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El flujo del aire

    El flujo del aire tiene muchas similitudes con el del agua. Puede ser laminar y turbulento. El viento laminar adopta trayectorias de hilos paralelos a la superficie terrestre, en el viento turbulento los hilos adoptan trayectorias turbulentas de carácter helicoidal. El viento se hace turbulento a partir de cierta velocidad crítica (1 metro/segundo). Además las irregularidades del relieve y la vegetación provocan turbulencias dinámicas.

    Todos los vientos con capacidad morfogenética tienen carácter turbulento, ya que sólo los vientos fuertes son lo suficientemente competentes para transportar partículas: la carga eólica. Para la acción morfogenética la velocidad es más importante que la frecuencia. Las rachas de viento que mueven grandes cantidades de partículas son muy eficaces. La dirección de estas rachas es variable, por lo que su acción morfogenética no se concentra en un punto o dirección. La velocidad del viento, provocada por causas meteorológicas, se ve modificada por las características de la superficie por la que corre. Le paso de una superficie lisa a otra rugosa provoca un descenso de la velocidad; el paso de una superficie rugosa a otra lisa provoca su aumento. Al nivel del suelo la velocidad se ve frenada por la rugosidad y la vegetación. La rugosidad depende de la cantidad de derrubios de calibre medio, y la vegetación influye más por su extensión que por su altura. Estas diferencias de velocidad son esenciales para la acción morfogenética del viento.

    La presencia de partículas en movimiento dentro del flujo perturba profundamente la velocidad del viento. Cuantas más partículas menor velocidad, ya que el viento es más denso. Pero para que existan partículas en suspensión es necesario que haya en el suelo fragmentos del calibre adecuado. La humedad del aire dificulta la presencia de partículas en el aire, ya que si están húmedas, por un lado pesan más, y por otro tienden a aglutinarse. Por estas razones la acción del flujo de aire sólo es importante en países áridos con poca vegetación y con abundancia de fragmentos de pequeño calibre: desiertos áridos, desiertos fríos y determinadas áreas litorales.

    La competencia de la acción eólica se limita a las partículas de menor tamaño, que además no puede mantenerla en suspensión durante mucho tiempo. Las partículas que sí puede mantener en suspensión durante mucho tiempo tienen un escaso poder erosivo. La carga impulsada por el viento es muy rica en minerales. Predominan los cristales de sal, yeso, cal, sílice y arcillas. Los elementos salinos se caracterizan por su reducido tamaño, por lo que son transportados hasta las grietas de las rocas, donde son alojados y alimentan la haloclastia.

    Llamamos caudal sólido del viento a la cantidad de arena que atraviesa una sección vertical de un metro de anchura y altura ilimitada, durante un año. No se tienen en cuenta los transportes de polvo, que son considerables. Este cálculo se basa en la experimentación de túneles aerodinámicos del que resultan varias fórmulas. La más conocida es la de Bagnold:

Cs = n (V – V1)3

Cs = Caudal sólido
n = número de veces que el viento actúa en una determinada dirección
V = velocidad media del viento a una altura convencional (normalmente 11,50 metros)
V1 = velocidad límite de eficacia a esa misma altura (normalmente 4,5 m/s para las arenas)

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