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En las playas se distinguen diversos elementos morfológicos, el cordón litoral, el bajo de playa y la anteplaya.
El cordón
litoral es la parte superior del estero. Su parte
culminante se
llama cresta de playa, que
contiene los fragmentos
de mayor calibre, y se sitúa por encima de las pleamares que tienen
lugar con el mar en calma. En su cara externa aparecen gradas
de playa, escalonadas, que se corresponden con sucesivas
crestas
de playa formadas en diferentes momentos.
En su base
pueden existir surcos
espaciados regularmente y delimitados
por lomas terminadas en
punta, que forman crecientes
de playa. Esta estructura puede haberse quedado separada
del relieve
litoral, en este caso suele encerrar
una
marisma o una laguna.
El bajo
de playa viene marcado por una atenuación de la pendiente.
Está formado por elementos más finos y se desarrolla desde
la parte inferior del estero hasta el límite de las bajamares. Si
es arenoso o limoso aparecen pequeños surcos muy móviles
llamados ripple marks
.
Las ripple marks son pequeñas ondulaciones
que se forman en depósitos de arenas y limos no consolidados que
están sumergidos en un fluido en movimiento. Se forman, pues, tanto
por la acción de las aguas como por el viento, pero sólo
las ripple marks formadas por el agua tienen carácter morfogenético,
ya que las que se forman por el viento son muy inestables. Las marcas
están
orientadas
en paralelo a la dirección del flujo y se encuentran siempre en
la zona inundada. Las ripple marks provocadas por las olas
son simétricas entre sí, mientras que las formadas
por corrientes constantes son asimétricas,
más tendidas en la dirección de las corrientes. Los surcos
pueden adoptar otras formas, lobuladas,
que pueden
ser alunadas si se abren en
la dirección de
la corriente o linguales
si se abren en dirección contra corriente. Si el flujo se encuentra
con un obstáculo las ripple marks dibujan surcos romboidales alargados
llamados losanges
.
La anteplaya
es la zona que está permanentemente sumergida. En ella aparecen
barras
y surcos prelitorales, que se disponen paralelamente en
dirección
oblicua al trazado de la costa. Los surcos
son acanaladuras
transversales que aparecen entre ellos canalizan el agua mar adentro.
Se
trata del mecanismo que desaloja de la
costa el agua
llegada en superficie. Durante las bajamares las partes superiores de
las
barras y surcos pueden quedar al descubierto y estos aparecen inundados
por láminas de agua llamadas bacas.
Todos los elementos
de la playa se organizan según un perfil
transversal más o menos regular. Su pendiente
varía en función de la topografía subyacente pero
siempre es muy suave. En las arenas la pendiente suele ser de unos dos
grados, y en las gravas puede llevar hasta los 20º.
Como hemos visto la mayoría de los materiales de las playas los aportan las aguas corrientes, pero su organización morfológica depende de la dinámica marina. La continua trituración de los fragmentos les confiere una facies pulida y brillante. Los fragmentos más angulosos se pierden, por lo que una de las características de los depósitos marinos es la redondez de las gravas y cantos. Una de las originalidades de los depósitos marinos es el entrecruzamiento de los lechos superpuestos, producto de la indefinición de la corriente. Los depósitos marinos presentan un calibre de todos sus elementos muy similar en cada sector, esta homometría es producto de la eficacia y constancia de los mecanismos de transporte marinos.
La formación de una playa es producto del oleaje y las corrientes de deriva. Son estas las que transportan los materiales aportados por las corrientes fluviales a lo largo de la costa. En el primer momento la acción de las olas se ve frenada por la acumulación de depósitos a cierta distancia de la costa. Se forman así bancos litorales que acaban por emerger. Es entonces cuando el oleaje ataca el depósito remodelando su configuración y desplazándolo hacia la costa. La fuerza del swash es mayor que el flujo del retorno, lo que empuja el depósito en avances sucesivos hasta lograr un perfil de equilibrio en el que el flujo de retorno y el swash se compensan. Este perfil depende de la fuerza de las olas y el calibre de las partículas, así que es muy inestable.
Los oleajes normales sólo movilizan arenas, mientras que los oleajes de los temporales movilizan gravas y cantos, que pueden implicar modificaciones apreciables de las playas. Los oleajes normales aportan material a la playa, engrosándola y levantándola, mientras que los fuertes desalojan, mar adentro, arena de la playa. Cuando un oleaje muy fuerte desaloja la arena de la playa hasta mostrar el sustrato en el que se asienta se observa un pequeño escarpe que marca el límite entre el continente y la acción de las olas. El equilibrio de las olas constructoras y destructoras depende del carácter del clima y sus variaciones estacionales.
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