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El mar influye en las características de los procesos morfogenéticos continentales debido a su influencia sobre el clima, formando un topoclima más estable y húmedo. En este sector son más frecuentes las brumas y las precipitaciones, por lo que son más efectivos los procesos ligados al agua, tanto mecánicos como químicos. Además, la salinidad del agua dificulta la colonización vegetal, y por lo tanto la protección que esta ofrece ante la erosión. Este hecho explica el corte vertical de los acantilados modelados en limos o arenas.
En la franja litoral es constante la presencia del viento. Su importancia morfogenética es mayor en las regiones arenosas que presentan un amplio estero entre la marea baja y la alta. En esta zona el viento ejerce toda su competencia morfogenética hasta acumularse en dunas. En regiones de vientos fuertes la acción de viento se extiende a los relieves costeros próximos, sobre todo en forma de dunas que pueden alcanzar varias decenas de metros.
Los ríos tropicales llevan a sus desembocaduras cantidades importantes de materiales muy finos. Se trata de limos y arcillas, procedentes del lavado de las alteritas, y de arenas, procedentes de las rocas cristalinas. Son escasos los fragmentos mayores, debido a las características de los dominios morfoclimáticos de la zona tropical húmeda.
En los dominios de la zona templada los depósitos de limos y arenas se ven acompañados de fragmentos más grandes, gravas y cantos. Suelen proceder de formaciones superficiales heredadas de origen terciario o cuaternario glaciar y periglaciar. Estos depósitos se han visto sometidos a un proceso de roturación desde el Neolítico, lo que ha favorecido su erosión.
En los dominios de la zona fría los fragmentos gruesos son más numerosos. Los grandes bloques de hielo pueden transportar hasta las playas grandes bloques de hielo.
En los dominios de la zona xérica los aportes fluviales son muy escasos, debido tanto a la escasez de lluvias como a la importancia de las cuentas endorreicas.
Pero las aguas corrientes no sólo aportan fragmentos de tamaños superior al limo, sino que también llevan iones y coloides en disolución. Estos alimentan la sedimentación marina en regiones más alejadas de la costa, sobre todo en zonas de saturación local, que provoca la precipitación de las sales. También se fijan en organismos vivos, corales y algas, formando arrecifes.
En suma, dependiendo del dominio morfoclimático en el que se encuentre, el mar posee una mayor eficacia abrasiva o acumulativa. Las formas litorales son producto de una interacción de los procesos marinos y continentales. Además, a todo ello hay que añadirle la interferencia antrópica, muy importante en el litoral, con sus grandes construcciones.
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