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La estación seca da lugar a la formación de corazas, típicas en este medio. Las corazas se forman debido a la fijación estable de sales metálicas liberadas durante la época de lluvias. Durante la estación seca la evapotranspiración provoca su precipitación en los niveles externos de las alteritas. Este fenómeno crea suelos ferruginosos con perfiles bien diferenciados.
La rapidez y la importancia de las acumulaciones depende de las condiciones bioclimáticas, topográficas y litológicas. El que estas costras afloren implica su endurecimiento por desecación y deshidratación durante la estación seca. Según su importancia forman corazas, muy duras, o caparazones, más frágiles de color pardo rojizo. En todo caso, tanto unas como otros, son capaces de frenar la acción de los procesos morfogenéticos. Su aparición en superficie implica la desaparición, previa, del horizonte A. Una vez consolidados pueden, incluso, servir de roca madre para la formación de otro suelo.
En estas condiciones las acciones mecánicas tienen una mayor relevancia, aunque las formaciones de gramíneas altas y densas ofrecen una protección ante los agentes erosivos muy notable. No en vano continúa siendo un régimen de biostasia.
Las primeras lluvias del invierno atacan a una superficie seca y descubierta muy vulnerable. La arroyada, entonces, se convierte en la protagonista del sistema morfogenético. La corta duración de las precipitaciones y las condiciones de la arroyada, dificultada por la vegetación herbácea, imponen un tipo de circulación anastomosada y en láminas, típica de la arroyada difusa. Esta agua arrastra limos, arcillas y arenas desde los interfluvios hasta las zonas de acumulación.
En las vertientes más pronunciadas el protagonismo es de la arroyada concentrada. En este dominio es particularmente agresiva. Las aguas aprovechan las grietas abiertas por la desecación y crean circulaciones internas capaces de desprender grandes bloques de alteritas. La humectación de las arcillas da lugar a fenómenos de movimientos en masa. La pérdida de materia bajo las corazas provoca hundimientos y deslizamientos. También encontramos fenómenos de reptación, asociados a la actividad de los animales excavadores.
Los ríos aseguran la evacuación de los fragmentos aportados por la meteorización. Su caudal es menor que en el dominio de la selva tropical, y presentan un fuerte estiaje. Las crecidas son moderadas y se producen con un retraso considerable respecto al máximo pluviométrico, lo que indica que es necesaria una gran cantidad de agua para recargar los acuíferos. La carga sólida se compone mayoritariamente de arcillas y limos en suspensión, aunque aumenta la presencia de elementos más gruesos, arenas, gravas y cantos, proporcionados por la meteorización mecánica.
El viento adquiere un papel notable, aunque sólo en las áreas marginales en contacto con el desierto. Su mayor incidencia se produce a final de la estación seca, cuando la cubierta vegetal está más dañada y la deflación eólica puede ser más eficaz.
Este es un dominio muy humanizado, y la acción antrópica, roza, sobrepasto, etc., contribuye a potenciar los procesos de erosión. Seguramente en ellos se encuentra parte de la explicación del aumento de la superficie de la sabana.
Las plataformas
de corazas se llaman boual
.
Están delimitadas por
cornisas
de coraza que coronan taludes cóncavos desarrollados en
los
horizontes blandos de las alteritas.
Presentan
desgarros derivados de los procesos de ruptura de la coraza, activos
durante
la estación húmeda. La disolución
no genera más que alveolos
barridos
por el viento. El lavado bajo la coraza prepara la zona para los derrumbamientos.
Pero donde la erosión incide más es en los escarpes
marginales, donde la arroyada
difusa
realiza su labor erosiva sobre las alteritas blandas. Así, los
materiales
más finos recubren la base de la vertiente, y provoca el retroceso
de la cornisa debido a la acción de zapa
de
las aguas corrientes. La cornisa
se fragmenta y cae por acción de la gravedad
sobre la vertiente, que a pesar de todo dificulta la acción de la
erosión
mecánica.
Cuando las formaciones no están protegidas por una coraza, la eficacia de la meteorización mecánica es más intensa. Se forma un paisaje de colinas con profundas incisiones en su fondo. Se forman topografías de circo, con paredes de fuerte pendiente. Los lavaka malgaches son un caso típico. Estas incisiones tienen su origen en la acción de la arroyada concentrada. La razón de estas formaciones es que las alteritas, en su parte superior, están más endurecidas que en la inferior, a manera de caparazón muy frágil, y la labor de zapa en la base asegura la verticalidad de la vertiente. Se pueden observar fenómenos de desplazamientos en masa.
También encontramos fenómenos de reptación, típicos del dominio de la selva tropical. La geometría de los lechos fluviales es muy similar a los que existen en aquel dominio, aunque tienen una mayor capacidad para regularizar su perfil longitudinal. Existen marmitas de erosión lo bastante desarrolladas como para encauzar las aguas de crecida. Y es que la carga sólida tiene un tamaño lo suficientemente grande como para garantizar esta labor. Las márgenes, pues, son estables, y la presencia de meandros indica la existencia de una zapa lateral. Además, la movilización de las márgenes se ve obstaculizada por la vegetación de los bosques galería.
Una característica que recuerda al dominio árido es la manifestación nítida de la estructura geológica. Se observan perfectamente las cornisas, los bloques desprendidos y alojados en la base del talud arenoso y los glacis regulares. Los relieves muestran una estrecha relación con el sustrato geológico, en particular con la red de diaclasas en los países de rocas cristalinas.
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