Historia de las Fallas
Las Fallas son un ritual del fuego. A lo largo de toda la historia de la Humanidad,
siempre ha habido rituales que tenían como protagonista este elemento porque
simboliza, entre otras ideas, la renovación: el fuego destruye las cosas
viejas para dejar sitio a las nuevas. Es normal ver por las costas mediterráneas
y por la Europa interior que se enciendan hogueras para conmemorar la entrada
del solsticio de verano (o sea, el fin del invierno y el principio del buen tiempo),
o para quemar muñecos que representan personajes rechazados por el vecindario.
El origen de las Fallas todavía no está claro. La teoría que se escucha más a nivel popular es la que dice que derivan de una costumbre que tenían los ebanistas valencianos, consistente en recoger toda la madera que les sobraba para hacer una hoguera en honor a su patrón, San José, su día, el 19 de marzo. También se habla de que las Fallas provienen de los fuegos que se encendían al principio del solsticio de verano, los cuales adoptó el Cristianismo dedicándolos a santos situados en esas fechas del año, como San José. Esto podría explicar el gran componente pagano de la fiesta. Por último, otros apoyan la teoría del ninot de mitja Quaresma (muñeco de media Cuaresma) o parot, según la cual las fiestas falleras nacen de la costumbre de lanzar un muñeco que representa a Lutero, Judas u otro personaje, a una hoguera. Esta teoría explica la existencia de figuras en las fallas y el carácter censor y satírico que toman los monumentos.
Los primeros documentos sobre las Fallas
Hayan surgido de una manera u otra, es un misterio el momento exacto de la
aparición de las Fallas porque no hay constancia documental de ello. Las
primeras noticias son de la segunda mitad del siglo XVIII, las cuales confirman
que para entonces la fiesta ya estaba consolidada. En esta época surgieron
diversas leyes municipales que regulaban la ubicación de los monumentos
falleros para evitar incendios, ya que muchos se plantaban en calles muy estrechos
y por tanto, quedaban muy cerca de las casas; en concreto, en 1784 se obliga a
ponerlos en plazas o espacios abiertos. Ya comenzado el siglo XIX, los documentos
sobre fallas se hacen más frecuentes.
La fiesta fallera de aquella época no era igual que la actual. Las Fallas se consideraban fiestas de la víspera de San José; se plantaban la mañana del día 18 de marzo y se quemaban esa misma noche, y su estructura simulaba un teatro: una tarima de madera sobre la que se ponían varios ninots que representaban una escena, la cual se explicaba con unos carteles situados en el monumento. Los ninots de esta época eran una estructura de madera vestida con ropa de verdad y con máscara de cartón, al contrario que ahora, que son completamente de cartón-piedra o similar. Además de las fallas monumento, también había fallas hechas con trastos viejos. San José era día de media fiesta en aquellos años (o sea, sólo había que trabajar medio día), pero los vecinos de Valencia hacía fiesta entera para dedicar el día a los Pepes y Pepitas. Las Fallas eran, como ahora, una fiesta de barrio.
A partir del último tercio del siglo XIX, la fiesta empezó a ampliarse. El número de fallas monumento oscilaba de año en año, de una en 1852 a 16 en 1872. A partir de 1866 la pirotecnia se hace más presente, se implantan las despertaes y aparecen algunos llibrets, publicaciones que editan los falleros para explicar su falla. Los grupos de vecinos que hacen fallas evolucionan y surgen las primeras comisiones falleras con cargos directivos. Además, desde 1873 se fue implantando poco a poco la cremà el día 19 por la noche, porque algunos pensaban que así se perderían menos horas de trabajo. Pero la plantà no se trasladó a ese día, con lo que los festejos falleros pasaron a durar dos. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento de Valencia dificultaba la fiesta obligando a pedir permiso por plantar monumentos (1851), e incluso cobrando impuestos por hacerlo desde 1872. Además, sobre 1851 se instaura la censura sobre las fallas para controlar la crítica política, social y moral (ya entonces se tocaba el tema del sexo) que hacían, temas mayoritarios en los monumentos. Estas presiones públicas consiguieron la desaparición definitiva de las fallas de trastos viejos y, en 1886, que no se plantara ningún monumento dentro de la ciudad. Pero la fuerza de los vecinos y de los medios de comunicación consiguió una buena rebaja de los impuestos a las fallas, cosa que unida a la creación de los premios a los mejores monumentos por parte de la revista El Traca, hizo que en 1887 la tradición volviera con potencia: 29 fallas se plantaron ese año. Esos premios no duraron mucho tiempo.
La aparición del monumento artístico
El final del siglo XIX vivió un fuerte crecimiento de la fiesta, tanto
que se convirtió en la mayor fiesta popular de Valencia. El número
de fallas creció en esta época, y empezaron a plantarse dentro del
recién estrenado ensanche de la ciudad y en muchos pueblos, incluyendo
los Poblados Marítimos y Benimaclet, que por aquellos años eran
independientes de la ciudad. Los monumentos trataban muy a menudo el tema de la
crítica política, en especial del conflicto de España con
EE.UU. por la colonia de Cuba. Eran años de conflictos políticos
y sociales, y las fallas lo reflejaban. Las fallas comenzaron a hacerse más
grandes, mejor acabadas, con nuevos materiales, olvidando cada vez más
la estructura de teatro y tomando el barroquismo que actualmente tienen: había
aparecido el monumento tal y como lo conocemos hoy. En este contexto, la sociedad
cultural Lo Rat Penat propuso la creación de premios a las mejores fallas,
y el Ayuntamiento aprobó su creación en 1901.
