Irlanda
James O'Connor
Algo pobre la representación irlandesa, en
la cual se dio cita una mezcla de sabores a cerveza, prados verdes, lluvia y
tradiciones. Poco más que destacar.
James O'Connor
Algo pobre la representación irlandesa, en
la cual se dio cita una mezcla de sabores a cerveza, prados verdes, lluvia y
tradiciones. Poco más que destacar.
M. Bohdan Paczowski, Paul Fritshc
El inicio de la visita era un ascensor que elevaba a
la planta más alta para ir bajando desde allí en una rampa a modo de hélice. Sus
contenidos estaban dotados de un amplio valor social y cultural. El pabellón
fue concebido como efímero y fue derribado al termino de la Muestra.
Moche Zwart, Fred Temme, Rein Jansha
Su recorrido se centraba en los paisajes, los
productos de la tierra y esa nueva entrada en el arte que tiene su base en el surrealismo
europeísta (que no europeo). La fachada exterior era una especie de tela o malla
metálica translúcida.
Driesen / Meersman / Thomaes
Al igual que los otros integrantes del Benelux, su contenido era un
derroche de imaginación, cuyo principal guía era el famoso personaje de comics Tintín.
Impresionó su interior, pues la estructura externa no era más que una cáscara que
envolvía las originales salas expositivas, las cuales realmente eran contenedores
habitualmente empleados durante la construcción de edificios. Tras algún que otro
inquilino, el edificio fue desmantelado en 2002, sufriendo un aparatoso incendio durante
los trabajos.
Jean Paul Viguier, Jean Françoise Jodry et Associes, Françoise Seigneiur
Fue una de las
estrellas de la Expo. Las maquetas de las principales ciudades del país, el famoso
"Pozo de las imágenes", las vistas desde la terraza, el restaurante
"Biarritz" o un desfile de moda consiguieron que este pabellón no pasase
desapercibido a pesar de las horas de colas. Todo un éxito.
Manuel Graça Dias, Egas José Vieira
Fue un pabellón tan completo que hasta incluía la
colonia de Macao. Era sencillo, directo, sin poesías visuales ni invenciones extrañas.
Se trataba, simplemente, de una verdadera representación de lo que Expo'92 pretendía:
encuentro y exposición. Portugal lo hizo muy bien.
Gae Aulenti, Pier L. Spadolini
El famoso "Palazzo" ha estuvo olvidado
durante cierto tiempo, aunque afortunadamente hoy día es un gran centro donde se
congregan decenas de pequeñas y medianas empresas. Es un país con inagotables fuentes
para exponer; será por este motivo el tamaño del pabellón. Arte, diseño, progreso,
economía,... Italia no se dejó nada en el tintero: cristal de Murano, aprendizaje sobre
volcanes y, por supuesto, la época renacentista.
Mariano Villalonga, Luís Leirado
A modo de Partenón, un pequeño pabellón mostraba la
relación de Grecia y el mar, principalmente, los descubrimientos en este campo.
Poseidón, embarcaciones, mitología,... fueron escasos. Grecia pudo hacer más.
Jan Sondergaard
Decepcionante
la representación danesa. Un espectáculo cinematográfico de cuatro pantallas en el que
había que tumbarse boca arriba para poder visualizarlo provocaba un molesto dolor de
cervicales para los poco avispados que no llegaban a coger una almohada. Aparte de la
cafetería, lo que verdaderamente mereció la pena fue el pabellón en sí, muy innovador
en sus líneas pero difícilmente aprovechable para usos posteriores.
Karsten K. Krebs
La
representación de doce países en un solo pabellón de ningún modo resultaba sencilla.
Pero el teórico futuro que les iba a deparar a cada uno de ellos era el eje de sus
contenidos. Comenzaba a imponerse la moda del "eurotodo". Así, para dejarnos
con la miel en los labios, unas televisiones con formato en alta definición hacían las
delicias de los amantes del mundo de la imagen y el sonido. Interesante fueron también
los prototipos de ecus. Pero poco más ofrecía el pabellón.
Esta
obra analiza el nacimiento del "fenómeno Expo'92", su desarrollo durante los
inolvidables seis meses en los que iluminó Sevilla y, finalmente, su abandono y
lenta recuperación del recinto que ocupó la Isla de la Cartuja
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