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Menos importancia tiene la meteorización química, debido a la escasez de agua ambiental, aunque está presente la oxidación, sobre todo en rocas ferromagnéticas y silíceas. En las zonas recubiertas por costras calizas, salinas o yesosas se dan fenómenos de migración coloidal y hasta hidratación. Este fenómeno es el responsable de los suelos halomorfos.
La arroyada, tanto difusa como concentrada, tiene un papel de primer orden, debido a la violencia de las precipitaciones. En realidad las aguas corrientes tienen un papel morfogenético de primer orden, y es que la escasez de la vegetación favorece su acción modeladora. El arreísmo es una excepción. La arroyada difusa está presente en las vertientes, donde la estructura de las gravas y la vegetación esteparia obligan a que las aguas formen hilos anastomosados.
La arroyada es fundamental, también, para poner en marcha los mecanismos de desplazamiento por elementos: la gravedad y la reptación. Los movimientos en masa están prácticamente ausentes, o son muy localizados. La solifluxión sólo puede aparecer sobre mantos arcillosos con fuertes pendientes durante episodios excepcionales de lluvias.
Las aguas corrientes circulan en uadi, con todas sus formas. En los casos más extremos se llega a la fragmentación de los uadi. Si exceptuamos las zonas abiertas al mar, las aguas drenan hacia depresiones endorreicas. Este es uno de los rasgos más característicos de los dominios árido y semiárido. En los piedemontes se superponen distintos tipos de escorrentía y arroyada. En cualquier caso siempre estamos hablando de una actividad espasmódica. Los ríos alóctonos, como el Nilo, son una excepción, y atraviesan el desierto sin, apenas, aportes fluviales, ajenos a su estructura de drenaje. Estos ríos tienen crecidas estacionales que dejan en sus orillas mantos cenagosos de tipo sheet flood.
La arroyada en los dominios áridos y semiáridos tienen características propias. En principio sólo transportan limos, arenas y gravas, pero en las grandes crecidas desplazan fragmentos de tamaño variado, grandes masas de aluviones mal estructurados. La zapa de las aguas es, básicamente, lateral, incluso en los uadi.
La acción eólica, aunque netamente presente, tiene una importancia secundaria. No se trata de vientos vinculados a la circulación zonal (alisios) sino a vientos locales provocados por las diferencias de temperatura en las laderas. Muchos vientos son capaces de formar tormentas de arena y polvo. La capacidad de ablación de las rocas desnudas es muy importante, aunque lo más espectacular es la acumulación de arenas en forma de dunas.
El avance de este dominio morfoclimático hacia dominios templados y tropicales está, presumiblemente, fomentado por la acción humana, es lo que se conoce como desertización. Este es uno de los fenómenos más estudiados desde el punto de vista ambiental.
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