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La primera gran transformación masiva del medio fue debida a la agricultura, si bien sólo en los siglos XIX y XX la eficacia de la transformación compromete el equilibrio ecológico en el que se sustenta la humanidad.
No todo el espacio está intervenido por las sociedades humanas, civilizadas, del mismo modo y con la misma intensidad.
Llamaremos paisaje natural a aquel que no está modificado por la sociedad, a pesar de algunos pequeños enclaves. Son las tierras que no pertenecen a la ecúmene, las regiones polares, la alta montaña y alguna selva tropical que es recorrida por cazadores y recolectores que no utilizan el fuego. Hoy en día este espacio natural no existe en ninguna parte.
Llamaremos paisaje modificado a aquella región en la que las prácticas agrícolas y el uso del fuego han modificado el medio de manera irreversible, aunque las huellas de esa transformación no sean perceptibles. Esta transformación no tiene porqué ser degradatoria y puede encontrar un nuevo equilibrio ecológico estable. En la mayor parte de los casos es la transición a un paisaje ordenado. Este es el paisaje que encontramos en las regiones menos pobladas de los países subdesarrollados. Y el que hubo en todo el mundo antes de la revolución industrial.
Llamaremos paisaje ordenado al que refleja la acción meditada, concentrada y continua de una sociedad sobre el medio. Es, pues, producto de una comunidad con un tipo de economía y unos medios jurídicos y técnicos, que realiza la transformación en conjunto, a lo largo del tiempo y con perspectivas de futuro. Se tarta de una opción entre las condiciones naturales y las técnicas.
Las transformaciones que sufre el medio natural dependen del tipo de economía que tenga la sociedad que lo modifica, y su posible aprovechamiento económico. Se explotan aquellos elementos del medio que la sociedad es capaz de utilizar: los recursos naturales. Estos pueden ir cambiando con la técnica que la sociedad vaya elaborando, convirtiendo en recurso lo que no era, abandonando la utilización de los que eran tradicionales y utilizando un mismo elemento con mayor o menor intensidad, o para fines distintos.
No obstante, el aprovechamiento de recursos naturales es posible en cuanto que son accesibles o viables económicamente para las sociedades. Esta accesibilidad puede estar dificultada por un obstáculo natural que existe en el medio. La importancia de ese obstáculo natural depende de la técnica disponible para superarlo.
El valor que tiene el medio para las distintas sociedades depende del nivel técnico, el sistema económico y las finalidades que persiguen.
Pero la humanidad no es totalmente independiente del medio que le sustenta. Cada lugar en el espacio ofrece unas posibilidades limitadas para el desarrollo de la vida humana. La naturaleza influye decisivamente en el mantenimiento del equilibrio ecológico que sustenta a la humanidad y permite, o no, la explotación de un recurso.
En el medio natural el individuo está a merced de las condiciones naturales y de su propia biología; por eso intentará modificarlo.
En el medio modificado la persona depende menos de las condiciones naturales, aunque aún marcan su vida y sus ciclos, sobre todo si están relacionadas con el clima, pero provoca endemismos no necesariamente buenos para su salud.
En el medio ordenado la lucha contra los elementos de la naturaleza ha llegado al extremo de crear un entorno artificial de grandes dimensiones donde se desarrolla la vida humana, con las limitaciones que impone su propia biología, pero en gran parte al margen de las condiciones ambientales. Sin embargo, este medio artificial no es independiente de la naturaleza ya que necesita de ella para proveerse de los elementos naturales que son necesarios para la subsistencia, si bien se puede recurrir a ellos aunque se encuentren en lugares muy lejanos. El ser humano no puede sustraerse a su condición de ser natural.
La adaptación al medio o su radical transformación en ciudades, son respuestas diferentes que adoptan las distintas sociedades y culturas según su capacidad tecnológica y su organización social.
Lo que cada individuo de una sociedad piensa y siente del espacio en el que vive depende de cuál sea el uso que la comunidad haga de este y de su forma de conocerlo. Esta forma de pensar el espacio cambia a lo largo de la historia, con los sistemas económicos, y deja en el espacio su huella.
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