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Aunque Anaximandro, basándose en sus observaciones, creía que la Tierra era una esfera, fue Eratóstenes quien lo demostró irrefutablemente, y calculó su circunferencia, sólo se equivocó en 400 kilómetros. Las observaciones astronómicas de los griegos fueron notables. Aristarco elaboró una teoría heliocéntrica para explicar los movimientos de los planetas en el cielo.
Que la Tierra sea una esfera presenta una dificultad: la superficie de la esfera es 4·pi·r2 lo que quiere decir que es imposible representar la superficie de la esfera en un plano conservando todas sus características. Para hacer esta operación es necesario usar una proyección.
Una proyección es un sistema ordenado que traslada desde la superficie curva de la Tierra la red de meridianos y paralelos sobre una superficie plana. Se representa gráficamente en forma de malla. La única forma de evitar los problemas de proyección es usar un globo, pero en la mayoría de las ocasiones sería demasiado grande para que resultase útil. Una buena proyección debe tener dos características, que conserve las áreas y que conserve los ángulos. Desgraciadamente eso no es posible, sería como hallar la cuadratura del círculo, por lo que hay buscar soluciones intermedias. Cuando una proyección conserva los ángulos de los contornos decimos que es ortomórfica o conforme, pero estas proyecciones no conservan las áreas.
Dependiendo de cual
sea el punto que
consideremos como centro
del mapa distinguimos entre proyecciones
polares,
cuyo centro es uno de los polos; ecuatoriales
cuyo
centro es la intersección entre el ecuador y un meridiano; y oblicuas
o inclinadas, cuyo centro es
cualquier otro punto.
Distinguimos cuatro
tipos de proyecciones básicas:
Cenitales o acimutales
Proyección ortográfica
Proyección estereográfica
Proyección gnomónica
Proyección acimutal
Proyección acimutal de Lambert
Cónicas
Simple
Conforme de Lambert
Múltiple
Cilíndricas
La proyección Mercator
Proyección Peters
Especiales
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