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La descomposición de la roca madre puede hacerse por disgregación, o factores físicos y mecánicos, o por alteración, o descomposición química. En este proceso se forman unos elementos muy pequeños que conforman el suelo, los coloides y los iones. Dependiendo del porcentaje de coloides e iones, y de su origen, el suelo tendrá unas determinadas características.
La materia orgánica procede, fundamentalmente, de la vegetación que coloniza la roca madre. La descomposición de estos aportes forma el humus bruto. A estos restos orgánicos vegetales se añaden los procedentes de la descomposición de los aportes de la fauna, aunque en el porcentaje total de estos son de menor importancia.
La descomposición de la materia orgánica aporta al suelo diferentes minerales y gases: amoniaco, nitratos, fosfatos, etc.; en su mayoría con un pH ácido. Estos son elementos esenciales para el metabolismo de los seres vivos y conforman la reserva trófica del suelo para las plantas, además de garantizar su estabilidad.
El suelo se clasificar
según su textura: fina
o gruesa, y por
su estructura: floculada,
agregada o dispersa,
lo que define su porosidad
que permite una mayor o
menor circulación del agua, y por lo tanto la existencia de especies
vegetales que necesitan concentraciones más o menos elevadas de
agua o de gases. El suelo también se puede clasificar por sus características
químicas, por su poder de
absorción
de coloides y por su grado
de acidez (pH),
que permite la existencia de una vegetación más o menos necesitada
de ciertos compuestos. Esta vegetación puede ser acidófila,
halófila, etc.
En el suelo se distinguen
tres
horizontes:
El horizonte A en el que se encuentran los elementos orgánicos, finos o gruesos, y solubles, que han de ser lixiviados.
El horizonte B en el que se encuentran los materiales procedentes del horizonte A. Aquí se acumulan los coloides provenientes de la lixiviación del horizonte A. Tiene una mayor fracción mineral.
El horizonte C es la zona de contacto entre el suelo y la roca madre. La región en la que la roca madre se disgrega.
La secuencia repetida de los perfiles del suelo, asociados a la forma de la pendiente, se llama catena. Los perfiles se suceden regularmente y con las mismas características desde el interfluvio hasta el fondo del valle, presentando valores progresivos, en el grado de lixiviación y migración de coloides.
Por sus características biológicas los suelos pueden ser:
Suelos
mull
, o
de humus elaborado. Tiene una actividad biológica intensa,
sobre todo de la fauna y microorganismos que se alojan en el suelo y
descomponen
rápidamente la materia orgánica del mismo. Aparecen en regiones
de temperatura elevada y humedad mediana. El suelo está bien aireado.
La roca madre suele ser calcítica y la vegetación rica en
nitrógeno.
Suelos mor, o de humus bruto. Son suelos biológicamente poco activos. La vegetación tiende a ser acidificante, pobre en nitrógeno, y la roca madre silícica. La lentitud de los procesos de descomposición favorece que se forme un mantillo de materia orgánica mal descompuesta.
Suelos moder, con un tipo de humus intermedio entre el mull y el mor. En realidad se trata de la degradación desde el bosque caducifolio a la pradera alpina.
Suelos
de turba, que son suelos formados en condiciones anaeróbicas,
permanentemente cubiertos de agua. La fauna y la flora se reduce a
especies
microscópicas y pequeños hongos. La transformación
de la materia orgánica es muy lenta, y se acumula en grandes
cantidades.
Las turbas pueden ser tanto ácidas como básicas. Según
las condiciones climáticas y topográficas los suelos pueden
variar de un tipo a otro.
Suelo
permafrost o pergelisol,
que por la falta de
calor está permanentemente helado, lo que impide el desarrollo de
la vegetación. En un suelo permafrost podemos diferenciar la zona
helada
de la capa de mollisol
,
que se deshiela en verano y se hiela en invierno.
