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La falta de calor hace que los suelos estén permanentemente helados (permafrost), lo que impide el desarrollo de la vegetación. El corto período vegetativo y la escasez de las precipitaciones, unido a los fuertes vientos y al acortamiento del fotoperíodo no hace la región favorable para la vida.
La vegetación típica está representada por especies herbáceas, fanerógamas de porte herbáceo, musgos, líquenes y algunos arbustos en las zonas más protegidas.
El poblamiento animal es muy pobre, ya que tampoco son abundantes las especies vegetales. Deben tener pieles gruesas y grandes reservas de grasas. Predominan el oso blanco, el buey almizclero, los renos, los caribús, el zorro, las gaviotas, las morsas, la foca y el pingüino. Estas especies se ven forzadas a la emigración o a la hibernación durante el invierno. El suelo helado no permite la vida subterránea. Los animales que viven en latitudes más altas deben procurarse su alimento en el mar, ante la ausencia de plantas.
La vegetación de coníferas es perennifolia por lo que el aporte orgánico al suelo es muy escaso y ácido. Esto implica que el cortejo florístico sea muy pobre; predominan los abedules, álamos, mimbres, alisos, serbales, etc.; y las criptógamas: como líquenes, helechos y musgos.
La fauna es variada, en la que predominan las especies invertebradas, insectos y gusanos. Muchos animales, que han de adaptarse al medio, y recurren a la emigración o a la hibernación para pasar en invierno. Encontramos carnívoros como el lince, el zorro, el lobo, la marta, el visón o la comadreja; herbívoros como el reno, el ciervo o el alce. Y roedores como el conejo, el ratón o la liebre. Además del oso.
El suelo
es pobre a causa de la masiva presencia de perennifolias, y está,
frecuentemente, helado, es de tipo podsol
o permafrost, y
en sitios húmedos
de turba.
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