Historia de Algirós
Nuestra falla se planta donde durante siglos estuvo la huerta de Algirós más próxima al Cabanyal. No pasó hasta las últimas décadas del siglo XX que la expansión de Valencia empezó a convertir ese entorno rural en un nuevo barrio, sustituyendo las barracas, huertas y viejas casas por edificios de viviendas. Esta es una pequeña historia de Algirós, que incide especialmente en la parte que es ahora la demarcación de la Falla José María Haro-Poeta Mas y Ros.
Aquella huerta de Algirós
El topónimo de Algirós viene del árabe al-zurûb, que significa “el canal”. Esto tiene su explicación, puesto que Algirós era una de las tres ramas principales de la acequia de Mestalla, la cual lleva agua a las huertas del este de Valencia desde la época musulmana. El campo que atravesaba tomó el mismo nombre, como era habitual, y del mismo modo se sigue denominando a la misma zona aunque tanto la acequia de Algirós como las huertas que la rodeaban hayan desaparecido.
El aspecto de la huerta de Algirós apenas varió entre la Edad Media y el siglo XIX. Las imágenes de todo ese largo período la muestran como un mosaico de cultivos atravesado por caminos y acequias, y salpicado por barracas de agricultores, alquerías y molinos. La clase alta también ha estado presente en esta zona, estableciendo residencias como la alquería del Marqués de Dos Aguas del siglo XVIII o el más reciente palacio de Ayora, construido por el maestro de obra Peregrín Sumbiela para el comerciante José Ayora en 1900. El camino de Algirós era la principal vía que atravesaba esos campos. Se trataba de uno de los caminos de origen medieval que conectaban el casco antiguo de Valencia con las poblaciones próximas, y empezaba al lado derecho del río Turia, casi a la altura del actual puente de Calatrava, atravesando la huerta con numerosas curvas para adentrarse en el Cabanyal cerca de la antigua estación de este poblado marítimo. Esta vía aparece rotulada en un plano del Padre Tosca de principios del siglo XVIII como “Camino de Algirós o Nuevo”, haciendo referencia al hecho que apareció después de que los dos caminos más antiguos del este de Valencia: el camino Hondo del Grao (que coincidía más o menos con lo que es ahora la avenida de Baleares) y el camino Viejo del Grao (actual calle Islas Canarias). Cuando se trazó años después el camino del Cabanyal, al camino de Algirós también se le denominó "camino viejo del Cabanyal". El camino Nuevo del Grao o simplemente camino del Grao (actual avenida del Puerto) no es de origen medieval, pues data de 1802.

Lo que empezó a transformar aquel entorno rural fue el ferrocarril. El 24 de abril de 1862 pasó el primer tren por la estación del Cabanyal, circulando por unas vías que cruzaban el final del camino de Algirós. Ahora bien, fue el ferrocarril de la Compañía Central de Aragón, que llegó a Valencia en 1902, el que más incidió en la huerta de Algirós. Primeramente, sus vías cruzaban ese campo de norte a sur, más o menos por dónde está hoy la avenida de Aragón; pero además, esa empresa dio origen al primero barrio residencial de Algirós: La Amistad, construido en 1928 y promovido por la Asociación de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España. Sus primeros habitantes fueron principalmente ferroviarios y tranviarios.
Hablando de ferrocarriles, por aquella fecha las vías a Barcelona ya habían atraído a numerosas naves industriales que se extendían desde el camino Nuevo del Grao hacia la huerta de Algirós, dada la buena comunicación de ese punto por barco, carretera y tren. Se concentraban aquí numerosos almacenes de madera y empresas metalúrgicas que han dejado impronta en los nombres de las calles (Maderas, Hierros, Serrería). Pero no hacía falta irse hasta las vías de tren para encontrar efectos de la industrialización en Algirós, puesto que algunas industrias y pequeños talleres empezaron a establecerse cerca de los caminos rurales, conservándose algunos de los cuales hasta tiempos recientes.
