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Con la revolución industrial los productos se multiplican, el precio unitario baja y, además, sube la renta nominal de muchas familias. Tras el crecimiento de la renta, las necesidades de abastecimiento se multiplican y se diversifican. Además, la vida urbana no permite proveerse de todo lo necesario. Surgen, así, los comercios permanentes (en todas las ciudades) que permiten acceder a la oferta de productos industriales y agrícolas de una manera continua.
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