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Algunos autores consideran la meteorización química como sinónimo de disolución y otros lo hacen sinónimo de alteración. Comprende dos procesos básicos la disolución y la alteración (oxidación, hidratación e hidrólisis).
La eficacia de la
disolución depende de la naturaleza de la roca, sobre todo de su
permeabilidad. Las rocas sedimentarias son más sensibles a la
disolución,
particularmente las evaporitas (sal, yeso) pero la presencia de ciertos
compuestos en disolución (como el anhídrido carbónico)
aumenta el poder disolvente del agua, haciendo que otras rocas, como la
caliza, sea, también, fácilmente atacada. Las aguas alcalinas
atacan muy eficazmente las rocas silíceas. También hay que
tener en cuenta que la disolución es más eficaz cuanto mayor
es la humedad y la temperatura, y también con la persistencia de
la humedad sobre la roca, por lo que es más efectiva en las rocas
cubiertas por un manto vegetal.
Podemos diferenciar
dos tipos de disolución: la disolución,
propiamente dicha, que afecta a las evaporitas, y la disolución
cárstica (o carbonatación),
propia
de las rocas carbonatadas y que es responsable del relieve
cárstico. La disolución cárstica conlleva al existencia
de agua acidula (que lleva
en disolución ácido
carbónico) que ataca a rocas que contengan calcio, sodio, potasio
y, en general, óxidos básicos. La formación del relieve
cárstico implica un proceso muy complejo que combina otras reacciones
químicas o físicas. En general consta de tres
etapas: la disolución directa
por acción
del agua, la acción química del
ácido
carbónico (hasta consumirse), que produce bicarbonato cálcico
y la captación de nuevo gas carbónico
para repetir las dos primeras fases. La disolución cárstica
presenta una eficacia diferente dependiendo de la temperatura y la
humedad
ambiental, así como de la cubierta vegetal.
Tras la disolución aparecen residuos insolubles, residuos de disolución, como la arena y la arcilla de descalcificación: terra rossa o arcillas con sílex. Los elementos disueltos también pueden precipitar tras una migración. Estas acumulaciones pueden ser notablemente potentes y forman costras, como los encostramientos de las estepas semiáridas, y las corazas y caparazones de las sabanas.
La alteración es un proceso controlado por la humedad, la temperatura y la presencia de vegetación, a mayor temperatura y humedad más eficacia, y ataca sobre todo a las rocas metamórficas de textura cristalina y composición silícea.
Tres son los mecanismos básicos de alteración: oxidación, hidratación e hidrólisis.
Las rocas oxidadas presentan una patina superficial, del color de oxidación del mineral (rojo en la rubefacción del hierro), que favorece los mecanismos de desagregación y fragmentación.
También afecta a algunas evaporitas, como la anhidrita que se transforma en yeso.
La hidratación es más eficaz cuanto mayor es la humedad y la temperatura, y la existencia de una cobertera vegetal.
La hidrólisis es un proceso químico que consiste en el desdoblamiento de una molécula en presencia del agua (concretamente los iones H+, que hacen que el agua se comporte como un ácido débil). La consecuencia es la destrucción de los edificios cristalinos, dando lugar a la progresiva separación y lavado de la sílice, la mica, los feldespatos y cualquier otro elemento que componga la roca. Como consecuencia se forman minerales arcillosos y residuos metálicos arenosos.
En ausencia de procesos de transporte (a causa de la existencia de una cubierta vegetal, por ejemplo) no se produce reducción del volumen inicial de la roca. Sin embargo la progresiva transformación de la roca en materiales más porosos va haciendo profundizar el frente de alteración.
La hidrólisis
es más eficaz cuanto mayor es la humedad y la temperatura, y la
existencia de una cobertera vegetal, que controlan la velocidad de las
aguas de percolación
(penetración del
agua en el suelo). La lixiviación
del
suelo es fundamental para que tengan lugar los procesos de hidrólisis
ya que el agua de lluvia apenas tiene iones H+, son los ácidos
procedentes
de la descomposición de los seres vivos los que cargan el agua con
iones H+.
Podemos distinguir
tres
grados de alteración hidrolítica, en función
de las características de la argilización
.
En el primer grado se forman arcillas
montmorilloníticas,
caracterizadas por la presencia de complejos silicatos alumínicos
y sílice. Son de color ocre o rojo y muy plásticas, por lo
que absorben grandes cantidades de agua, lo que hace aumentar su
volumen.
En el segundo grado se forman arcillas
caoliníticas,
caracterizadas por la escasez de sílice y la neoformación
de arcillas claras, que tienen una menor capacidad de absorción
de agua. El caolín es la arcilla y la caolinita el silicato alumínico
hidratado. El tercer grado consiste en la
laterización,
cuando se ha eliminado totalmente el sílice y en las arcillas se
concentran elementos residuales en forma de hidróxidos de aluminio
y hierro, los cuales pueden formar corazas de gran consistencia (lateritas).
Se trata de una arcilla endurecida, como un ladrillo muy frecuente en
los
países tropicales húmedos.
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