATHCHILD fue el
comienzo de TWO MINUTES TO
MIDNIGHT, con las imagénes
en las pantallas de la gira
del LIVE AFTER DEATH y con
un Janick Gers indetenible
que no paró de correr,
tirar la guitarra por los
aires y brincar durante todo
el show. Se acabó el
tema y Dickinson habló.
Agradeció al público,
recordó que era la
primera vez en 13 año
que venían a La Florida
e incluso se asombró
cuando las luces iluminaron
el anfiteatro y se percató
que estaba lleno a no dar
más. Dijo que era impresionante
que se hubieran vendido todos
los tickets y que era el último
show de la gira y que ellos
iban a hacerlo especial. Y
no mintió.
Según
sus propias palabras la canción
siguiente no la tocaban hacía
mucho tiempo. Y empezó
a sonar CHILDREN OF THE DAMNED.
Imagínense al público
que cantaba y la gente de
la primera fila que saltaban
al frente del escenario para
ser contenidos por los guardias
de seguridad. Ya para ese
entonces yo estaba afónico
de tanto gritar y cantar.
Las luces cambiaban de color
y daban una apariencia surrealista
al lugar y a los rostros de
la gente. Terminando el tema
arrancaron con PHANTOM OF
THE OPERA. Smith empezó
a tener problemas con su guitarra
y desapareció del escenario
por unos dos minutos, pero
eso no afectó en nada
es sonido monstruoso de la
banda. Bruce Dickinson se
encaramó en un nivel
superior del escenario y desapareció
para aparecer con una chamarra
roja de soldado británico
y una bandera inglesa al mismo
tiempo que la banda arrancaba
con THE TROOPER. Dickinson
corría y saltaba ondeando
la bandera con una mano y
con micrófono en la
otra, y su voz dominaba incluso
el sonido espectacular de
sus compañeros. Sudaba
pero se movía sin detenerse
un instante, al igual que
Janick Gers y Steve Harris.
Dave Murray por su lado estaba
más estático
y Smith le acompañaba
la mayoría de las veces
como los viejos amigos. Se
apagaron las luces, se encendieron
otras de otro color y sonó
WASTED YEARS. La respuesta
de la audiencia fue increíble,
casi apagaron con sus vítores
los primero acordes del tema.
Smith se cogió el tema
para él solo y tocó
todos los solos, al tiempo
que Harris y Janick hacían
coros con Bruce. McBrain se
paró en la batería
al final del tema y lanzó
las baquetas al público.
Segundo
impass. Bruce Dickinson habló
de nuevo, esta vez sobre la
naturaleza y un viejo tema.
La gente empezó a gritar
el nombre del tema. Dickinson
se sorprendió y dijo
que la audiencia era muy culta
y dijo que el tema estaba
basado en un poema de un escritor
inglés llamado Samuel
Taylor... y la gente coreó
el apellido al unísono:
Coleridge!!!!. El cantante
se sonrió y desapareció.
Al instante arrancó
THE RIME OF THE ANCIENT MARINER.
Dickinson apareció
el lo alto, disfrazado con
una capa negra y una máscara.
La música sonaba como
en 1 CD o un DVD, sin un acorde
fuera de lugar y Dickinson
gritaba los tonos altos que
parecía que iba a dejar
la garganta. Cuando el tema
bajó el tono le susurré
a Yurian al oído: en
los conciertos viejos acostumbraban
a meter humo en el escenario
en esta parte cuando empiezan
los sonidos del barco. Y acabando
de decir esto empezó
el humo a aparecer, subiendo
desde el piso. Nos echamos
a reír y en ese momento
me dí cuenta que me
sentía como si me hubiera
transportado en el tiempo
a mediados de los años
80. El tema siguió
su curso y el humo cubrió
al público de las primeras
filas, pero inmediatamente
que sonó el último
acorde, el humo desapareció
como absorbido por el piso
desde donde había salido.
Las
luces se apagaron por 30 segundos,
y cuando se encendieron de
nuevo el stage había
cambiado. Dos estatuas gigantes
del Dios Anubis aparecieron
a ambos lados y la banda comenzó
a tocar POWERSLAVE, uno de
mis temas favoritos de siempre.
Ya me dolían los pies
y estaba sudando como si hubiera
corrido y Yurian se había
sentado pues ya estaba cansada,
pero yo seguí cantando
al ritmo de la canción.