Exposición Regional y fútbol a principios del siglo XX
El camino de Algirós fue testigo de un importante hito histórica para los valencianos: la Exposición Regional de 1909. Su recinto ocupaba 16 hectáreas y se construyó sobre el comienzo de esta vía medieval, junto a la Alameda y rodeando la preexistente fábrica de Tabacos (actual edificio de Tabacalera, de 1906). Dentro, casi un millar expositores de cien localidades valencianas exhibieron lo mejor de sus productos agrícolas, comerciales e industriales. La exposición se convirtió en nacional en 1910, y posteriormente se decidió derribar la mayoría de los edificios que la formaban. Sólo quedan en pie el Pabellón de Industria (la fábrica de tabacos), el Palacio Municipal (hoy denominado Palacio de la Exposición) y el Asilo de Lactancia adosado al mismo. En recuerdo de aquel acontecimiento, el barrio que creció en el lugar se llama Exposición, y no se considera Algirós aunque el camino empezara allí.
Al lado este del Palacio de Industria había una gran pista multiusos donde se jugó algún partido de fútbol, deporte entonces novedoso en Valencia. Curiosamente, muy cerca de aquel lugar se construyó el primer terreno de juego del Valencia C.F. Conocido como campo de Algirós, se inauguró el 7 de diciembre de 1919 cerca del camino y de la acequia del mismo nombre. A un lado tenía el cuartel de caballería (los edificios militares de la Alameda), mientras que a un extremo había una casa de la Guardia Civil (que estaba en la actual esquina de las calles Finlandia y General Gil Dolz), y próximo al otro la marquesina de la estación de Aragón. Por los alrededores del terreno de juego había muchos árboles y huerta. Al principio no era muy visitado por forofos, pero con el tiempo atrajo cada vez a más público entusiasmado por el fútbol. El equipo utilizó el campo de Algirós hasta 1923, cuando por quedarse pequeño se abrió el de Mestalla a unos 500 metros.
La ciudad sustituye a la huerta
Los tiempos modernos también provocaron que la red de vías medievales que rodeaba Valencia, la cual estuvo prácticamente sin cambios y en pleno uso durante varios siglos, empezara su decadencia. El camino de Algirós sobrevivió entero hasta que el Paseo de Valencia al Mar (la avenida de Blasco Ibáñez actual) se inició en los años cuarenta y se urbanizó al sur de su primero tramo, detenido por el ferrocarril a Aragón. Sin embargo, un tramo del viejo camino se integró entre los nuevos edificios formando la calle Finlandia.
A partir de los años sesenta fue cuando Algirós se fue urbanizando más deprisa, igual que pasó en otras zonas periféricas de Valencia. Tras suprimirse un cambio de eje en el proyecto del Paseo al Mar y volverse a plantear completamente recto, en 1955 se dio licencia para construir alineados a aquél los bloques de la Isla Perdida. Acabados en 1962, fueron denominados así porque durante mucho tiempos estuvieron aislados en la huerta. Por otro lado, los primeros barrios de Algirós se expandían y las calles que empezaban en la avenida del Puerto se alargaban hacia el norte. No lejos de la estación del Cabanyal, continuando la calle Maderas y cerca del final de la senda Albors, se acabó en 1968 el Instituto de Enseñanza Media Sorolla enmedio del campo, allanándose con él el final de la calle Santos Justo y Pastor y abriendo la calle José María Haro. Obra de los arquitectos Miguel Fisac y Aspiazu, sus primeros alumnos (hombres, puesto que empezó siendo de enseñanza masculina sólo) entraron en el curso académico 1967/68, antes de estar completamente finalizado.
