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En la troposfera es donde se encuentran la mayor parte de los gases y el vapor de agua de la atmósfera, y su turbulencia afecta directamente a la corteza terrestre modelando su relieve. Por encima de la troposfera se sitúan: la estratosfera, la mesosfera y la termosfera; con gases cada vez más enrarecidos, y con las respectivas tropopausa, estratopausa y mesopausa. No sabemos casi nada del papel que tienen en la definición del clima terrestre. Lo más estudiado es el estrato o «capa de ozono» en la estratosfera, de la cual sabemos poco más que se sitúa a unos 50 km de altitud y que es la encargada de absorber la mayor parte de las radiaciones ultravioletas que llegan a la Tierra, por lo que se constituye en una importante reserva de calor. Esta capa emite calor, y la influencia de ese calor define la ruptura del gradiente térmico vertical de la tropopausa y la estratopausa. Muy probablemente la potencia del estrato tenga que ver con la temperatura media de la Tierra, ya que cuanto más grueso sea más calor absorberá.
En la troposfera
es donde tienen lugar los cambios de tipo
de tiempo
que nos interesan, y más nos afectan. Se
compone
fundamentalmente de nitrógeno
78%, oxígeno
21% y argón 1%, así como de
CO2
y otros gases menores, todos ellos en proporciones más o menos
estables.
También contiene vapor de agua, agua,
polvo y núcleos
higroscópicos en suspensión, pero su proporción
en la atmósfera es variable
según los
lugares. La concentración de vapor de agua y agua en suspensión
depende de la existencia de un área de evaporación o una
temperatura reducida.
La temperatura
en la troposfera, de manera general, tiene un gradiente
adiabático térmico vertical negativo, de 1 ºC
para las masas de aire no saturadas y de 0,5 ºC para las masas de
aire
saturadas, por cada 100 metros de altitud. Los cambios
de temperaturas
adiabáticos son aquellos que
suceden en un gas, o en el aire, sin la intervención de ninguna
fuente externa de frío o calor. Se calienta cuando se comprime y
se enfría cuando se expande.
Decimos que una masa
de aire está saturada
cuando su humedad
relativa es del 100%.
No obstante, en condiciones
particulares, como la inversión
térmica, esto puede variar, y el gradiente
negativo convertirse
en positivo, es decir, aumentar según ascendemos. El que una masa
de aire esté o no saturada, sea húmeda o seca, o tenga
o no la misma temperatura que otra contigua supone que pueda ascender,
estabilizarse o descender; es decir, que la atmósfera
esté estable, cuando la masa
de aire desciende,
o esté estática, o que esté inestable,
cuando asciende: en cuyo caso puede llover. Distinguimos dos
tipos de inversión térmica: la inversión
de gran altura, debida a una convergencia frontal, cuando
una masa
de aire caliente es forzada a ascender dinámicamente; y la superficie
de inversión, más localizada, que se produce en
situaciones
de anticiclón térmico,
cuando el
aire desciende por enfriamiento y la pérdida de temperatura es mayor
en las capas bajas que en las altas.
La humedad
de una masa de aire no depende de la cantidad
de agua por
metro cúbico que contenga, eso es la humedad
absoluta y obedece a la evaporación, sino de la capacidad
del aire para absorber agua. Esta capacidad depende de la temperatura
del
aire, puesto que esta absorción de agua necesita energía
calorífica. A esta capacidad se le llama humedad
relativa
y se mide en tantos por ciento.
Para una misma humedad
absoluta, la humedad relativa aumenta cuando desciende la temperatura.
Para el clima lo más
interesante es la humedad
relativa ya que una masa de aire saturada, o cercana a la saturación,
es una masa de aire húmeda y las plantas pueden aprovechar su agua;
mientras que de una masa de aire seca no; aunque tenga mayor humedad
absoluta.
En realidad, todo depende de la presión
de vapor de agua.
Además, la
atmósfera pesa, a una media de 1013
milibares
(o hectopascales) al nivel del mar, aproximadamente una tonelada por
centímetro
cuadrado. Pero cuando el aire está
frío desciende, haciendo aumentar la presión y provocando
estabilidad. Se forma,
entonces, un anticiclón
térmico. Cuando el arie
está
caliente
asciende, haciendo bajar la presión y provocando inestabilidad.
Se forma, entonces un ciclón, o borrasca
térmica.
Sin embargo, también es cierto que el
aire frío
y el cálido tienden a no mezclarse, debido a la diferencia
de densidad, y cuando se encuentran en superficie
el aire frío empuja hacia arriba al aire caliente provocando un
descenso de la presión e inestabilidad, por causas dinámicas.
Se forma, entonces un ciclón, o borrasca
dinámica.
Esta zona de contacto es la que se conoce como
frente.
