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Geomorfología
Hidrografía

La adaptación del trazado y la inadaptación

    Decimos que hay adaptación del trazado hidrológico cuando los cursos de agua se orientan de la misma manera que las deformaciones de la corteza terrestre, adaptación tectónica, o bien si recorren los materiales más blandos y menos coherentes, adaptación litológica.

    Decimos que hay inadaptación del trazado hidrográfico cuando este se orienta con independencia de las deformaciones de la corteza terrestre o la naturaleza de sus materiales. Distinguiremos dos modelos de inadaptación la antecedencia y la sobreimposición.

    En cualquier estructura geológica podemos encontrar cursos de agua adaptados e inadaptados, incluso un mismo curso de agua puede estar adaptado en unos tramos e inadaptado en otros, semiadaptación. Por ejemplo: en un relieve de cuesta los ríos cataclinales están adaptados a la litología, los ortoclinales están adaptados a la tectónica y los anaclinales están inadaptados.

    En los relieves de rocas metamórficas los trazados traducen la estructura de las fracturas, valles de fractura de trazados rectos y con confluencias angulosas. En los sectores fallados se trata de valles de línea de falla. Los ríos suelen discurrir encajados en el fondo de profundas gargantas (arribes), pero también discurren sobre materiales sedimentarios depositados en el fondo de los graben, donde pueden aparecer fenómenos de inadaptación.

Modalidades de inadaptación

    Es fácil imaginar porqué en una determinada región la red hidrográfica se adapta a las estructuras, pero es más difícil explicar cómo y porqué no se adaptan a ellas, porqué hay inadaptación. Normalmente se explican por la existencia, en el momento de su formación, de algún elemento que eliminen los obstáculos del relieve o la naturaleza de las rocas. Esto explica que, normalmente, los fenómenos de inadaptación sólo afecten a las arterias principales.

Antecedencia

    La antecedencia se interpreta por la existencia previa de trazados hidrográficos con respecto a las estructuras tectónicas presentes. La formación de esas estructuras sería tan lenta que permiten la labor erosiva del río, cortándolas. Los cursos de agua deben tener, también, el suficiente poder erosivo como para anular las deformaciones tectónicas.

    Este fenómeno sólo explica los fenómenos de inadaptación sobre orogénesis recientes, ya que implica la existencia previa de una red hidrográfica que aún persiste. Por regla general, se encuentra en los bordes de las cadenas alpinas o en los macizos antiguos rejuvenecidos recientemente.

Sobreimposición

    En la sobreimposición intervienen una cobertera sedimentaria que fosiliza la estructura, y una superficie de erosión. Sobre estos sedimento comenzaría a correr un río que iría erosionandolos, y tras ellos las estructuras.

    La excavación posterior, generalmente, ha respetado numerosos testigos de los depósitos fosilizantes, de manera que aparecen colgados por encima del curso fluvial y enmarcando las bóvedas anticlinales exhumadas.

    No obstante, durante la exhumación de las estructuras subyacentes, la erosión diferencial puede permitir que la estructura tectónica se manifieste de nuevo. Aparecen, entonces cursos fluviales que alternan la adaptación y la inadaptación, presentando ésta profundos tajos y gargantas encajados en las estructuras.

    La sobreimposición es típica de los relieves apalachenses. Antecedencia y sobreimposición son mecanismos que no se excluyen necesariamente.

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