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Las líneas de distribución del oleaje coinciden, básicamente, con el mapa de la circulación general atmosférica. Los mares con más oleaje son los que están sometidos a los vientos del oeste, tanto en el hemisferio norte como en el sur. Los puntos de mayor oleaje coinciden con las depresiones ciclónicas que siguen las ondulaciones del frente polar. Sin embargo, y a pesar de su constancia, los vientos alisios no generan grandes oleajes, ya que son muy débiles. Tampoco los vientos monzónicos generan grandes oleajes, salvo en el mar de Arabia. Así pues, la mayor parte de los oleajes con capacidad morfogenética proceden de las latitudes altas. Los oleajes provocados por los grandes huracanes y tornados tropicales son excepcionales.
Las regiones centrales de las células anticiclónicas presentan zonas de calma, tanto en los anticiclones tropicales como en los polares, donde, además, la banquisa impide la formación de olas.
Así pues, los mares más agitados se encuentran en las latitudes medias, y por lo tanto en sus costas la acción mecánica de las olas es mayor, mientras que en los mares de las latitudes altas y bajas predominan las acciones químicas y biológicas.
Desde el punto de vista térmico distinguimos mares fríos y mares cálidos. Los mares fríos son aquellos que presentan regiones heladas. El mar helado, por excelencia es la banquisa puede ser permanente, y por lo tanto no tienen transcendencia morfogenética, o estacional, que detiene su acción morfogenética en invierno pero que al romperse el hielo, en primavera, adquiere un mayor poder abrasivo.
También son mares fríos aquellos que, no presentando una banquisa, sí se forma un pie de hielo en las proximidades de la costa. Este hielo se adhiere a la base de los acantilados por encima del nivel de la marea alta y favorece la acción de la gelifracción. La alternancia hielo-deshielo es mayor en esta zona porque el agua marina que invade periódicamente el estero hace aumentar la temperatura por encima de los 0 ºC.
Las aguas frías se extienden aún más allá, hasta la región en la que aparecen los icebergs, unos 37º en el hemisferio norte y hasta 40º en el sur.
En los mares cálidos de las regiones tropicales la actividad principal la tienen los procesos químicos y biológicos. En el Mediterráneo, por ejemplo, abundan las fisuras de disolución, los gres de playa y los trottoirs (arrecifes calcáreos de algas). Los fenómenos de formación de arrecifes coralinos son propios de la actividad biológica de los mares cálidos, ya que están ligados a la presencia de colonias de madréporas.
Los mares más cálidos se encuentran en las fachadas orientales de los continentes, hay que son las regiones bañadas por las corrientes cálidas tropicales. Por supuesto también existen mares templados en los que no se presenta el hielo, pero en los que la acción biológica es muy reducida. Son mares como el Cantábrico que hacen de frontera entre los mares fríos y los cálidos.
La salinidad, por su parte también influye en la actividad química y biológica de las aguas. Los mares excesivamente salinos son más pobres en especies biológicas pero más activos químicamente. La salinidad varía en función de los aportes de agua dulce, lluvias y grandes cursos de agua, de la evaporación y de la temperatura, ya que el agua salada es más densa y en las regiones frías tiende a descender hacia el fondo, haciendo bajar la salinidad (32‰). Los mares más salinos son los cálidos de las regiones áridas. Si el mar es muy cerrado la salinidad aumenta, como en el mar Muerto o el mar Rojo (40‰). En los mares cálidos de las regiones lluviosas la salinidad desciende (35‰) y más aún en las desembocaduras de los grandes ríos, Amazonas o Congo (33‰). La baja salinidad hace desaparecer los corales.
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