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Para empezar existen en el planeta tres medios diferentes en los que se desarrolla la vida: la tierra, el agua y el aire. Son tres medios radicalmente distintos, en los que la adaptación de las especies al mismo les da características especiales y singulares. Pero aún más, dentro de cada uno de estos medios, y en función de sus irregularidades geográficas, se individualizan espacios con características diferentes, en los que se desarrollan formas endémicas de vida. Un endemismo es una especie exclusiva de un lugar. Estas formas, con ser abundantes, no son las únicas. En cada uno de estos espacios se desarrollan multitud de especies que viven entre dos medios. Además, hay especies, que interactuando unas con otras, cierran ciclos en los que se traspasa energía y materia de un sistema a otro, como el ciclo del sol o la cadena trófica.
Cada uno de estos espacios en los que se desarrolla la vida de una forma equilibrada, entre animales, plantas, suelo y clima, se llama ecosistema. En él existen todos los intercambios necesarios para el mantenimiento de todas las especies. Pero cada ecosistema no está aislado de los que tiene a su alrededor, sino que por el contrario existen competencias entre ellos, formando zonas mixtas de transición, en las que las especies de diversos ecosistemas compiten por el espacio. Incluso, aunque los tres medios que existen en la Tierra parecen radicalmente distintos, tierra, aire y agua, no son independientes, ya que interactúan unos con otros para proporcionar oxígeno, agua, detritos y otros elementos que se intercambian entre los tres medios, haciendo que se modifiquen sus flujos de circulación, e incluso su aspecto y su relieve.
Los ecosistemas en
los que se cumplen todas las transferencias
necesarias
para su mantenimiento no tienen porqué ser permanentes, sino que
se modifican con mayor o
menor rapidez a lo largo
del tiempo. Las condiciones climáticas, edáficas y de competencia
por el medio entre las especies, pueden cambiar. El equilibrio se
mantiene
entre unos umbrales máximos
y mínimos,
traspasados los cuales comienzan a actuar unos procesos nuevos, hacia
el
establecimiento de otro ecosistema diferente. Este umbral no es el
mismo
para todas las especies de una biocenosis, pero será la especie
dominante, o la que necesite un mejor estado del
ecosistema, la
que nos advierta sobre la posibilidad de un cambio irreversible. Este
cambio
es más frecuente, y delicado, en las zonas de transición
entre ecosistemas.
Los factores
que influyen en la diversidad de la naturaleza, y cuyos umbrales son
decisivos
para establecer el equilibrio ecológico son: el
suelo, el clima y
la asociación entre
especies, o biocenosis.
También tendremos
que tener en cuenta las modificaciones
antrópicas
de la biocenosis.
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