Principal 

 
 

 “La literatura es para un grupo selecto”

Róger E. Antón-Fabián

[Perú – Domingo, 04 de febrero del 2007]

 

Entrevista por César Quispe Ramírez

 

Observar  a Róger E. Antón-Fabián es mirar el otro lado de la vida inflexible que le toca vivir a un joven escriba, es introducirse en lo más hondo y visceral, para salir prendido de un cuento que él bien sabe fabricar, con esa paciencia y perseverancia que lleva clavada en los ojos. No ha publicado aún ninguna obra; pero sí ha leído un sinfín de libros que lo llevaron a coronarse con los Juegos Florales de la Universidad de San Marcos entre otros premios. Su vida agitada transita en Lima, la horrible, porque ella le dio esa libertad que no encontró en su querido puerto de Chimbote. Aquí escarbamos un poco del mundo, ideas y sueños de aquel niño que un día corría a vender peces saltarines atrapados en las cuestas del río Lacramarca a los vecinos, y, que hoy nos deja con la sensación que aún tiene mucho qué decir...

 

¿Qué es para ti, Róger Edgard, la literatura?

Es una forma de vida, mi estimado César, es pasión y entrega; es adecuar la propia vida al quehacer literario, lo cual puede traer cientos, miles de penurias al escriba o a quién se embarque en algún proyecto literario de verdad, esa ambición perentoria de querer ser escritor, porque  entre otras cosas puede caer en una suerte de vanagloria, de engaño, de sadomasoquismo, de esclavitud feliz y demás...

 

Sabemos que después de estudiar varios años Ingeniería en Energía en la UNS, haces un salto cualitativo y eliges seguir la carrera de Filosofía y Letras en San Marcos, ¿por qué ese cambio?

Bueno, como Ernesto Sábato que “dejó” la ciencia, la física, para abordar el tema literario; quizá fue producto de ese gran vacío que experimentaba al cursar la carrera de Ingeniería, que no se debía a la carrera sino estrictamente a mí mismo. Un día cayó en mis manos ese gran libro, no he vuelto a releerlo por temor: ya decían que inducía al suicidio, pero me abrió un mundo inconmensurable La Nausea de Jean Paúl Sartre. Aquel libro genial por otra parte partió mi vida en dos…

 

  

 

 

 

 

 ¿Cuándo Róger Antón-Fabián se da cuenta de que puede ser un escritor?

[Ríe] No me siento un escritor en absoluto, soy más bien un diletante casi irresponsable.  [Risas] No, ya más bien hablando en serio, creo ser un producto de una suerte de mezcla casi familiar: los relatos y cuentos de mi abuela Juana Hurtado quien me solía contar cientos de cuentitos, mitos y leyendas a toda hora; cierta influencia poética de estricta procedencia materna, y, musical por Eleuterio Fabián H., mi tío materno, músico, amante y además poeta y suicida… y otras circunstancias propias las cuales –estoy convencido– influyeron para mi primera perspectiva de la vida, que es la que cuenta…

 

¿Qué te dio el estudiar Filosofía en San Marcos?

Quizá algún uso práctico de cierto bagaje cultural, una perspectiva de vida, tal vez amplitud, definición de un punto de vista más analítico y crítico ante la realidad de las cosas dentro de algún contexto ya sea tanto en lo político, filosófico o literario entre otros; pero sobre todo la gran lección fue de ese contacto con la gente nueva, con amistades, con amigos que conocí, entrañables y afectuosos para siempre, ese gran aprendizaje y aquellas vivencias, tantas, que experimenté con ellos. Sólo en San Marcos, por ejemplo, encontré en la Residencia, el Perú. El Perú era Lima, ésta San Marcos, ésta su Residencia, y desde mi habitación de residente en la Universidad miraba, amaba además, volvía a amar y tenía contacto con casi casi todo el Perú...

 

Los Juegos Florales en la Universidad San Marcos, generalmente lo gana un estudiante de literatura pura; pero tú ganaste ese premio, siendo estudiante de filosofía, ¿Qué ocurrió cuando se enteraron de que eras el ganador?

Uff, caray, eso fue anecdótico, cuando vivía en la Residencia, mis compañeros siempre hacían cierta algarabía, pero un buen día se fueron de vacaciones y logré quedarme solo. Claro yo repetía lo que había dicho Faulkner sino pregúntale a Gabo: “me gustaría vivir en un prostíbulo, porque de noche hacen bulla y en el día hay silencio para escribir”. [Risas] De esa mañana tranquila surgió esa libertad y ese cuento “El Paraíso Recuperado”. Bueno sencillamente cuando se enteraron los estudiantes de Literatura, algunos lo rechazaron y hubo ciertas polémicas por lo mismo. Mis amigos me quisieron más, me celebraron, me pasearon en hombros por la Facultad de Letras, la tuna de la Universidad me dio un recital, la Municipalidad de Chimbote una condecoración, invitaciones a conferencias y presentaciones, las mujeres me mimaron y amaron más, los enemigos me odiaron más pero sólo a media voz y sinceramente yo no esperaba sino una mención honrosa. Y sin duda, tengo que decirlo, aquél premio se lo debo a mi maestro Antonio Gálvez Ronceros, a quien por lo demás de mi aprendizaje literario le debo mucho mucho más…

 

¿De qué te vales para elaborar un cuento?

