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En primer lugar, por la transformación masiva de productos naturales en un corto período de tiempo, lo que implica el esquilmo de los recursos naturales por encima de su tiempo de renovación. La industria demanda productos del medio natural en lugares muy diversos, por lo que su impacto no se reduce, sólo, al lugar donde se instalan, sino a todos los lugares de los que demandan productos.
Pero es el lugar
en el que están ubicadas las plantas
industriales
donde más se deja sentir su impacto. Para el funcionamiento industrial
es necesaria la total transformación
del medio.
El emplazamiento ha de estar libre de especies vegetales, además,
las infraestructuras
necesarias inciden, también,
en el equilibrio de la biocenosis.
La contaminación
del aire y acústica, así como del suelo, hace de él
un lugar poco propicio para el desarrollo de la vida natural.
En el proceso
de transformación de la materia prima, esta pierde
peso. Esta pérdida de peso es materia perdida, que se
convierte
en un agente contaminante de
primer orden en cuanto
que es introducido en el medio por encima de su capacidad de
recuperación.
Son estériles para los suelos, contaminantes del agua y el aire,
productos sólidos, líquidos y gaseosos que no se encuentran
normalmente en la biocenosis en la que se introducen.
Pero, el impacto de la industria en el medio no sólo viene de la mano de sus productos, sino, también, de la energía que se requiere para el proceso de transformación de las materias primas. Esta energía, en los tiempos modernos, se ha ido liberando de la escasa potencia de las energías renovables y de su localización. El consumo de fuentes de energía fósiles permitió otras ubicaciones de la industria, y el aumento de la escala de las fábricas. La emisión al aire de gases y partículas, procedentes de la combustión de estas fuentes de energía fósiles, tienen un impacto superior al de la comarca en la que están ubicadas las plantas de fabricación y producción de energía.
La energía eléctrica, utilizada en muchas industrias actuales, traslada el problema de la contaminación para producir energía, de su ámbito, a otro más degradado o despoblado; gracias a la tecnología que permite transportar la electricidad a grandes distancias. Se forman, así, espacios especializados en la producción de energía eléctrica (por medios térmicos o hidroeléctricos). Los medios hidroeléctricos son más limpios, con en aire, que los térmicos por combustión de carbón o petróleo; pero, necesitan grandes embalsamientos de agua y grandes desniveles, lo que provoca otro tipo de problemas ambientales, como son la anegación de valles de montaña y la modificación del topoclima en su entorno; a fin de cuentas, se crea un lago artificial capaz de modificar la humedad absoluta de la atmósfera local y, por lo tanto, la humedad relativa. Otra manera de conseguir electricidad es la termonuclear, que no genera contaminación del aire, ni hace necesario el anegamiento de valles. Sin embargo, utiliza grandes cantidades de agua, que una vez calentada es devuelta al medio, no siempre lo suficientemente enfriada. Pero el problema más grave de la energía termonuclear es que genera residuos radiactivos altamente peligrosos, de vida muy larga y muy difíciles de eliminar.
El impacto contaminante de la industria no se reduce a su propio ámbito, ni a su entorno. La emisión de contaminantes al aire y al agua, que son fluidos que circulan por todo el globo, implica la irrupción de ellos en otros ámbitos. La importancia contaminadora de la industria ha llevado a poder considerar a todo el planeta como ámbito contaminado, desde el aire, al mar Mediterráneo, Báltico, etc. En lugares muy lejanos, tanto de los centros fabriles como de las regiones industriales, se puede encontrar su impacto contaminador.
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