La transformación urbanística que sufría Valencia al principio de este siglo no sólo afectó a las fallas en cuanto a su ubicación: también fue un tema recurrente. Mediante los monumentos, los vecinos se quejaban de la lentitud de las reformas, de la mala calidad de las infraestructuras y del traslado de la estación de tren a donde más convenía a los burgueses (donde está ahora). También abundaban las fallas con alusiones sexuales y las que exaltaban el nacionalismo valenciano que aparecía por aquellas fechas.
Las fallas alrededor de la Guerra Civil Española
Los años 30 fueron el momento en que la fama de las Fallas comenzó
a conseguir un nivel nacional e internacional. En 1927 se reunió la Asamblea
Pro-Fiestas de San José para coordinar y fomentar las Fallas. Con el impulso
de esta asamblea, el consistorio incrementó el dinero de los premios a
las fallas y las dividió en dos secciones según su coste. Se organizaron
"trenes falleros" para que ciudadanos de otras regiones visitaran Valencia en
Fallas, i la semana fallera se amplió en 1928 adelantando la plantà a la noche del 16. Ese año se crea el Comité Central Fallero, preludio
de la Junta Central Fallera. El Comité desde 1931 organizaba un programa
oficial de fiestas de la semana fallera y coordinaba algunos actos individuales
de las comisiones. Entre los actos que instituyó encontramos la Crida,
la Exposición del Ninot, la Nit del Foc (fijada para el día
16), las cabalgatas, y la elección y presentación de once Bellezas
Falleras y una Reina de las Fallas, antecedentes de la Fallera Mayor de Valencia
y su Corte de Honor.
La Guerra Civil desorganizó completamente la fiesta de las Fallas, pero justo acabar el conflicto, el nuevo consistorio de Valencia decidió reconstruir la fiesta para volver cuanto antes a la normalidad. Así, reunió a los presidentes y secretarios de las comisiones falleras supervivientes para fundar en 1939 la Junta Central Fallera para coordinar y coordinar la fiesta. Lógicamente, aquí comenzaba un nuevo período de censura en los temas falleros, en el que no se recomendaba la crítica política ni el sexo, y era aconsejable exaltar los nuevos valores nacionales. En cualquier caso, en 1940 hubo fiesta fallera, i en los siguientes años se crearon o resurgieron cerca de 200 comisiones. El Ayuntamiento, mediante la Junta Central Fallera, instituyó la "fiesta oficial" e incorporó nuevos actos como la Fiesta de la Clavariesa, precedente de la Ofrenda a la Virgen. Por los 40 también se montaron las primeras comisiones fallera modernas, con presidente, directivos, fallera mayor, estandarte y demarcación. Los falleros pasaron de reunirse en bares o locales similares a hacerlo en barracas, excepto las fallas grandes, que lo hacían en paradores. En esos años, la Junta Central Fallera crea la sección especial para los premios, y la delegación de infantiles, y obliga a que toda falla infantil esté ligada a una grande.
La expansión fallera
Desde los años 50, las Fallas crecían espectacularmente en número
de visitantes, volumen económico que movían y otros aspectos. En
1952 se amplía en número de secciones falleras, un momento en el
que el artista fallero Regino Mas era de los más prestigiosos por ganar
durante 16 años el primer premio de la sección especial, entre 1940
y 1958. En esta década, la Nit del Foc pasa del 16 al 19 de marzo,
la comisión de El Foc planta una falla diseñada por Salvador Dalí,
y la Junta Central Fallera crea el actual traje negro de fallero.
En los 60, las comisiones falleras ya usan el casal como lugar de reunión (un local para uso de sus falleros), tienen más continuidad en el tiempo, pero casi no aparecen nuevas y el número de falleros que tenía cada una no era muy grande (sobre cuarenta).
El número de comisiones subía casi sin pausa desde 1960, llegando a superar las 200 en 1969. La fallera mayor pasa a ser el principal elemento simbólico de la comisión, y ella y las falleras en general se toman como participantes exclusivamente decorativas en la fiesta, sin ninguna implicación en la gestión de la falla. Se consolidan la sección infantil y la sección femenina dentro de las comisiones falleras, y los falleros en general eran cada vez más (28.000 en 1970, en comparación con los cerca de 6.000 en 1959). Se crea la Olimpíada del Humor en 1966, la cual no duró ni 15 años, y los paradores que ponían las mayores fallas años atrás prácticamente habían desaparecido al empezar los años 70. Las dimensiones de las construcciones eran cada vez más grandes, destacando las de las fallas de Na Jordana, el Pilar, la Merced y Convento Jerusalén-Matemático Marzal, entre otras.
La democracia trajo los políticos a las Fallas, y no sólo de
visita a Valencia, sino también como ninots (muñecos de falla).
Los castillos de fuegos artificiales dejaron de hacerse en la plaza del Ayuntamiento
en 1987 y pasaron al cauce del río Turia, junto a la Alameda, donde hay
más espacio tanto para el pirotécnico como para el público.
También por aquella época la legislación sobre pirotecnia
empezó a hacerse más dura para intentar reducir el riesgo de accidentes.
Por su parte, las comisiones falleras fueron adaptándose a los nuevos tiempos
de libertad después de la muerte de Franco. En el ámbito social
consolidaron el aire democrático que siempre habían tenido haciendo
que la mujer y las comisiones infantiles subieran en importancia; cada vez se
hacía más habitual tener mujeres en la directiva, por ejemplo. En
cuanto a los monumentos, ya se podía criticar cualquier situación
o persona sin el peligro de que la censura no lo permitiera. La plantà pasó a realizarse la noche del día 15 de marzo hace muchos años,
y la Nit del Foc la noche del 18. El resto de la Historia de las Fallas
lo estamos escribiendo ahora mismo los falleros, que hacemos todo lo posible para
adaptar la fiesta a los nuevos tiempos.



