web de la Exposición Universal de Sevilla 1.992

TEXTO DE: revistas

(Revista Geo, Diciembre - 1.989)

Sevilla - La explosión financiera

    Adivina, adivinanza: ¿Podrá conservar Sevilla sus encantos después de esta invasión de ejecutivos que nos ha traído la Expo-92? Se calcula que más de 50.000 hombres de negocios, a todos los niveles, llegarán o pasarán por la ciudad de aquí a dentro de cuatro años.

    De hecho ya se nota en Sevilla un vivaqueo, un sinvivir de acampada de asalto, que trae a todo el mundo de cabeza. Se han levantado 172 calles en un año, las nuevas conducciones de todo tipo, para contribuir al éxito del certamen, han puesto la ciudad patas arriba. Y hay una bulla en el tráfico que soliviantaría a un inglés. Para qué decir la que se lía de pitadas y gritos con los sevillanos. Pero la gente se ha acostumbrado a la prisa en menos que canta un gallo. Quién lo iba a decir, cuando hace unos años aquí sólo se corría en los campos de fútbol.

    De los 18.000 millones de pesetas inicialmente presupuestados, ya hay inversiones en fase de proyecto por valor de 11.840 millones. Rondas urbanas, accesos, nuevos puentes y una moderna red de circunvalaciones dotarán a la ciudad de una capacidad de movimiento que hoy no tiene. La variante norte hacia Huelva y la estación de Santa Justa, con su túmel hasta el apeadero, darán a Sevilla la configuración de una ciudad de primer orden.

    Pero las inversiones no se han limitado al sector público. Se ha movilizado el capital privado hacia el sur con un ritmo de fiebre que, a veces, preocupa. Inmobiliarias, asesorías a todos los niveles y de todos los colores, creación de sociedades de cartera con participación en Bolsa que se encargan del flujo y el reflujo del dinero a una velocidad de vértigo. Sólo hay que asomarse al aeropuerto y comprobar el trasiego de ejecutivos que llegan en busca del negocio, al olor de la Expo.

    Todo se hace de cara al 92, lo que ya ha producido un montón de chistes y bromas. Sin embargo, muchos de los proyectos que la Expo lleva aparejados, como el pensar que el Guadalquivir volverá a correr enterito bajo sus puentes, quita el sueño a la gente de tanto regusto. También desaparecerá el cerco permanente del ferrocarril que atenaza a la ciudad como un dogal.

    Pero los proyectos no sólo miran al futuro título de promesas. Ya empiezan a vislumbrarse nuevas y amplias avenidas y más de 3.000 árboles han sido plantados en sólo cinco meses. Pero lo que más asusta al sevillano, ante toda transformación urbanística, es que la nueva fisionomía acabe con los barrios. Ser de este o aquel barrio es uno de los orgullos en que los sevillanos han puesto desde siempre gran parte de su alma. La ciudad ha estado dividida secularmente en 24 collaciones   históricas que dotaban a sus habitantes de características propias. Entre estos barrios o collaciones siempre sobresalió Triana, la más sabia y hermosa, con ese algo de siempre novia que para qué le voy a contar. Todavía se dice en Triana: <<Voy a Sevilla>>, cuando se intenta cruzar el puente de Isabel II. También la Macarena, el Arenal, la Morería -con la plaza de la Alfalfa como centro neurálgico-, la Alameda, reducto tradicional del oficio más viejo; y los barrios de Heliópolis y nervió, tan residenciales y burguesitos. Esta es la Sevilla que muchos temen perder, la Sevilla todavía residencial en barrios de acusada personalidad; la Sevilla de los cines de verano donde el olor a jazmín no cuesta nada. Lo que menos importa es que tengas que ver, por enésima vez, la misma película de indios.

    Pero todo no va a ser maravilla en el apogeo de la ciudad. Sevilla está pagando un alto precio de celos navajeros desde que se erigió capital andaluza y sede de la Expo. A veces, las críticas de las otras provincias sobre su protagonismo se producen con cierta dureza.

    Y es cosa de entender, y hasta de comprender, el enfado del contorno, ya que en Andalucía cada provincia con su capital fue, durante mucho tiempo, un reino taifa. Sevilla es el blanco de estas discordias vecinales, posiblemente sin ninguna culpa. Pero también quizá haya que reconocer que Sevilla se ha pasado un poco en ese sentimiento narcista. Claro que por su belleza, le es muy fácil que se le perdone todo.


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