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EXPOSICIÓN MUNDIAL DE LISBOA 1998

Expo 98 Lisboa

Puerta de Oriente

    La Expo'98 se inauguró el 22 de Mayo y fue clausurada el 30 de Septiembre por el Presidente de la República Jorge Sampaio. La Exposición ha tenido como pieza clave a los océanos, considerados como un mundo por descubrir y, además, una importante reserva natural, altamente necesaria para la supervivencia de la raza humana. El objetivo principal consistió en formar un frente común por parte de los países participantes para concienciar a los visitantes sobre este aspecto, aunque no todos se sometieron a esta finalidad.

    La Exposición Universal de Sevilla sirvió como modelo para la de Lisboa en lo que a organización se refiere. De todos modos, hay que reconocer en todo momento que con el tiempo la especie va mejorando y, por tanto, podemos añadir que los pabellones presentes en Lisboa estaban diseñados y acondicionados para otorgarles en un futuro próximo un uso adecuado (de ahí la poca complejidad interior de los mismos), no siendo así en Sevilla. En resumen, el tanto por ciento de pabellones que fueron derribados en Sevilla será el mismo de los no derribados en Lisboa.

Pabellón de los Océanos foto: archivo

De diseño innovador y armonioso con su entorno, el Oceanario estaba destinado a ser el pabellón estrella de la Expo'98 y así lo fue, ya que albergaba el mayor acuario del mundo y, además, reproducía cuatro ecosistemas del planeta (índico, pacífico, antártico y atlántico) con una vasta presencia de animales traídos de aquellos lugares tan remotos. El resultado fue sorprendent y muy agradable para todos sus visitantes.

    La última Exposición del siglo XX ha sido de carácter mundial, y no universal como la de Sevilla. En numerosas ocasiones han cambiado las tornas. En alguna que otra página web podremos encontrar a la de Sevilla como una "World Fair", cuando esto no es realmente así, al menos en el sentido literal. Sin ánimos de menosprecio, hay que dejar claro que Lisboa mantuvo, según el Buró Internacional de Exposiciones, una muestra de calidad mundial, no universal. Una de las principales diferencias entre ambas radica, por ejemplo, en un recinto de tamaño más reducido por parte lisboeta.

Pabellón del Futuro foto: archivo

El pabellón del Futuro dejó bastante que desear, ya que se esperaba mucho más de este espacio. Ofrecía una película muy simple rodada en tres dimensiones y dividida en dos partes, una por cada sala (quien viese la primera fue afortunado). Tanto el recorrido como la salida del pabellón eran absurdos. Se podría considerar como un plagio al pabellón del Medioambiente de Sevilla, aunque para disimularlo la sesión era combinada con una serie de rayos laser y finas gotas de agua para adornar un poco el espectáculo.

    Son muchos los parecidos de las dos exposiciones: espectáculos multimedia, pabellones agrupados y temáticos, telecabinas, pantalla Jumbotrón, rehabilitación de un elemento arquitectónico antiguo,... pero cada uno de ellos con la peculiaridad de su tiempo. Seis años no parecen nada, pero sí que han influido bastante en los progresos tecnológicos como son los ordenadores, formatos cinematográficos o relojes Swatch con entrada al recinto incorporada.

Pabellón de la Realidad Virtual foto: archivo

El pabellón de la Realidad Virtual fue uno de los más visitados, aunque sus horas de cola a pleno sol  y los 800 escudos que costaba la entrada provocaban que más de un visitante lo pensase antes de entrar, pero completamente satisfechos quedaban las pacientes personas que de allí salían.

    Para evitar la masificación que en alguna ocasión se provocó en Sevilla, la organizadora de Lisboa decidió que toda vez que un individuo salía del recinto, no podía a acceder al éste con la misma entrada (a no ser que se dispusiera del pase de temporada), de tal forma que el visitante se veía obligado a disfrutar de un tiempo limitado de su jornada en la Expo si es que su cuerpo no daba para tanto, o bien tenía la opción de consumir dentro del recinto (con los altos gastos que ello conllevaba) para paliar las altas temperaturas.

