Este documento, no pretende ser un modelo a seguir para la cría industrial, mas bien pretende dar una pequeña idea de los cuidados que deben tener los animales en una explotación tradicional, con pocos ejemplares, y no de una gran industria donde los animales son masificados en condiciones extremas, solo para generar carne.

 


La cría de pollos, es una empresa que bien llevada, puede ofrecer grandes satisfacciones, ver como crecen los pequeños, mira este es negro aquel rojizo. hay muchas variantes para criar pollos, trataremos de explicarlas todas, por ejemplo se puede incubar el huevo artificialmente y calentar el pollo artificialmente, o se puede incubar artificialmente y los pollos ponerlos a una clueca, o se puede incubar con cluecas y calentar al pollo artificialmente, o que todo lo hagan las cluecas.....

Aquí voy a explicar algo sobre estas pequeñas explotaciones, para el que le interese una producción a gran escala, supongo que en la red debe de haber algo para él, pero desde luego que lo que aquí se explica no le va ha servir.

Vamos a comenzar por el huevo, aunque no fuese primero que la gallina, y con todo el proceso artificialmente.

Los huevos de gallina que vamos a destinar a la incubación artificial, deben ser retirados dos o tres veces al día.

Los limpiamos bien con agua tibia y los ponemos a la incubadora a 37.5 (aprox) según el tipo de incubadora que utilicemos.

Si todo lo hemos hecho bien, al cabo de unos 21 días, debería nacer un pollito, ¿qué hacemos con él?.

Los pollitos nada más nacer, ya son capaces de sobrevivir por si solos, pero necesitan de algunos pequeños detalles para su perfecto desarrollo sin incidencias.

Es posible que durante los dos o tres primeros días no nos coma nada, tranquilos, nacen con unas reservas de alimento que les permite vivir bien durante unos días, pero también es aconsejable que se le pruebe de enseñar donde está la comida, y sobre todo y esto si desde el primer día de nacer, el agua. Deben encontrar el agua con suma facilidad, pero sin que caigan en ella.

También tenemos que proporcionarles calor pues según donde vivamos o la época del año que estemos, pueden sufrir frío y podrían morirse.

Así pues, cogemos al pollo recién nacido, y lo ponemos en una nacedora, ¿qué es una nacedora?.

Como su nombre nos sugiere, una nacedora es un aparato que nos ayuda a la hora del nacimiento del pollo, puede ser una caja o un pequeño armario viejo, lo importante es que esté dotado de un sistema para generar el calor suficiente para que el pollo recién nacido se encuentre confortable.

La temperatura ideal es de 37-37.3º Centígrados y la humedad dependerá del grado de desarrollo del huevo, el huevo se debe colocar a la nacedora como mínimo el día antes que el pollo tenga fechado su nacimiento. Entonces la humedad relativa debe ser del 15-20%. Y en el momento en que el pollo empieza a nacer, hay que subirla hasta el 70% (aprox). Las razones son sencillas: cuando el pollo tiene que empezar a romper la cáscara, esta debe haber perdido parte del agua para que le sea más fácil romperla y así asegurarnos el máximo número de nacimientos. Pero en el momento en que el pollo hace el primer agujero, hay que subir bastante la humedad, por que de lo contrario, las plumas del pollo se secan y se quedan enganchas a la cáscara, impidiendo con ello que pueda girar dentro del huevo par ir rompiendo la cáscara.

Justo después de su nacimiento, cuando el pollo ya está completamente fuera del huevo, hay que volver a bajar la humedad hasta el 20-30% mas o menos, para que el pollo se seque.

El suelo de la nacedora, debe ser rugoso, nunca liso porque de lo contrario los pollos no se pueden poner en pie y pueden aparecer lesiones. Nada más nacer, los pollos según se vayan secando, intentarán ponerse en pie.

Como ya hemos dicho, los primeros días puede ser que no coman y con ello pierdan algo de peso pero nuestro trabajo debe centrarse en conseguir que el animal sepa por lo menos donde esta la comida y el agua, que poco a poco cuando el hambre aprieta, ya se procuran.

Si todo hasta ahora ha ido bien, a partir de los diez días de nacer, debemos ir bajando la temperatura gradualmente, dos o tres grados cada dos días, hasta alcanzar la temperatura ambiente, momento en el cual los podemos cambiar a otro sitio, ya sin calefacción.