MIS CUENTOS Y RELATOS.
EL JILGUERO HEMBRA.
 

Un jilguerito hembra en su pequeño vuelo, vio una casa preciosa en la que había un gran balcón. Como era muy curiosa (La llamaremos....Laira) se asomó para ver lo que había dentro. Vio tanta belleza en esas estancias que Laira se quedó prendada y quería entrar.

Comenzó su dulce canto, para ver si el dueño se fijaba en ella. Cantaba y cantaba, pero el tiempo pasaba y nadie la abría. El dueño la había visto y escuchaba su canto, pero tenía un jardín con varias aves y no apreció mucho los colores de Laira. Se negó a abrirle, pero Laira tenía enamorada el alma. Extenuada, su canto cada vez se oía más flojito, y llegó un momento que su garganta ya no respondía, su corazón latía muy despacio y se quedó agazapada en una esquina. No era alondra, ni canario, era un pequeño jilguero.

En la esquina del balcón relucen hechos una bolita sus bellos colores del plumaje, pero está tan acurrucada que son casi imperceptibles y llegaran los frios que acabarán con su pequeño corazón.


Bucanerita.

EL CUENTO QUE JAMÁS SERÁ CONTADO.
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Las nubes estaban muy alborotadas, brillaban con gris intenso, no eran los mejores días para navegar.
Arribó a la isla más cercana y allí decidió descansar. Con la cabeza en las rodillas recreaba su corta vida, no eran los mejores momentos.

Algo rozó su pelo, era ligero como una rama, pero no, no había nadie. Se levanto perezosamente, se sentía melancólica, una melancolía sin sentido, nada había llenado su vida. Echó a andar, despacio, pensativa?.A lo lejos algo relucía, algo la arrastraba sin proponérselo. Entre las ramas encontró un tesoro, ¡¡¡ era increible !!! No lo había buscado, ¿ por qué encontrarlo? Lo cogió lo acarició y se dirigió al barco con prisa, quería guardarlo. Ella no conocía tesoros, siempre viajaba sola surcando los mares.

Cogió el rumbo hacia la isla de los sueños, allí lo escondería donde nadie lo pudiera encontrar. Se sentía feliz?.Junto al tesoro encontró el mapa, se tumbó bajo una palmera, iba a revisar su contenido. ¡Increíble! ese tesoro había pertenecido a una princesa?.

Abandonó la isla de los sueños y navegó hacia su tierra. Al llegar a casa buscó entre sus libros, debería encontrar esa historia. Una vez el libro entre las manos, empezó a leer sin detenerse. ¡¡¡Qué bella historia!!!!! Su corazón soñaba siempre con el amor, ella aun no lo había encontrado.

Quiso ver ese tesoro, lo guardaría en la isla hasta que la princesa lo reclamara. No quiso pararse a descansar, volvió a embarcar hasta llegar a él. Su sorpresa fue grande, no se dejaba encontrar, parecía un tesoro embrujado. Sabía donde lo había guardado, pero?.

Estando escribiendo este cuento apareció el hombre de mis sueños. Lo interrumpí llena de felicidad. No llegaron esas palabras que anhelaba mi alma, fue un adiós???

Este cuento queda interrumpido. Habrá muchos cuentos, pero este jamás podrá ser contado. Habrá muchos grandes amores, pero este gran amor lo cortaron de raíz sin haber casi empezado.

Habrá bucaneros que surcarán los mares, pero ya nadie podrá abominar de la Fantasía


Bucanerita

ETERNO ABRAZO
 

Todos ellos iban guardando fila ante la taquilla del " Viaje eterno". Allí recibían un billete que siempre suponía una sorpresa. Sabían que a cualquier sitio que les enviaran iba a ser un viaje a la felicidad, ese trofeo que tanto habían buscado en vida, y que sólo habían encontrado por instantes.

Cuando llegó ella, preguntó que si se podía elegir, a lo que le contestaron que no, porque uno solicitaría los mejores sitios; pero no se dio por vencida e insistió diciendo que el lugar que ella iba a pedir no lo quería nadie. Y era cierto, pues en los cementerios sólo quedaba el maltrecho cuerpo, nunca lo habitaban las ánimas.

Al fin la prestaron atención y decidieron darle el destino pedido. El taquillero pensaba que ni la muerte la había quitado la locura, pero nada costaba cederle un lugar deshabitado.

Ella se sintió feliz en esa soledad gris de aquel cementerio de pueblo. Se sentaba a recordar alguna anécdota de las que en vida le pasaron. Allí, a veces, acudían un grupo de niños buscando huesos de burro. Pensaban que los que estaban a los alrededores del lugar, pertenecía a esos animales. El ánima los tomaba del suelo y se los daba sabiendo que serían devueltos nada más que intentaran guardarlos en casa.