Se terminó el tema
y si parar empezó RUN
TO THE HILLS. La audiencia
saltaba, Harris simulaba ametrallar
al público con el bajo
y Dickinson corría
del extremo izquierdo al extremo
derecho del escenario superior
enfilando el micrófono
hacia la gente, que coreaba
y cantaba en un éxtasis
total. Se terminó la
canción, se puso todo
oscuro, se encendieron unas
luces violetas y blancas que
cambiaban de color e iluminaban
al público con un tono
sepulcral y las notas de FEAR
OF THE DARK empezaron a filtrarse
por todos lados. Por la mitad
del tema Janick Gers paró
de tocar y empezó a
desenredar el cable de su
guitarra, que de tanto correr
estaba más que torcido,
pero la banda jamás
se detuvo y mucha gente ni
se percató. Siguieron
con HALLOWED BE THY NAME,
el cual el público
coreó en casi su totalidad.
El muchacho a mi derecha no
paraba de cabecear y parecía
que se fuera a caer de cabeza
para el nivel inferior en
cualquier momento. Con el
último acorde del tema
los fuegos artificiales iluminaron
el escenario en su totalidad
y comenzó una de las
canciones más viejas
de la banda: IRON MAIDEN.
El lienzo del fondo del escenario
cayó y dejó
al descubierto una imagen
momificada del Eddie sentado
en un trono egipcio, que a
los 2 minutos se abrió
para dejar salir a un Eddie
gigante, que asomó
el torso por encima de segundo
nivel del stage lleno de vendas
de momias. La audiencia pareció
volverse loca, y con el último
acorde el Eddie vomitó
fuego por los ojos, al mismo
tiempo que todas las luces
explotaban y los guitarristas
exprimían las guitarras
arrancando acordes imposibles.
Bruce Dickinson agradeció
al público y dio las
buenas noches y la banda se
esfumó, apagándose
las luces. Pero la gente no
estaba dispuesta a que el
show se terminada así,
y siguieron vitoreando y coreando
el nombre del grupo. Yurian
me dijo: ya se acabó,
caramba si ahora es cuando
más embullada estoy
y no quiero que se termine.
Yo le respondí: espera
que de seguro hay mas. Y no
me equivoqué.
De
repente se encendieron unas
luces mortecinas y se pudo
ver a un Satanás con
figura de chivo en un extremo
del stage que despedía
fuego por los ojos. Comenzaron
los conocidos versos del Apocalipsis
previos a THE NUMBER OF THE
BEAST, y cuando entraron las
tres guitarras unas llamaradas
gigantescas se elevaron desde
unos 10 puntos del escenario
casi hasta el techo del anfiteatro.
No exagero si les digo que
sentimos el calor en nuestros
rostros cada vez que el fuego
salía del piso, simulando
las llamas de infierno. La
gente había "cargado
las pilas" en esos minutos
de calma y de nuevo gritaba
sin detenerse mientras los
músicos tocaban como
si fuera el primer tema de
la noche en lugar del decimotercero.
Con las últimas notas
de la canción las luces
cambiaron, el tapiz del fondo
mostró a un Eddie congelado
en medio de los hielos y empezó
THE EVIL THAT MEN DO. Era
el primer tema de ese disco
y al parecer la audiencia
estaba esperando algo de ese
año, pues prácticamente
fue el público quien
cantó en lugar de ser
Dickinson, que se sentó
a mediados del tema y cantó
un pedazo sentado, haciendo
alarde de su dominio vocal.
E inmediatamente si arrancó
el tema que cerraría
el show SANCTUARY. La banda
desplegó en esa canción
toda la energía imaginable
y por la mitad del tema la
música paró
y Bruce agradeció al
público por su respuesta,
les aseguró que no
esperaban tal apoyo y que
cuando comenzaran la nueva
gira mundial, después
de salir el nuevo disco, que
estaba programada para finales
del 2010, de seguro regresarían
a Fort Lauderdale. Presentó
de manera formal a los músicos
de la banda, cosa completamente
innecesaria para todo el que
estaba allí, y nuevamente
dijo gracias. Con la última
palabra salida de sus labios
el tema arrancó de
nuevo y un Eddie robótico
de la altura de dos hombres
apareció caminando
con una pistola gigantesca
en la mano y se mezcló
con los músicos para
dar un toque más a
una escenificación
que ya había cumplido
todas las expectativas. Janick
Gers se metió debajo
de las piernas del Eddie para
tocar la última parte
y la canción concluyó
en un éxtasis final,
con todos los guitarristas
reunidos al lado de Steve
Harris haciendo un ruido infernal.
Se apagó el escenario,
se encendieron la luces superiores
y la banda lanzó al
público las uñas,
las sudaderas, las baquetas
de la batería y se
despidieron con una reverencia
bajo una lluvia atronadora
de aplausos. Nos pareció
despertarnos de una ensoñación,
y durante todo el camino de
regreso nos parecía
estar aún en el lugar
y en los oídos llevábamos
aún sonando la música
del grupo. Ha sido una experiencia
indescriptible para nosotros.
Un súper abrazo para
todos ustedes, mis amigos
musicales.