Bueno, entre otras cosas, mi estimado César, reúno cierto material, visito el lugar donde se desarrollará; me imagino los personajes, teniendo en cuenta su modo de hablar, quizá cierta tristeza o alegría; luego llegada la hora de la verdad: escribo, corrijo, lo arrullo para que duerma y sueñe; y, luego lo reescribo. Pero mientras no esté publicado puedo seguir el proceso interminablemente…

 

¿Uno te ve como un escritor marginal, te sientes así? ¿El escritor puede alcanzar un cambio en la sociedad? ¿Cuáles son tus escritores preferidos?

No, sencillamente como lo dije con anterioridad no me considero escritor. No pertenezco a ninguna generación de escribas, sólo escribo. Ahora, quizá se pueda alcanzar cambios sociales a nivel de escritura –es polémico si se consigue o no– exponiendo ideas en ensayos, pocas veces en una novela, poesía o cuento. Aunque hay variantes y diferentes concepciones, uno puede decir lo que piensa de la humanidad, y hasta haber perdido la esperanza de la misma pero no creo que se deje de quererla, y por eso se escribe.

¿Escritores? Muchos: Conrad, Mansfield, Kipling, Cabrera Infante, algunos anónimos entre otros muchos muchos otros. La pregunta se repite; es ociosa y algo injusta. Cada escritor, cada uno, tiene lo suyo. No hay preferidos.

 

¿Cómo observas la joven literatura chimbotana?

Me parece que actualmente se está formando una buena concepción, pero no hay que olvidar la experiencia vital y la medida con las obras de los más grandes maestros de la literatura universal. Hace poco alguien, una poeta dilecta en una entrevista decía que había leído la obra completa de Pessoa; eso no se vio nunca y pues me alegra muchísimo que hoy sí. Ahora respecto a los escritores chimbotanos de algún modo los conozco a todos, absolutamente a todos, los he leído, he conversado con ellos, me he tomado algunas copas con ellos. Me parece interesantísimas las publicaciones que hacen y tengo en cada uno un amigo.  No sabes cuánto se aprende a ser chimbotano, a querer la ciudad, a añorar a las amistades estando fuera de Chimbote, y, con los años el puerto se convierte sólo en los amigos que uno tiene y que a veces están regados por el mundo; y, claro ya uno entra en el recuerdo, la nostalgia y la añoranza ...

 

¿Es correcto que todo escritor de provincia debe de buscar la universalidad en lo que escribe? ¿Qué opinas?

Sin duda, aquello lo aseveraba Tolstoï, el gran maestro ruso que hacía rabiar a la pobre Sonia aún en sus últimos días de vida por el amor desmedido hacia la literatura. A un innegable nivel puede ser cierto, todo trabajo debe de tener esa perspectiva de la universalidad; y ésta es posible de lograrla desde la descripción de su propia aldea como lo hicieron Tolstoy, Walcott o Jorge Amado entre tantos. Ahora, no sólo ello, sino entre otras cosas la lectura y relectura de las grandes obras universales es de mucha importancia, pero siempre hay que exigir el rigor, abordar otras materias; trabajar bordeando la fatiga y volver a los inicios siempre…

 

Para todo joven que quiere embarcarse en este mundo literario, ¿qué exhortación le darías?

Ninguna, que sólo escriba y persevere, si quiere ser escritor, lo será. Sólo que recuerde que asumir la literatura de verdad le puede traer tantos sinsabores como penas. Tendrá que luchar encarnizadamente, una lucha constante incluso con su propia familia, con su mujer, pero sobre todo consigo mismo, con la palabra y la vida; porque la realidad es ruda y se puede encontrar con una sociedad que quizá no lo lea; donde se malentiende el sentido del escritor y muchos adoran al “escriba mediático”, lo cual desentona con el concepto del escritor de raza; además que quizá se tenga en cuenta que la literatura podría ser para un grupo estrictamente selecto. Segundo, constancia y perseverancia. Cuando se quiere alcanzar cualquier logro en la vida, pues aquello se reitera en lo tercero y lo cuarto hasta el infinito…

 

¿Qué se puede hacer con la sociedad que no lee, en especial con los jóvenes y niños?

Bueno, todas las instituciones públicas y privadas se rigen por una estrategia; creo que es tiempo que sea revertida en un proyecto de reforzar la lecto-escritura en los niños que son la base de tener en el futuro un gran lector y un defensor de su entorno social y cultural. El gobierno peruano ahora está implementando el Plan Lector que ya ha tenido éxito en otras naciones a fin de mejorar nuestra comprensión de textos; ésa es una muy buena alternativa donde saldría ganando el lector y el escritor. Además creo que hay que adecuarse a la globalización y sus adelantos tecnológicos lo que nos conlleva a replantear y mejorar nuestro aprendizaje constantemente…

 

¿Te preocupa el no publicar? ¿No eres escritor pero escribes?

No, todo tiene su tiempo, me preocuparía el haber publicado antes de lo debido, muy precipitadamente. Suerte de fanático de la corrección lo que sí hago de cuando en cuando es corregir algunos escritos. He visto tantas publicaciones de amigos que luego de pasada la algarabía de la misma han adquirido la conciencia de que no debían hacerlo…un arrepentimiento y pesar de por vida, un cargo de conciencia. Libros que morían en la tercera página para renacer en la cuarenta y cinco y volver a morir en la siguiente con el cierre del libro. Paciencia es la palabra, César, hay que tener paciencia. Ahora, sí, escribo algo, estoy trabajando hace años una novela sobre las aventuras de Juan Santos Atahualpa, un libro de crónicas periodísticas, varios libros de ensayos, y algunos cuentos y demás, por ejemplo llevo escrito como aconsejaba Nietzsche casi sin proponérmelo gran parte de mis días en un diario personal hace como tres siglos…en ese sentido soy un “escritor” diarístico-sentimental…

 

***

 

Principal