Por los setenta la huerta de Algirós siguió desapareciendo rápidamente hacia la este, y más después de que en 1974 se suprimieran las vías, la estación y los talleres de la Central de Aragón, permitiendo así el avance de la avenida de Blasco Ibáñez. Nuevos barrios crecían hacia el norte, como buscando este paseo, haciendo aparecer la calle Poeta Mas y Ros entre Manuel Candela y Humanista Furió. Una calle con ocho chalés que empezaba en el camino de Algirós, no muy lejos del palacio de Ayora, sobrevivió a la urbanización y actualmente alberga guarderías en la mayoría de las casas. La calle Poeta Mas y Ros continuaba al este del jardín de Ayora, con las viviendas para taxistas y otras que se construyeron a finales de los años sesenta a la altura de la calle Industria. Así se terminó el trazado de esta última calle, que inicialmente estaba previsto alargar hasta la Isla Perdida, y a la vez se empezaron los de las calles La Cañada y Crevillente. También en esa época se levantó delante de una fábrica de uralita y de una industria papelera una isla de viviendas, la cual convirtió el último tramo del camino de Algirós en la calle Pedro de Valencia, alargó las calles de las Maderas y José María Haro, y definió el ancho actual de Pintor Ferrer Calatayud. Todas estas construcciones junto con la Isla Perdida al norte cerraron la última huerta del barrio, donde todo seguía como si nada hubiera cambiado: se continuaba labrando la tierra y el taller metalúrgico de la antigua casa de los galgos seguía activo. Cruzando el campo, la línea 32 de autobús pasaba desde el 17 de julio de 1973 por lo que quedaba del camino de Algirós.
Los últimos solares
A principios de los ochenta, muchos niños que vivían por los alrededores del Instituto Sorolla debían cruzar el camino de Algirós y andar por sendas entre la huerta para llegar al colegio que había en la Isla Perdida. Todavía era posible ver una casa de campo en la calle Poeta Mas y Ros cerca del palacio de Ayora, y otra en la calle Campoamor junto a la finca alta. Pero aquel paisaje todavía rural fue desapareciendo a pasos gigantes en esa década. Por un lado, se completó el tramo de la avenida Blasco Ibáñez desde Manuel Candela al Cabanyal, haciendo surgir modernos edificios a la altura de la Isla Perdida. No muy lejos de ésta, el camino de Algirós quedó definitivamente fuera de servicio al quedar parte debajo del parque de la Virgen del Castillo de Vilches, construido entre dos edificios que conectaron los extremos de la calle Crevillente. En la inauguración de este parque, celebrada en 1986, participó activamente la Falla José María Haro-Poeta Mas y Ros junto a la Hermandad de Vilches en Valencia. En cuanto a la calle Músico Ginés, empezó a tomar la forma actual al construirse el terreno que quedaba libre, sustituirse las huertas por jardines y modificarse los campos de deportes. En 1986 ya no quedaba huerta en aquella parte de Algirós: todas las calles ya estaban dibujadas, aunque Campoamor seguía siendo un solar. Por fortuna, el palacio de Ayora se salvó del derribo previsto en 1983, quedando así como a vestigio de aquel tiempo en qué las clases acomodadas iban a descansar al desaparecido campo.
Llegados los noventa, Algirós ya tenía casi el aspecto actual. El cambio más importante que se produjo en la zona fue el soterramiento de las vías del tren a Barcelona en 1991, con la que se inauguró la nueva estación del Cabanyal al final de la avenida Blasco Ibáñez y se suprimió una importante barrera con ese barrio marítimo. Pero también hubo otras novedades, como el jardín de la calle Campoamor entre Músico Ginés y Poeta Andrés Cabrelles, y el colegio que se inauguró sobre una vieja calle que iba desde el camino de Algirós hasta la Isla Perdida. Entrado el siglo XXI, el metro llegó al barrio con la inauguración en abril del 2003 de la estación de metro de Ayora, tras desestimarse la idea inicial que la línea 5 pasara por la avenida Blasco Ibáñez y acabara en la estación del Cabanyal. La ampliación del jardín de Ayora y la nueva estación de metro supusieron la desaparición del último tramo de la senda Albors (sólo la calle Victor Moya recuerda parte de su recorrido), y la fundición de campanas que había a la esquina de esa senda con la calle Industria. A muchos les costará pensar que en ese lugar sólo había huerta no hace relativamente tanto, pero el progreso, aunque llegó tarde, fue rápido en Algirós.
Agradecimientos:
Javier Mozas, Josep V. Boira, Sol Romeu, Maria Amparo Ribes,
Teresa Marco, Carmen Piñero, Institut Sorolla
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