El periodo post-Expo
"¿Y ahora qué hacemos?" Esta fue la pregunta más repetida tras la clausura de la Expo'92, que durante seis meses había alimentado la alegría y la discordia de los habitantes de Sevilla. Lo que aún permanece en pie y lo que fue derribado no lo decidieron los sevillanos. Se comprende que ciertos pabellones fuesen de poca utilidad futura, pero muchos podrían haberse salvado, no sólo dentro del recinto, sino en destinos mejores destinos. Actualmente, Cartuja-93 considera que únicamente queda un 25 % de suelo libre. Casi toda la extensión que ocupa la Isla permanece como terreno industrial (I+D), a la espera de ser mejor aprovechado. Por ejemplo, la Universidad de Sevilla está trasladando allí muchas de sus Facultades, pero en ningún momento nadie a pensado en recalificar una superficie para transformarla en zona residencial y levantar viviendas para estudiantes.
Promesas de auge y futuro para la Isla y nada más. La zona de los pabellones internacionales se destinaría a un nuevo área de desarrollo tecnológico y empresarial que sería denominado Cartuja 93 (C-93). De todo aquel espacio que se añoraba volver a disfrutar, sólo correspondió a uso público una tercera parte, es decir, desde la Avenida de los Descubrimientos hacia el río Guadalquivir. Ambos espacios quedaban divididos por una antiestética valla de unos dos kilómetros de longitud.
El primer intento de
recuperación de terrenos fue el ya mencionado parque tecnológico. Por otro lado, SOGEXPO
se disolvió tal y como concretaba el acuerdo de su acta fundacional. La sociedad que
gestionaba los activos de la Exposición, AGESA, decidió emprender una campaña que
resultó muy precipitada. Se trataba de un nuevo parque temático cuyo nombre fue decidido
con la ayuda de una encuesta realizada en Madrid y Sevilla: "Cartuja. El Parque de
los Descubrimientos".
Por otro lado, aparecía la empresa PARTECSA (Parques Tecnológicos Sociedad Anónima), que permanecería como la encargada de reorganizar y promover las zonas de ese dominio semi-público que aún quedaba en la Isla, es decir, diseñar el nuevo parque temático con el fin de aprovechar al máximo los legados de la Muestra. Si la Expo'92 cerraba sus puertas el 12 de Octubre, el Parque de los Descubrimientos abría las suyas el 5 de Junio de 1.993, sólo ocho meses más tarde. Tuvo este parque una apertura a destiempo, pues los sevillanos aún tenían sed de Expo, y la respuesta no se hizo esperar, ya que el pase de temporada para el parque lo adquirieron un total de 225.000 personas, es decir, un número muy aproximado al de pases de temporada de Expo'92. Lo difícil ahora sería introducir esa cantidad en un espacio tres veces menor y de contenidos diez veces inferior.
Lógicamente, la cifra de
abonados para el año siguiente fue muy inferior: 25.000 pases, aunque hay quienes afirman
que rondaron tan sólo los 10.000. Pero fue en esa época cuando el parque iba mejorando
poco a poco, acaparando más pabellones, incluyendo nuevos contenidos,... El tiempo
pasaba, y la añoranza de la Expo llegaba a tales límites que Curro era incluso vestido
de Papá Nöel.
Vemos un ejemplo de lo que
quedó de los pabellones autonómicos: el de Euskadi se transformó en el Pabellón del
Cinematógrafo; el de La Rioja en Memorias de la Expo; y el de Murcia, magníficamente
engalanado de flores durante la Expo que, como tantos otros, quedó infrautilizado.
La segunda temporada concluyó a principios de 1.995. Se inició la tercera ese mismo año pero Al poco tiempo, se dio a conocer un nuevo proyecto gracias al cual, los pabellones del Parque de los Descubrimientos serían utilizados en su totalidad, incluyendo los de Puerta Triana. Convertir el Pabellón del Futuro en Museo del Aire o el Pabellón de los Descubrimientos, ese que lleva esperando reformas desde 1.993, sería transformado en el Museo de la Ciencia. Nada más lejos de la realidad. Estas promesas sirvieron sólo para ilusionar a los nostálgicos.
El Parque
cerró con cinco meses de antelación a fin de llevar a cabo su inapreciable pero utópico
proyecto. Aprovechando esta clausura, la empresa norteamericana Ogden tomó las riendas y
marcó las pautas a seguir desde aquel preciso momento. Para comenzar, Puerta Triana pasa
a ser de dominio público, así como el Camino de los Descubrimientos de Sur a Norte y
toda la zona de los Jardines del Guadalquivir.
Ogden es una empresa dedicada a
la gestión de grandes superficies tales como aeropuertos o estadios. Su idea fue la de
suprimir toda idea propuesta y comenzar desde cero. Es uno de las empresas accionistas con
más poder dentro del círculo, con que su voz y voto son los que más cuentan. A ella es
a quien debemos la creación de Isla Mágica.
Pero una isla no sólo
sirve para hacer juegos de estrategia financiera, también puede servir para organizar
unos Juegos Olímpicos. La idea surgió a partir del paso de la Llama Olímpica por
Sevilla, antes de su llegada a Barcelona. Desde entonces, se inició una desenfrenada
carrera por recuperar esa universalidad que había perdido Sevilla tras la clausura de la
Expo.
No estaba Sevilla suficientemente preparada para acoger unos juegos olímpicos (el dichoso metro...); y mucho menos si doce años antes se había celebrado en el mismo país una edición de los mismos. De todos modos, Sevilla no se dio por vencida y, al poco de ser rechazada como ciudad candidata para el año 2.004, recibió una especie de premio de consolación nada despreciable: la celebración de los Mundiales de Atletismo de 1.999.
La vida de la Isla
prosigue su camino, el cual se encuentra marcado por la lucha contra el olvido y la
recuperación de una gloria perdida, la gloria de una Sevilla universal, la Sevilla del
deseo y la de todos los sevillanos.
