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Las acciones meteóricas de naturaleza química combinan los efectos de la disolución, la hidratación y la hidrólisis de los silicatos, que continúan actuando aún en la estación seca. El agua acumulada en el suelo permiten asegurar su continuidad hasta las siguientes lluvias.
Esta degradación continua de la roca, con muy poca actividad de los agentes de transporte, crea la laterización de los suelos y produce los suelos ferralíticos característicos de las selvas densas.
La laterización
consiste en un proceso de meteorización
química
generalizada y profunda en la que el sílice y las bases son extraídas,
por la lixiviación, de
la roca madre,
en la que se producen concreciones de
hierro y aluminio.
Son depósitos residuales de color rojo asociados a relieves de
superficie
plana. En realidad el proceso no se circunscribe sólo a la formación
de suelo (latosoles) sino que
es un auténtico
proceso morfogenético.
Las lateritas se presentan de tres formas: las arcillas lateríticas, la costra dura y el horizonte con nódulos. En general las arcillas lateríticas son blandas, se encuentran en profundidad y que se endurecen en contacto con el aire; formando la costra dura o murram. Entre ambas puede aparecer un horizonte en el que se observan lentejones o nódulos. Modernamente también se conoce con el nombre de duricostra o plincita.
El ataque a estas costras duras es muy lento, en forma de desagregaciones granulares, descamaciones y exfoliaciones a lo largo de las diaclasas curvas. Los bloques desprendidos sufren una rápida alteración.
Los procesos
de transporte se alimentan de los fragmentos desprendidos
de las
lateritas. Predomina la reptación,
activada por las continuas gotas de agua y los animales excavadores,
así
como la arroyada elemental.
Sin embargo, cuando
la cubierta forestal desaparece se producen espectaculares fenómenos
de movimientos en masa.
Éstos se pueden
activar por la roturación del bosque, o la zapa de los ríos
en las vertientes más pronunciadas. Se pueden observar tanto fenómenos
de deslizamiento, en los
frentes de alteración,
como procesos de solifluxión.
Las aguas de los ríos aseguran la evacuación de los productos procedentes de las vertientes. A pesar de la importancia de las infiltraciones y la evapotranspiración, la abundancia de las precipitaciones y su regularidad asegura la existencia de ríos caudalosos. El agua de estos ríos presenta un color rojizo o amarillento, debido al alto contenido de arcilla en suspensión. La alta cantidad de carga sólida implica una cierta ablación bajo el bosque denso, pero la erosión mecánica sobre las rocas coherentes es insignificante, incluso en los principales ríos, ya que los fragmentos son demasiado pequeños.
El modelado de estas colinas es el resultado de la ablación areolar combinada con los procesos de reptación y de arroyada difusa. Esta curiosa formación se explica por la escasez de fragmentos libres y su notable regularidad, que impide una gradación, como la que tiene lugar en los glacis otras regiones. Además, la arroyada ejerce una labor de zapa suficientemente eficaz para desalojar la carga aportada. Los deslizamientos y hundimientos locales provocan perturbaciones en la regularidad de la pendiente.
Estas colinas llevan asociadas la formación de un criptorrelieve ya que en el núcleo de las mismas existe roca sana, generalmente granito, a la que aún no ha llegado el proceso de alteración. En su interior se están moldeando las formas típicas el relieve sobre rocas metamórficas.
Una de las características
más sorprendentes de este país es la relativa
escasez de los cursos permanentes, y sobre todo de su
comportamiento
errático. Esto es producto de su escaso
poder de incisión
y la notable planitud de los pasillos que recorren. Los lechos
fluviales tienen rasgos peculiares. Incluso en ríos
caudalosos,
como el Congo o el Mekong, su perfil
longitudinal
es notablemente irregular.
Esta irregularidad se expresa
en la existencia de tramos tranquilos
y grandes cataratas
o rápidos en casi cualquier
parte de su recorrido.
Las aguas tranquilas se encuentran sobre las cuencas arcillosas o
arenosas
y las cataratas y rápidos sobre los escasos afloramientos rocosos
(más o menos desgastados). Esta incapacidad de las aguas para
regularizar
el perfil de los ríos se debe a dos
factores:
la escasez de carga sólida competente y la dureza de las pocas rocas
que afloran.
El perfil
transversal también tiene sus peculiaridades. El lecho
menor apenas está encajado, por lo que normalmente tiene
una estructura anastomosada
y vacilante. El lecho
mayor comprende amplísimas zonas forestales que forman áreas
pantanosas y lagos de desbordamiento cubiertos por
arcillas de decantación.
Las paredes verticales de los panes de azúcar, inmersos en una atmósfera húmeda, muestran las huellas de la desagregación granular y la descamación. Se pueden apreciar las cicatrices de la exfoliación guiada por las diaclasas curvas propias de las rocas cristalinas. La base sufre una intensa descomposición química debido a que ahí la presencia de agua y vegetación es permanente. En las cumbres aparecen cubetas excavadas por un intenso proceso de alteración debido a que ahí se estanca el agua, y también hay vegetación. A lo largo de la pendiente observamos acanaladuras verticales separadas por tabiques redondeados a manera de tubos de órgano. Se atribuyen a la acción de la escorrentía concentrada, y continuada. Una vez formada la debilidad el agua ataca verticalmente la roca de manera reiterada.
También son de destacar las barras cuarcíticas de origen apalachense, cuyo origen se encuentra en los antiguos plegamientos precámbricos. Se trata de elevaciones vigorosas muy poco desgastadas de notable longitud. Presentan grandiosos escarpes con rupturas de pendiente muy marcadas a la manera de los panes de azúcar, sello de identidad de los relieves en este dominio. Al ser atacados en la base determinadas partes de la pendiente quedan en extraplomo y terminan cayendo por la llamada al vacío.
La originalidad de
estas formaciones cársticas
radica en
la abundancia de hums
notablemente separados
y la diversidad del modelado que le da un aspecto
ruiniforme,
llamado turmscarst
.
Los hums se elevan centenares de metros sobre una llanura pantanosa
formada
por poljés
colmatados con arcillas
de descalcificación. La imagen más característica
de este paisaje es la del delta del Mekong. Los hums adquieren el
aspecto
de un espigón vertical
estrangulado por la
base y con la cumbre plana, llamados
kegelcarst
.
En Cuba se llaman mogotes.
Por supuesto encontramos otras formas propias del relieve cárstico como las dolinas y las uvalas, que tienen cierta extensión y están recubiertas por arcillas de descalcificación.
Al igual que en los relieves cristalinos, el ataque permanente del agua en la base de los hums garantiza la verticalidad de las vertientes y la ruptura de pendiente. Los lapiaces puntiagudos ponen de manifiesto la eficacia de la disolución superficial. Sin embargo, la velocidad de la carstificación es un asunto en debate, ya que las altas temperaturas reducen la cantidad de anhídrido carbónico en el agua, aunque la abundancia de lluvias podría paliar este problema. Además, los hums tienden a ser colonizados por la vegetación más xerófila, más rica en ácidos y anhídrido carbónico.
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