Así dejaba pasar las horas, entre recuerdos y visitas esporádicas de niños buscando el misterio. Era curioso que al verla no sentían miedo, y siempre volvían a visitarla. Sólo tenía un deseo, aun después de la muerte era capaz de desear como un humano. Esperaba encontrarle, ella nunca desechó su sueño en vida, pero parecía que ni en el país de la perpetua felicidad iba a conseguir lo que tanto anheló en vida.

En una de las visitas, una niña de mirada melancólica se acercó a preguntarla su secreto. Sabiendo que no la entendería, le habló de un sueño perdido. Enseguida se iluminó la sonrisa de la niña llenándose sus ojitos de chispas. La pequeña se consideraba una brujita capaz de cumplir los deseos de los tristes. Le aseguró que lo desearía tanto, que su sueño sería cumplido.

No había pasado un día completo, cuando entre la densa niebla se dibujó una figura que se acercaba a ella feliz. Fue tal la intensidad de su sentimiento, que si se descuida vuelve a la vida. Allí, en ese eterno abrazo, cayó todo obstáculo, toda zancadilla que la vida se había propuesto poner...



Bucanerita

EL AMOR NO TIENE EDAD.
 

El amor nunca termina, no tiene edad.


 


Felipa se hacía cruces, ¡lo que ve el que vive!, Pedro juega al dominó con los demás ancianos, pero ya no se atreve ni a levantar la vista de las fichas. Ella, mientras sigue bordando, recuerda los recientes acontecimientos que le llevaron  a esa situación, y menea la cabeza con pena.


 


Felipa no hace bien el punto de cruz, pero sus dibujos son llamativos. Los demás ancianos siempre se interesan por ellos, y ella muestra orgullosa lo poco que sabe hacer. Casilda siempre la mira con desdén y jamás se le ocurrió echarles una mirada. ¡Claro!. ella es una mujer muy culta, muy leída y escribida, como diría Felipa. Debe ser que eso la hace sentirse superior, y no se da cuenta que la humanidad se mide por sentimiento y sabiduría, no sólo por cultura.


 


El caso es que Pedro era muy dicharachero con todas las ancianas, y le gustaba pasarse a ver los bordados de Felipa, teniendo para ella siempre una palabra amable. Casilda que siempre está con veinte ojos puestos en todas, le empezó a enviar mensajitos a Pedro, amenazándole con retirarle su amor. Como esto no era suficiente se los mandaba también a Felipa acusándola de casquivana..


 


Pedro ya dejó de ser el mismo, cada vez que ve a Felipa, baja la vista temeroso. Ya no mira sus bordados. Felipa sonríe con pena pensando que Casilda no es mujer para Pedro. No se puede cortar la libertad de esa manera, no se puede retener el amor con el miedo. Ella también tiene celos de su Mariano cuando se le va la vista detrás de las otras ancianas. A veces se ha sentido enfadada, pero nunca se metió con ellas y tampoco quiso que Mariano las dejara de mirar.


 


Sigue bordando mientras le da vueltas a la cabeza, diciéndose que tanta cultura no enseña a tener principios, ni a saber comportarse. La prueba la tiene en Casilda, la de los anónimos, la que le gusta disfrazar la letra, pero a Felipa no la engaña, ¡pues menuda es ella!. Se conforma pensando que al menos su Mariano se mueve con libertad y la ama aunque mire a las otras. Lo de Pedro ya es harina de otro costal, no sabe si querrá mucho a Casilda, pero tiene seguro que le convertirá en un calzonazos.


Bucanerita

COBRAN VIDA.
 

Los árboles cobran vida.. Cada lamento de dolor humano no se pierde, queda vagando en el ambiente. Ondas que sea alejan y se cruzan con otras de alegría.


 


El viento todo lo mueve, y allí, en el bosque, los posa dándoles una forma caprichosa. Silenciosos y sabios árboles que crecen serenos atrapando el llanto.


 


Comprensivos acogen a todo forastero. Entre sus ramas, a su abrigo,  o a su sombra, se posan las aves canoras con su eterna canción melancólica; que cifrada enumera cada espina clavada en el corazón del hombre.


 


Toda la naturaleza se da cita solidaria, y la belleza crece desarrollando una tímida lágrima.


Bucanerita

EL APUESTO GATO.
 

Eran dos ratitas que no se conocían. Una de ellas era la ratita presumida, la otra, la ratita traviesa. Estaban en un mismo pueblo y en el había pocos pretendientes.

