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En la meteorización, los fenómenos térmicos e hídricos atacan eficazmente los afloramientos rocosos. En las regiones con inviernos fríos actúa eficazmente la crioclastia. Las calizas se ven sometidas a los efectos de la disolución bajo los ocasionales mantos de nieve. No obstante, el tipo de meteorización más persistente es el que ejercen las aguas de infiltración procedentes de las lluvias y que favorecen los fenómenos de alteración y podsolización. La hidrólisis es menos eficaz que en la zona tropical húmeda, pero no es despreciable.
La actividad de los procesos morfogenéticos se encuentra limitada por las condiciones bioclimáticas poco favorables. Las acciones mecánicas no presentan una agresividad apreciablemente mayor.
Los materiales de las vertientes son movilizados, frecuentemente, por reptaciones y hundimientos provocados por los huecos debidos a la disolución y la actividad de los animales excavadores. Sólo en las pendientes más acusadas tienen importancia los movimientos en masa.
Los ríos están organizados en redes hidrográficas muy bien jerarquizadas. Son los principales agentes de evacuación. Generalmente transportan sales en disolución, pero durante las crecidas mueven grandes cantidades de fragmentos de todos los tamaños. En estos momentos su poder de excavación es notable. Estos materiales se acumulan en las llanuras de inundación y los deltas.
Lo mejor caracterizado son los modelados fluviales del lecho. Presentan un canal, un lecho menor y otro mayor. Estos lechos suelen sufrir cambios de trazado como consecuencia de las grandes crecidas. Los más espectaculares son los cambios de trazado de los meandros de las llanuras y deltas de las zonas bajas. No obstante, es preciso no olvidar que la mayoría de los ríos de la zonas templadas están intervenidos por grandes obras públicas (pantanos y canalizaciones).
En las riberas de los ríos surgen las llanuras aluviales, producto de la deposición de limos transportados en la grandes avenidas que han desbordado el lecho del río. Su presencia es particularmente llamativa en el nivel de base de los ríos más caudalosos. Las llanuras aluviales se caracterizan por su extraordinaria planitud, sólo alterada por terraplenes naturales que marcan el límite de sucesivas terrazas, y por su poca altitud sobre el nivel del mar. Muchas de estas llanuras son zonas pantanosas sobre las que el curso del río discurre sinuosamente. Sin embargo, se han canalizado, repoblado, rectificado e intervenido, para evitar episodios catastróficos.
Existen fenómenos
de solifluxión.
En el clima
mediterráneo estos fenómenos bruscos de movimientos en masa
se llaman frana
.
Se producen por la penetración del agua de las primeras lluvias
en las grietas de desecación abiertas durante el verano, lo que
provoca el empapamiento de las capas arcillosas en profundidad. Cuando
estas se hacen plásticas, los niveles externos se deslizan en placas
enteras.
Debido a la irregularidad pluviométrica los ríos mediterráneos tienden a ser anchos, y con varios canales de estiaje. Su lecho recuerda a los uadi. Las llanuras pantanosas necesitan de obras de drenaje para poder ser usadas para la agricultura (palude).
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