Cuando el aire frío y el cálido se encuentran en altura
descienden en convergencia dinámica,
haciendo
aumentar la presión y provocando estabilidad, y el consiguiente
aumento de la temperatura. Se forma, entonces un anticiclón
dinámico. Es el mecanismo
convectivo. En un frente podemos diferenciar varios tipos
de nubes dependiendo de su altura: irisadas, cirros,
cirrocúmulos
y cirroestratos (altas);
altoestratos y altocúmulos
(medias); nimboestratos,
cúmulosestrato, cúmulos
y estratos (bajas). Cuando se
acerca un frente comenzamos
a ver las nubes más altas, hasta que llegan las bajas.
Además,
tenemos las nubes de desarrollo vertical
que forman las tormentas: cúmulos y
cumulonimbos.
Las nubes medias pueden dar
lloviznas débiles
y las bajas lluvias y nieblas húmedas. Las lluvias que más
lluvias dan son los nimboestratos.
Vemos que la presión
del aire no es uniforme, sin embargo tiende a serlo. Las disparidades
de presión generan desplazamientos de las masas de aire en
forma de vientos, tanto más
fuertes cuanto
mayores sean las diferencias de presión contiguas. La dirección
de los vientos es siempre de las altas a las bajas presiones,
y en
general de oeste a este,
debido
a la rotación de la Tierra.
Las diferencias
de presión pueden ser regionales, pero también locales
que generan brisas térmicas. Los vientos
locales
generados por las brisas térmicas
se deben
a la existencia de dos medios diferenciados con temperaturas
notablemente
contrastadas, como la tierra y el mar o las cumbre y los valles de las
montañas. Las brisas marinas
se caracterizan
porque la tierra, durante el día se comporta como zona cálida
y el aire asciende «dejando sitio» al aire más frío
del mar, y por lo tanto en superficie el aire circula del mar a la
tierra.
Por la noche la zona más cálida es el mar, es aquí
donde el aire asciende «dejando sitio» al aire más frío
de la tierra, y por lo tanto en superficie el aire circula de la tierra
al mar. Lo mismo ocurre en las montañas.
Durante
el día la cima se comporta como zona cálida y el aire asciende
«dejando sitio» al aire más frío del valle, y
por lo tanto en superficie el aire circula del valle a la cima. Por la
noche la zona más cálida es el valle, es aquí donde
el aire asciende «dejando sitio» al aire más frío
de la cima, y por lo tanto en superficie el aire circula de la cima al
valle. La dirección de los vientos se mide
en las estaciones meteorológicas y se
representan
en una rosa de los vientos.
Otro de los elementos
que influyen en el clima es la distribución
de la
energía calorífica que llega del Sol. La Tierra obtiene
la energía suplementaria que necesita de su proximidad al Sol. Del
Sol nos llegan
radiaciones en forma de calor,
pero
esas radiaciones no se distribuyen uniformemente por toda la Tierra.
Esto
ocurre porque los rayos
solares llegan paralelos
a la Tierra, pero al ser
esférica la cantidad
de superficie que deben calentar es menor en el ecuador
que en los
polos. La cantidad de energía por unidad de superficie disminuye
con el aumento de la latitud. Esta variación es decisiva en la
distribución
de las temperaturas en la Tierra, las latitudes bajas son cálidas
y las altas frías. Pero, además de la cantidad de energía
por unidad de superficie, debemos tener en cuenta el albedo
o porcentaje de energía reflejada, la limpieza de la atmósfera,
y la advección de masas de aire
alóctonas,
que compensan las diferencias, dulcificando el clima de todo el globo.
También debemos tener en cuenta que la distribución de energía
no es constante a lo largo del año, sino que sufre una variación
estacional por el hecho de que el plano del
ecuador, está
inclinado 23º 27’ sobre el plano de la eclíptica, y el eje
de rotación de la Tierra 66º 33’; latitudes que corresponden
respectivamente a los trópicos y los círculos polares. El
movimiento
de traslación de la Tierra hace que el ángulo de mayor
incidencia de los rayos solares se desplace entre el trópico de
Cáncer y el trópico de Capricornio, lo que da lugar a las
estaciones y a los ciclos anuales de tipos de tiempo.
En la distribución
de las temperaturas, y sobre todo en su contraste, tiene
mucho que
ver la distribución de las masas de agua
y las tierras.
La diferencia de calor específico permite que en las regiones cercanas
a grandes masas de agua las temperaturas sean más constantes. El
agua absorbe calor, y lo desprende, más despacio que la tierra,
por lo que puede calentar o enfriar el ambiente. Además, en las
regiones cercanas a masas de agua oceánicas las temperaturas pueden
estar modificadas por la existencia de corrientes marinas, bien
cálidas,
bien frías. Su influencia
es decisiva.
La ausencia de este mecanismo se llama continentalidad.
La continentalidad
es otro factor fundamental que define el clima ya que la
lejanía
de las grandes masas de agua dificulta que llegue aire húmedo hasta
estas regiones. En estas regiones se observa un aumento
de
la amplitud térmica y descenso de las precipitaciones
debido
a la ausencia de masa de agua. De esta manera se dificulta el efecto
invernadero.
