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La deflación consiste en un desplazamiento individual de las partículas. Ataca a superficies demudadas y secas. Actúa hasta que la saturación del viento provoca su bloqueo. Cuando la superficie atacada incluye fragmentos superiores a la competencia del viento se produce una selección que lleva a su concentración en cubiertas pedregosas de gravas y cantos, que protegen el material subyacente. Cuando la superficie atacada presenta fragmentos movilizables se excavan cubetas y depresiones cerradas y amplias, que en medios áridos pueden ser muy grandes.
La corrasión
o abrasión eólica es
ejercida por vientos
muy violentos y cargados de grandes cantidades de material abrasivo.
Los
fragmentos más competentes son los que proceden de las arenas
cuarcíticas.
Debido a su carácter esporádico su labor se manifiesta en
acciones concretas, pero muy significativas. El limado
y pulido crea superficies
lisas y brillantes. En las
piedras sueltas, pulidas por el viento (ventifactos),
aparecen cantos afacetados (einkanter
),
con aristas desgastadas, a veces en forma de pirámide o diedro (dreikanter
).
Cuando la superficie afectada ofrece una resistencia diferenciada
aparecen
alveolos,
hoyos y cinceladuras.
Si logran abrir un agujero
cavernoso se llaman tafoni,
o gnamma.
Si el viento es canalizado por una grieta aumenta su velocidad y
competencia
produciendo estrías en sus
paredes. La persistencia
del fenómeno puede provocar canales
e incluso
corredores
paralelos, que dejan entre ellos montículos de formas aerodinámicas
llamados yardangs.
La concentración de los vientos en la base de relieves aislados
forma rocas-setas
como
las de la Ciudad Encantada de Cuenca.
La saltación es el modo de transporte básico, sobre todo para las arenas. La altura de las trayectorias no supera el metro y medio, ni su longitud los dos metros. Dependiendo de la velocidad del viento desplaza partículas de entre 0,2 y 0,5 milímetros.
El rodamiento afecta a partículas de entre 0,5 y 10 milímetros que el viento no es capaz de levantar pero que sí mueve por la superficie. En realidad la mayor parte del trabajo no lo realiza el aire directamente sino los choques de los granos desplazados por saltación, que al caer empujan partículas más grandes.
La suspensión afecta a partículas inferiores a 0,2 milímetros, arenas muy finas y polvo. Se mantienen en el aire porque las corrientes ascendentes son más fuertes que la gravedad. Son elevadas a varios metros de altura y acaban por caer lentamente. En ocasiones pueden estar en suspensión durante años y ser transportadas a miles de kilómetros, aunque estas partículas deben de tener un calibre inferior a los 0,05 mm.
La movilización de las arenas y los polvos no se produce más que a partir de una velocidad del viento crítica, que depende del calibre y la densidad de la carga. Afecta primero a las partículas de menor tamaño para ir movilizando, progresivamente, las más grandes.
El espesor del flujo eólico es muy grande por lo que se distinguen, en realidad, dos flujos superpuestos, un flujo superior, más rápido, lineal y que desplaza carga de pequeño calibre (limos y arcillas); y un flujo inferior, más lento y turbulento, que desplaza una carga de mayor calibre (arenas).
El transporte en altura está alimentado por las turbulencias ascendentes que aspiran las partículas superficiales, y las mantienen en suspensión. En ocasiones el material transportado es muy notable y a distancias muy largas, como ocurre en las tormentas de arena, que en realidad es polvo en suspensión.
El transporte a ras de suelo resulta de la acción directa del viento, sobre las partículas más pesadas, que no puede levantar. Los desplazamientos son cortos y se realizan por saltación o rodamiento, y más raramente por suspensión. Esta forma de transporte es muy lenta, ya que normalmente el viento no sopla con suficiente fuerza.
La deposición producida por el viento está particularmente estructurada, de tal manera que siempre se depositan primero las partículas más pesadas y luego las más ligeras. Además las partículas ligeras vuelven a ser levantadas, de manera que la caer de nuevo su lugar ha sido ocupado por partículas más pesadas, lo que provoca una notable homometría en los depósitos eólicos. Pero también es característico de estos depósitos la estructura cruzada, debido a la variabilidad de las direcciones del viento y a la inclinación de las pendientes.
Los depósitos eólicos típicos son las dunas. Una duna es un montículo de arena transportada por el viento de forma convexa cuya disposición y forma dependen de las características del viento.
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