|
|
|
|
El turismo, y sobre todo el turismo de masas, sólo alcanza su sentido en el siglo XX, cuando la dedicación exclusiva a una actividad, y el aumento de la productividad industrial permiten, al bajar las horas de trabajo: tener tiempo libre.
La actividad de ocio y turismo no se limitan a la hostelería, si bien esta es con mucho la más importante, sino que genera todo un cortejo de actividades paralelas, tan amplias y diversificadas que es imposible enumerarlas: teatro, cine, excursiones, visitas a monumentos, etc.
Las actividades de ocio son de corta duración y se pueden realizar entre dos jornadas de trabajo consecutivas, pero el turismo tiene un carácter especial. Para empezar, lo que se demanda es el traslado del lugar habitual de residencia a un lugar de destino durante más de un día completo. Esto conlleva la necesidad de crear una infraestructura residencial en el lugar de destino, y con un nivel de servicios alto. Los lugares de destino deseados no necesariamente tienen estas características, por lo que es necesario construirlas de nueva planta. Además, hay que construir los accesos. Todo ello genera un fuerte impacto ambiental que desvirtúa las características que se buscaban en ese lugar. Por otra parte, no siempre están previstas cuestiones como la eliminación de basuras o el consumo de agua; tanto más grave cuanto que suele tener un fuerte carácter estacional y puntual, en verano y en regiones cálidas y áridas.
El turismo genera mucho empleo y supone muchos ingresos, pero excesivamente concentrados en el tiempo. No obstante, su mayor virtud es la creación de unas infraestructuras, sobre todo viarias, que si bien pueden estar infrautilizadas el resto del año, también pueden servir como factor de desarrollo.
|
|
|
|
![]()