Un buen día se corrió la voz de que había llegado un gato muy apuesto. Era un gato un poco presumido, pues volvía locas a las gatitas y ratas de otras ciudades.

Se hizo una fiesta y se las presentaron. La ratita presumida se puso todos los lazos que vio en su casa. La traviesa, más pasota, decidió ir con vaqueros..

Como el gato se iba a quedar una temporada...pues la ratita presumida empezó a aprender declamación y se empapó de mil libros de poesía. Ensayó en el espejo mil poses distintas y estaba decidida a conquistarle. Al gato se le veía muy interesado por ella

La ratita traviesa se enamoró del apuesto gato, pero?.ella no sabía presumir, si se ponía un lazo, se le caía. Sólo la gustaba jugar, pero se estaba quedando triste, pues con eso no conquistaría al gato. Que podría aprender? Solo sabía amar y...como vio que estaba perdida en esta conquista, se dedicó a soñar poesías

El gato no se podía ir del pueblo sin una de ellas y tenía que elegir...

No se sabe a ciencia cierta a quien eligió, sólo se sabe que la ratita traviesa sueña llena de esperanza y algunas veces un poco triste

Pobre ratita traviesa, quizá se muera esperando


Bucanerita

LA MUERTE, UNA MALA JUGADA.
 

La muerte a veces puede ser una mala jugada, no para el que se va, sino para el que se queda.


Él la amaba y nunca se lo supo demostrar. Siempre se dedicó a llevar una vida que a ella le dio demasiados sinsabores. Su última jugada fue memorable e imperdonable. Sabía como ella le amaba y había pensado que todo lo habría resistido, pero fue  muy lejos en su actuación hasta destrozarla los nervios. Esto supuso una especie de iluminación para él. Se había dado cuenta que no quería perderla. Todo sería cuestión de intentar retomar lo perdido, la echaba en falta.


Tenía todo lo que había deseado, pero su egoísmo le pedía tenerla también. Se había pasado la vida indagando en la sicología de la mujer, era todo un seductor y confiaba en sí mismo. También confiaba en el amor que ella sentía.


Aunque llevaba un tiempo sin saber de ella, tendría un nuevo encuentro en el que no podría resistirse a sus juegos amorosos. El tiempo tendría la última palabra, todo se curaba con el.


Sus correos no eran contestados, tampoco le cogía el teléfono, y el tiempo pasaba. Ya era demasiado. No era su estilo, pero se decidió a escribir a la  mejor amiga que ella tenía.


La respuesta le dejó conmocionado, había muerto. Él se quedaba con sus elecciones y sin ella. A pesar del sufrimiento que esto conlleva, su vida estaba llena pero, aunque tarde se había dado cuenta que sin ella no sabía vivir. Ya nada había que se la pudiera devolver, el juego le había llevado tan lejos, que no era capaz de seguir viviendo con todo lo que adquirió, ni con el peso de saber que ella se fue pensando que nunca la amó.


Bucanerita

UN ESTALLIDO DE LUZ.
 

Un estallido de luz, e infinitas chispas cayeron por el manto del oscuro del cielo. A sus pies quedó una de ellas convertida en burbuja. Un ser diminuto pujaba por romperla ante la mirada atónita de él, que se creía encerrado en un sueño.

Flexible como una gimnasta olímpica, comenzó a hacer rodar su habitáculo. Quizá dándose contra alguna piedra lograra pincharlo. La hierba no la permitía ver, y rodaba, saltaba, haciendo mil piruetas que a él le hipnotizaban.

Paró de repente, quedando en una quietud extrema. Él temió que aquel pequeño ser hubiera quedado sin vida. Se acercó lentamente y la vio encogida con sus melenas cubriéndola la cara. No había podido contemplarla con todo detalle, y ese parecía ser el momento apropiado. Ella dormía agotada.

No era guapa, pero hacía que su corazón latiera con más prisa. No conseguía apartar sus ojos de aquel delgado y minúsculo cuerpo. Agachándose sostuvo la burbuja con sus manos, en las que se perdía, y no se pudo sustraer a llevársela.

El calor del bolsillo de su americana, la hizo diluir; pero quedó asombrado al ver la falta de humedad. La diminuta mujer quedó envuelta el polvo dorado.

Al llegar a casa, la puso sobre su cama y empezó a acariciarla tímidamente con un dedo. Estirando sus pequeños brazos, se levantó asustada, de un salto. Supo en ese momento que algo había cambiado en él. No sabía explicarlo; pero comprendía que ya no habría fuerza, tormenta, u obstáculo alguno en la vida, que le haría separarse de su microscópico capricho.


