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Distinguimos en primer lugar los pliegues autóctonos, aquellos que se forman en rocas que no han sido desplazadas; y pliegues alóctonos, aquellos que se forman en rocas que han sido desplazadas de su lugar original.
Los pliegues asimétricos pueden ser: inclinados, con una vergencia leve (45º); acostados, con una vergencia acusada (45º); tumbados, con una vergencia casi horizontal 90º; volcados, con el plano axial girado más de 90º de tal manera que los estrados inferiores aparece encima; y de rodilla, el que tiene en uno de los flancos un buzamiento de 90º (Diagrama).
Un tipo de pliegue es el domo: pliegue simétrico levantado en el que todos los estratos buzan hacia fuera desde el punto central. Se trata de una estructura anticlinal que se hunde en todas las direcciones.
También podemos clasificar los pliegues por la estructura de sus capas. Distinguimos entre: estriados, cuando las capas pierden potencia pero no se pierde la continuidad; y laminados, en los que se pierde la continuidad (Diagrama).
Los pliegues se agrupan en sistemas de pliegues. Llamamos anticlinorio a un conjunto de pliegues que forman parte de una amplia estructura convexa en la corteza terrestre; y sinclinorio a un conjunto de pliegues que forman parte de una amplia estructura cóncava en la corteza terrestre (Diagrama).
Entre ellos distinguimos
el:
Pliegue
falla, en el que el desplazamiento es muy leve y
se superponen
los flancos del mismo pliegue.
Pliegues cabalgantes o cabalgamientos, cuando el plano axial de un pliegue se superpone sobre el plano axial de otro, no superan el área de la cuenca geosinclinal.
Mantos de corrimiento, que afecta a grandes cantidades de pliegues que se desplazan hasta decenas de kilómetros. Es posible que el lugar de deposición esté alejado de las zona «raíz». Presenta ondulaciones secundarias.
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