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La conservación de las formas relictas depende de la capacidad del dominio morfoclimático para evacuar los derrubios. En los dominios de la zona árida los encostramientos de caliza o yeso protegen tanto aluviones y terrazas como dunas. Son precisamente las diferencias petrográficas las que permiten identificar y secuenciar cada forma de relieve. Además, estas formas no tienen porqué aparecer en concordancia con la topografía. En los dominios de la zona tropical húmeda los caparazones ejercen la misma función. Los boué son testimonio de llanuras suavemente onduladas que han quedado recubiertas por corazas ferruginosas.
En los dominios de la zona templada se encuentra testigos de procesos morfogenéticos periglaciares. No olvidemos la relativa cercanía de la fase álgida de la última glaciación. Las características de los suelos constituyen un criterio básico para la identificación y la diferenciación de los depósitos encontrados, y de las condiciones de su evolución.
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