Bucanerita

ERA UN HADA.
 

Era un hada un poco menudita y...no muy hermosa, pero era un hada buena a la vez que muy traviesa. Dormía en las nubes, se columpiaba en las hojas, les tiraba del rabito a los conejos....Los ositos las abrazaban al verla, las comadrejas igual y...los murciélagos blancos. Todos la querían mucho, pero ella no era feliz en su mundo

Un día le dijo al viejo árbol: "Yo he soñado con un ser humano, es más bello que todos los habitantes del bosque, quiero ir tras él. Yo poseo mucho amor y sé que el me querrá tanto o más que los ositos y comadrejas" El árbol la dijo: " Sueñas muy alto, tu no eres para humanos, tu lugar es este bosque y quizá no consigas el sueño nunca"

El hada le contestó: " Siiiii, lo conseguiré, soy el hada del amor, cómo no me va a querer?" "Si no lo consigo, me destierras, pero te lo traeré y habitará con nosotros. seréis todos felices"

El hada partió tras su sueño llena de ilusión y conoció al humano y paseo con él. Conoció por vez primera la felicidad. Cantaba, reía; todo era más maravilloso que en el bosque.

Un buen día se encontró con una humana, y no miraba con buenos ojos al hada...Se dio cuenta que era la pareja de su hombre y....no sabía que hacer. No quería renunciar y sabía que debía. Al bosque ya jamás volvería. Le habló al hombre de su sueño, pero él tenía otro más bello que el de ella, pero no con hadas, con la humana.

El hada desesperada vagaba y vagaba, pero no se alejaba de él. Pensó que si era el hada del amor, tendría derecho a estar con el humano. Se equivocó el hada. El árbol era sabio. El humano y su mujer fueron felices porque el hadita desapareció.

Se sentía sola, triste, con miedo. Ya el bosque no era su casa y esa tierra tampoco. A dónde podía ir? El humano la decía que habría muchos que la querrían, que se fuera con otro, pero ella....solo quería ese sueño que nació con ella y era eterno, nunca podría tener otro.

Vagó,. volvía, se iba...y..un día buscó un rosal marchito y...en una rosa seca y casi sin pétalos se escondió. Durmió pensando en su sueño y ya jamás quiso despertar. La lluvia, el frío, los hielos acabaron con ella, pero, su amor quedó y dio vida a ese rosal, que resultó silvestre. El rosal es el más bello que existe, pero ya nadie ni humano, ni del bosque sabrá encontrarlo. Solo lo encontraran las parejas de enamorados que amen con amor verdadero y podrán cortar una rosa para su amada


Bucanerita

EL HUERTO.
 

El huerto estaba precioso, lleno de hermosura. El aire que respiraba era de amor; amor que sus dueños le prodigaban siempre. Estaba ufano con todos sus árboles, hortalizas y flores.


 


Sus rosas eran las más primorosas de la región; decían que las cuidaba un hada muy bella; era el hada Estrella irisada. Su amor la había llevado hacia ese huerto y nunca quiso separarse de él. Su amado príncipe ya no estaba; pero la esperaba en un lucero, el lucero más radiante que había adquirido para cuando fuese su amada a encontrarse con él.


 


En este lindo huerto se encontraba una higuera, era hermosa y estaba adornada con gráciles hojas de bordes lobulados. Sus flores daban un fruto del que todos decían era dulce y agradable; pero...su verdadero fruto eran las pequeñas semillas que se encontraban en su interior.


 


Eran semillas de amor, el gran amor que se encuentra en lo escondido.


 


Era muy presumida y coqueta esta higuera, pues sus semillas estaban enamoradas de un hombre muy apuesto y bello. Un hombre sensible que la cuidaba.


 


Este amor a veces la hacía sentirse triste; pues su dueño, el que la prodigaba tantos cuidados, se alejaba de ella por temporadas. Pero en el fondo nunca se dejaba abatir, ni dejaba de dar fruto, pues sabía que él la amaba en la distancia. Sabía que ese amor los mantendría unidos para siempre.


 


Sus frutos, llenos de deleite, brotaban como un regalo para su enamorado. Él la mimaba y cuidaba, no le importaban todos los trabajos que ella le pudiera dar, pues la amaba.


 


El amor engendra más amor, por eso este huerto, que estaba tan lleno de él, dio unas rosas tan lindas y una higuera enamorada.


 


Los sentimientos no entienden de distancias, de colores, de hombres o plantas, hadas o príncipes. El amor sólo entiende de ternura, cariño, adoración, caricias... y de melancolías y suspiros...


Bucanerita