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La forma de actuación de la gravedad es doble. Por un lado actúa directamente provocando la caída de los fragmentos por llamada al vacío y por otro es indirecto ya que los fragmentos que caen empujan a otros que se encuentra en equilibrio, haciendo que lo pierdan. Esta acción indirecta es la que tiene lugar cuando actúa la escorrentía, por lo que es la más generalizada. La interacción entre el cuerpo que fluye y el lecho por el que se desplaza se denomina accionamiento.
La gravedad actúa siempre en sentido perpendicular a la superficie terrestre, de arriba abajo, como en la caída libre, en vertical. Pero lo normal es que las partículas se desplacen por una pendiente, conforme a la dinámica del plano inclinado, con lo que la trayectoria tiene una componente vertical y otra horizontal. En este proceso se pierde energía, que es transmitida a otros elementos, que se ven obligados a moverse también. La rugosidad del plano favorece esta transmisión de energía, por lo que en este tipo de superficies el fragmento pierde más energía y ve dificultada su caída.
Además de la rugosidad, la velocidad a la que se desplaza el fragmento depende de la inclinación del plano, que será mayor cuanto más inclinado esté. Dependiendo del tamaño del fragmento se necesita una inclinación mínima para que actúe la gravedad. Las partículas desplazadas hasta un punto de equilibrio tienden a reducir el desnivel, y por lo tanto la acción de la gravedad.
Las diferencias de temperatura en la atmósfera genera vientos capaces de transportar partículas, esencial en la acción morfogenética del viento. No obstante se ve interferido por la acción de la gravedad.
Las diferencias de temperatura tienen una importancia esencial en muchos procesos de meteorización.
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