Si son resultado de fenómenos erosivos, pueden ser: regosoles, si se forman sobre roca madre blanda, o litosoles, si se forman sobre roca madre dura. También pueden ser resultado de la acumulación reciente de aportes aluviales. Aunque pueden ser suelos climáticos, como los suelos poligonales de las regiones polares, los reg (o desiertos pedregosos), y los ergs, de los desiertos de arena.
Los suelos ránker son más o menos ácidos y tienen un humus de tipo moder o mor. Pueden ser fruto de la erosión, si están en pendiente, del aporte de materiales coluviales, o climáticos, como los suelos de tundra y los alpinos.
Los suelos rendzina se forman sobre una roca madre carbonatada, como la caliza, y suelen ser fruto de la erosión. El humus típico es el mull y son suelos básicos.
Los suelos de estepa se desarrollan en climas continentales y mediterráneo subárido. El aporte de materia orgánica es muy alto, por lo que el horizonte A está muy desarrollado. La lixiviación es muy escasa. Un tipo particular de suelo de estepa es el suelo chernozem, o brunizem o las tierras negras; y según sea la aridez del clima pueden ser desde castaños hasta rojos.
Los suelos pardos son típicos del bosque templados y el tipo de humus es mull.
Los suelos lixiviados son típicos de regiones de gran abundancia de precipitaciones en el clima templado, dominados por los procesos de lixiviación. El tipo de humus también es mull.
Los podsoles son suelos de podsolización acentuada; es decir, tienen gran acumulación de elementos ferruginosos, silicatos y alumínicos en el horizonte B. La lixiviación arrastra estos elementos del horizonte A al B. El humus típico es el mor.
Los suelos
podsólicos tienen una podsolización limitada. Son
de color ocre claro o rojizo. El tipo de humus es mor.
Tanto este como el anterior son típicos de los climas templados.
Los suelos
ferruginosos se desarrollan en los climas cálidos con una
estación seca muy marcada. A este tipo de suelo pertenece el
suelo
rojo mediterráneo. Se caracterizan por la rubefacción
de los horizontes superficiales. En ocasiones se desarrolla la terra
rossa sobre roca madre
caliza.
Los suelos ferralíticos se encuentran en climas cálidos y muy húmedos. La roca madre está alterada y libera óxidos de hierro, aluminio y sílice. Son suelos muy lixiviados. Estos suelos pueden tener caparazón si se ven sometidos a la erosión o a migraciones masivas de coloides.
Los suelos gley son suelos hidromorfos, en los que los procesos de descomposición de la materia biológica se hacen de manera anaeróbica, y la carga orgánica es abundante y ácida. Se encuentran en condiciones de agua estancada. Es un suelo asfixiante, poco propicio para la vida. La presencia de agua es permanente, como ocurre en la orilla de los ríos y lagos. Es de color gris verdoso debido a la presencia de hierro ferroso.
Los suelos pseudogley son semejantes a los gley; pero la capa freática es temporal, por lo que se alternan los períodos húmedos con los secos. Este suelo y el anterior suelen tener humus de turba.
Los fenómenos
de hidromorfia son los
responsables de la lixiviación
de los suelos y de la capacidad de estos para contener vida en las
épocas
secas. Si la hidromorfia no es muy acusada tendremos otro tipo de suelo.
Los suelos
halomorfos presentan abundancia de cloruro sódico, ya sea
de origen marino o geológico. Según el grado de saturación
y de lixiviación se distinguen:
Suelos solonchaks, que aparecen en regiones con una estación muy seca, debido a los fenómenos de migración ascendente de los coloides salinos, y no tiene horizonte B.
Suelos alcalinos, que aparecen en climas ligeramente más húmedos, se trata de suelos solonchaks que reciben aportes de agua dulce.
Los suelos solonetz son alcalinos y reciben aportes minerales y orgánicos producto de la lixiviación. Estos coloides forman un horizonte B salino, pero el horizonte A está menos saturado.
Y suelos solods que tienen una lixiviación más intensa que los solonetz, lo que permite que se produzcan fenómenos de podsolización.
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