Pabellón de la Utopía foto: archivo

Pabellón del Agua
foto: archivo

    El Pabellón de la Utopía fue uno de los que obtuvo mayor éxito en la Expo'98. Se celebraba un espectáculo basado en la representación teatral, la imagen, el sonido y los efectos especiales con una duración de treinta minutos. Los espectáculos se celebraban cada tres horas. La capacidad del pabellón era de unas 10.000 personas. El edificio era conocido por su forma de tortuga, y sus acabados en madera lo hacían aún más bello e impresionante desde dentro. Debido a su enorme tamaño, da una verdadera sensación de edificio utópico; entrar en él era entrar en el mundo de la utopía.

    En una exposición donde el tema principal está intensamente relacionado con el agua, nada mejor que un Pabellón del Agua, donde para salir de él era necesario sortear una serie de chorros de agua que atravesaban el camino sin saber desde dónde saldrían o adónde se dirigían. Sufrir un remojón estaba asegurado.

Pabellón de Macao foto: archivo

Pabellón de las Islas Madeira y Azores foto: archivo No sólo la Portugal de la Península Ibérica, sino también la que está repartida por el mundo se dio cita en Lisboa. Con pabellones independientes se encontraban las Islas Azores, Madeira o incluso la colonia de Macao, este último, con una fachada tradicional. Por otro lado, podíamos encontrar también pabellones de entidades portuguesas e incluso el Pabellón del Territorio.

    El idioma oficial de la Expo'98 fue, lógicamente, el portugués, pero el inglés quedó relegado a un tercer lugar, ya que se le concedió mayor importancia al español, puesto que la gran mayoría de turistas que se asomaron a Lisboa fueron españoles. De hecho, de las 8,5 millones de visitas que esperaba el recinto (aunque realmente fueron más), se suponía que 3 millones iban a ser de españoles.

Pabellón de Portugal foto: archivo

El Pabellón de Portugal incluía bajo su gruesa pérgola curva la Plaza de Ceremonias, donde se celebraría el Día de Honor de la nación, región o empresa correspondiente. También en esta plaza aguardaban los visitantes para acceder al pabellón. Narra principalmente las aventuras que padecieron los navegantes de la época medieval en busca de nuevas rutas para llegar más pronto a sus destinos, así como la importancia que se le concedió al mundo de la navegación. Fue uno de los más completos en cuanto a calidad en los audiovisuales, gracias a la infografía.

    Un detalle curioso a resaltar fue la inexplicable ausencia de dos países íntimamente ligados al mundo del mar: Australia y Nueva Zelanda. Por otro lado, fue digno de aplauso que acudieran naciones como Bielorrusia, Líbano, Somalia y muchos más cuyas circunstancias no parecían permitirlo. Claro está que estas presencias se vieron favorecidas debido a que la organizadora de la Exposición era quien pagaba los costes de los pabellones, ya que los participantes sólo tenían que aportar los contenidos. 

       Puerta Sur foto: archivo

Torre Vasco de Gama foto: archivo

Las nuevas torres de Lisboa: La torre Galp es uno de los elementos que decidió conservarse para la Expo'98. Los terrenos sobre los cuales se asienta habían pertenecido a la industria petrolífera, siendo esta torre empleada para estos fines. Fue reformada y sirve ahora como mirador. Acceder a ella costaba unos 700 escudos.

La torre Vasco de Gama es visible desde cualquier punto de Lisboa. Es un mirador con restaurante giratorio al que sólo acceder costaba alrededor de 400 escudos. Debido a su estatura no es difícil verla desde casi todos los puntos de Lisboa.

 

Gil, la mascota de la Expo 98

foto: archivo

Teatro Julio Verne

foto: archivo

Volcán de agua

foto: archivo

Gil, la mascota de la Expo'98, recibió su nombre a partir de una consulta realizada entre todos los niños de colegios lisboetas, que fueron quienes lo eligieron.

El teatro Julio Verne fue el escenario principal de acontecimientos culturales de mayor relevancia. Por ejemplo, España celebró su día de honor (el 25 de Julio) celebrando, entre otros actos, un concierto con Alfredo Kraus como artista representante.

Otro de los buenos ejemplos tomados del 92 son las calles de la Expo'98, las cuales estaban pensadas para ofrecer el máximo frescor contra las elevadas temperaturas del verano. Los árboles aún daban una sombra insuficiente, pero los volcanes daban buenas mojadas a los valerosos visitantes que bajo ellos se situaban.


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Exposición Universal de Sevilla 1992