La amplitud u oscilación térmica es
la diferencia entre la temperatura más cálida y la más
fría registradas a lo largo de un año o de un día.
Las masas de aire
menos saturadas son menos eficaces a la hora de conformar el efecto
invernadero.
El efecto invernadero es un
mecanismo natural que
garantiza que en la Tierra durante la noche no desciendan las
temperaturas
hasta límites insoportables para la vida. Consiste
en el calentamiento de la atmósfera por parte de la radiación
de onda larga. La radiación de onda corta no calienta la
atmósfera pero sí el agua y las rocas. Durante la noche la
energía acumulada en estas superficies se desprende en forma de
calor, onda larga capaz de calentar la atmósfera. No obstante, la
analogía no es total, ya que en un invernadero, además de
este mecanismo, el aire se calienta adiabáticamente
debido a su concentración y ausencia de turbulencias, cosa que no
sucede en la atmósfera. Se discute la influencia del aumento
de los gases invernadero en este mecanismo.
Pero ¿qué
es lo que hace que un gas sea invernadero? El Sol emite
radiaciones
a una temperatura de unos 6.000
ºC lo
que significa que la mayoría de las radiaciones están en
el ultravioleta cercano, la luz visible y el infrarrojo cercano. Con
estas
longitudes de onda los gases más comunes en la atmósfera
terrestre (nitrógeno, oxígeno y argón) apenas tienen
capacidad de absorción (salvedad hecha de ozono con los rayos
ultravioleta)
por lo que llegan a la superficie terrestre calentándola. Esto se
debe a que las moléculas de nitrógeno, oxígeno y argón
son muy ligeras y su nivel de vibración fundamental se alcanza a
temperatura ambiente, por lo que la interacción con la radiación
infrarroja apenas modifica su estado. La superficie de la Tierra emite
el calor acumulado, a temperaturas mucho más bajas que las del Sol
(unos 27 ºC) en longitudes de onda del infrarrojo medio. Un
gas invernadero es aquel que absorbe radiaciones de
infrarrojos
ente las 5 y las 50 milimicras, que es la longitud de onda mayoritaria
en la que se encuentra el calor emitido por la superficie terrestre.
Con
estas longitudes de onda interfieren con las moléculas de H2O,
el CO2, el metano y los otros
gases invernadero presentes
en la atmósfera haciéndoles vibrar, rotar y transladarse;
es decir calentarse. Ese movimiento suplementario de las moléculas
de los gases hace aumentar su temperatura.
El relieve
es un factor decisivo en el clima de muchas regiones. La altitud
refresca la temperatura y enfría las masas de aire, debido al
mencionado
gradiente
adiabático térmico vertical negativo. La cercanía
a grandes masas de agua hace aumentar la humedad absoluta de las masas
de aire, las cadenas montañosas y las costas rectifican el régimen
de vientos, los grandes relieves generan el
efecto
barrera
y el efecto foehn.
Incluso la continentalidad
es uno de los factores de clasificación de los climas.
El efecto
barrera es el que sufre el aire frío al ascender en altura
por causa de la presencia de un relieve. Ese ascenso le hace perder
temperatura
y por lo tanto aumenta la humedad relativa hasta, saturarse y hacer que
llueva. El efecto foehn es
el contrario. Una vez que
el aire se ha secado en la vertiente de barlovento, pasa la cima y
desciende
por la ladera contraria provocando vientos muy fuertes, secos y
cálidos.
En Estados Unidos se llama efecto chinook
,
en los montes Dálmatas bora
y en los Andes
argentinos zonda.
A escala planetaria
encontramos el balance hídrico,
el movimiento
cíclico del agua entre la atmósfera y la superficie de la
Tierra, a escala planetaria, en el que se tienen en cuenta las
precipitaciones,
la evapotranspiración, la humedad y la arroyada. También
incluye los datos de las corrientes oceánicas.
La convección
consiste en la transferencia de las partículas que forman
un líquido, gas o fluido, debido a las diferencias de presión
y temperatura. Cuando una masa de aire se
calienta
más que su entorno se expande y asciende creando una corriente
ascendente en la que va perdiendo calor y densidad, y por
lo tanto
inestabilidad,
hasta igualarse con la
temperatura del entorno. En
ese momento el aire se expande
horizontalmente empujado
por la corriente ascendente. Abajo
el descenso de
presión provocado por el desalojo del aire
es sustituido por aire frío
que se va calentando
y alimentando la columna de aire ascendente. En altura,
cuando el aire se enfría desciende,
generando
una columna de aire descendente,
y por lo tanto estabilidad.
En su descenso el aire se calienta
progresivamente
hasta llegar al suelo, donde
se expande
horizontalmente. Parte de ese aire realimenta la columna
de aire
ascendente porque vuelve a ocupar el vacío dejado por el aire caliente.
Se forma, así, una célula de circulación
llamada célula convectiva. En la atmósfera este
es el mecanismo que explica desde las tormentas, células
convectivas pequeñas, a la circulación general
de la atmósfera.
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