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El efecto que estas diferencias de temperatura y humedad tiene en la distribución altitudinal de la vegetación es trascendental. En la cliserie se suelen diferenciar cuatro pisos: basal, montano, subalpino y alpino, situados a diferentes alturas y con diferentes espesores según las distintas montañas y orientaciones. En realidad la cliserie es la sustitución de una comunidad de plantas por otra debido a un cambio en las condiciones del clima. Se puede producir en un mismo lugar a lo largo del tiempo, o por los cambios que introduce en el clima la altitud de una montaña. Antiguamente se decía climaserie.
El clima de
montaña tiene una especial importancia en Europa.
Aunque no tiene montañas muy altas, sí son montañas
muy humanizadas y de gran importancia económica y ecológica.
En una montaña
mediterránea, por ejemplo, podemos encontrar en la
cliserie:
bosque mediterráneo, en el piso basal;
robledal,
en el piso montano; bosque
de frondosas en el piso
subalpino; y coníferas y pradera alpina en el piso
alpino. Este hecho hizo creer a muchos geógrafos y
naturalistas
que el clima observable en altura, en una montaña cualquiera, era
reflejo local de la variedad climática latitudinal. Sin embargo,
esto no es cierto. Hay que tener en cuenta que los procesos
morfogenéticos de unos pisos interfieren
en los otros, sobre todo en los inferiores, pudiendo borrar las huellas
de esta gradación. Lo que sí parece observarse es que el
descenso de temperatura y el aumento de la humedad con la
altura,
provoca una cliserie en la
que están representadas
progresivamente las especies menos termófilas y con mayores
exigencias de agua que permite la biocenosis zonal en la
que se
encuentra enclavada la montaña. Pero también las especies
adaptadas a los peores suelos,
ya que la pendiente
genera fenómenos de migración de los coloides,
empobreciendo los suelos en altura.
Las montañas que se encuentran en climas de transición, o entre dos biocenosis, presentan en su cliserie especies de ambas biocenosis, y generalmente se reparten los suelos orientados a solana y umbría. Es el caso típico de la montaña mediterránea.
También es cierto que las variaciones climáticas del pasado conllevaron una distribución de la biocenosis diferente, y han podido quedar, de manera residual, en los lugares montañosos más favorables, enclaves de una biocenosis en otra. Estos enclaves se mantienen de forma precaria alimentándose a sí mismos, y una ligera degradación del entorno puede hacerlos desaparecer sin posibilidad de recuperación.
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