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En un estudio que publica hoy «Science», este grupo detalla los resultados de su análisis sobre la evolución natural de las temperaturas en las aguas superficiales del Mediterráneo a lo largo de los últimos 250.000 años, una tarea que fue posible con el estudio de sedimentos obtenidos en perforaciones de los fondos del Mar de Alborán.
Los resultados de esas pesquisas indican que hace de 230.000 a 130.000 años, cuando tuvo lugar el último periodo interglacial, se produjeron alteraciones repentinas de las temperaturas del mar Mediterráneo. Los episodios de rápido calentamiento fueron más frecuentes que los de enfriamiento durante el periodo interglacial (desde hace 230.000 a 130.000 años atrás) a medida que la órbita terrestre se hacía más circular.
Los periodos de temperaturas calientes también fueron más largos en las aguas del Mar Mediterráneo que bañan nuestras costas. Las variaciones medias de calentamiento y enfriamiento eran generalmente de 2,5 a 5 grados centígrados cada miles de años. No obstante, en algunos casos la temperatura del mar llegó a subir 10 grados en sólo mil años.
Este investigador del CSIC señala que el estudio también plantea la necesidad de analizar los niveles de dióxido de carbono con los que el planeta se está enfrentando, ya que, según Grimalt, mantener elevados niveles de ese gas de «efecto invernadero» puede ser perjudicial para mantener la estabilidad del clima mundial. En esta investigación también participaron científicos de la Universidad de Florida.
Fuente: ABC
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Es conocido que las variaciones del clima ocurren a escalas de tiempo diferentes y que el conocimiento de los mecanismos que gobiernan el cambio climático en sus distintas escalas es fundamental en el establecimiento de modelos que permitan pronosticar aspectos del clima futuro. Así, la escala orbital está regida por la Teoría Astronómica de Milankovitch, por la que se explica la sucesión de épocas glaciares e interglaciares durante el Cuaternario mediante las variaciones en tres parámetros orbitales: precesión, oblicuidad y excentricidad. Estos parámetros son los que controlan la insolación que recibe nuestro planeta y, por tanto, a grandes rasgos, el clima. Sin embargo, los cambios climáticos abruptos que se han observado durante el último estadio glaciar y el Holoceno, como los llamados ciclos de Dansgaard-Oeschger, eventos de Heinrich y ciclos de Bond, no tienen cabida en esta teoría. Todos ellos suponen variaciones muy significativas de temperatura y humedad en nuestro planeta que se desencadenan muy rápidamente (pocas decenas de años) y que tienen una ciclicidad no explicable por la teoría de Milankovitch (Bond et al., 1999). Actualmente, la hipótesis más aceptada para explicar estas variaciones a escala de cientos de años se basa en la inestabilidad propia de la circulación termohalina, que provoca importantes alteraciones en el transporte de calor realizado por los océanos de nuestro planeta. Otras posibles causas hacen referencia a la dinámica interna del manto de hielo de Groenlandia o a la variación en la circulación atmosférica (Labeyrie and Elliot, 1999). A pesar de las distintas hipótesis, la explicación de los mecanismos climáticos responsables de estos eventos está plenamente abierta en la actualidad.
Con el objetivo final de conocer si esta variación climática rápida se observaba o no en la región Mediterránea, se procedió a estudiar un sondeo marino obtenido en el Mar de Alborán (Mediterráneo Occidental). El análisis de biomarcadores moleculares demostró sin lugar a dudas que la temperatura superficial del agua del mar osciló en paralelo a la variación de la temperatura atmosférica detectada en los sondeos de hielo de Groenlandia durante el último ciclo glaciar (Cacho et al., 1999). Por primera vez se ponía de manifiesto esta importante conexión entre las altas latitudes y el Mediterráneo a escala de los ciclos de Dansgaard-Oeschger. Las investigaciones polínicas, sedimentológicas y geoquímicas llevadas a cabo en el mismo sondeo apuntaron que no sólo se produjo un cambio abrupto en las temperaturas sino también en la cubierta vegetal, en las condiciones de humedad/aridez en el continente y en la intensidad de la circulación atmosférica (Moreno et al., 2002; Sánchez-Goñi et al., 2002). Estudios recientes están demostrando que estos cambios climáticos abruptos en la región Mediterránea tuvieron igualmente repercusión en la productividad oceánica superficial (Moreno et al., en prensa; Pérez-Folgado et al., 2003). Por lo tanto, todos los indicadores analizados están señalando la sensibilidad de los diferentes compartimentos del sistema climático a estas variaciones abruptas y cíclicas, que son los ciclos de Dansgaard-Oeschger, y su respuesta sincrónica en una región en principio alejada de la zona de origen de dichas variaciones. Por otro lado, el análisis de estas ciclicidades, así como el estudio de las relaciones de fase de las diferentes proxies ha permitido establecer una secuencia temporal de los diferentes procesos estudiados (temperatura, aridez, productividad, intensidad de vientos) durante un ciclo hipotético de Dansgaard-Oeschger ayudando así en la búsqueda de los mecanismos desencadenantes y de transmisión de dicha variabilidad climática. De esta manera se ha podido señalar que el sistema subtropical de vientos saharianos responsable del transporte de partículas eólicas hacia Europa reaccionó unas decenas de años antes que el resto de indicadores observados en el sondeo del Mar de Alborán (Moreno et al., artículo envíado).
Es necesario continuar con estudios semejantes en otros registros del área Mediterránea, tanto marinos como continentales (lacustres, espeleotemas, etc), para comprender totalmente el funcionamiento de todos los procesos climáticos implicados durante un ciclo de Dansgaard-Oeschger y para poder extrapolar las conclusiones del estudio llevado a cabo en el Mar de Alborán a otras zonas del Mediterráneo no conectadas directamente con el Océano Atlántico.
Referencias citadas en el texto
— Bond, G., Showers, W.,
Elliot, M.,
Evans, M., Lotti, R., Hajdas, I., Bonani, G., and Johnson, S. (1999).
The
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F. J., Flores, J. A., Cacho, I., Grimalt, J. O., Zahn, R., and
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Fuente: http://www.ipe.csic.es/
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