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El lecho de un río es la parte más excavada de los valles o las depresiones drenadas. Es el órgano elemental de circulación de las aguas corrientes y en el distinguimos varios elementos que obtenidos del perfil transversal; en realidad de un valle, donde se nos presentan los rasgos morfológicos y en el que se representan las pendientes de las laderas y las secuencias de las terrazas.
El lecho menor es el cauce por la que corre el agua de un río en épocas de estiaje, incluye el canal. Sus márgenes están bien definidas, por lo que está delimitado claramente. Presenta una alternancia de zonas hundidas (surcos y pozas) y de fondos altos (umbrales), que pueden llegar a formar islas fluviales.
El lecho mayor es el cauce del río cubierto por el agua en época de máximo caudal anual, es una zona que se inunda todos los años. Este lecho ofrece un perfil transversal alomado, debido a los resaltes de ribera que dominan el lecho menor, hasta el punto de que pueden aparecer contrapendientes que aíslan pequeñas depresiones longitudinales.
El lecho
mayor esporádico es la zona de inundación de un río
en las grandes crecidas. No todos los años se inunda, por lo que
está colonizado por la vegetación, frecuentemente está
cultivado y hasta se ha construido en él. No se distingue
topográficamente
de los alrededores.

Este perfil transversal se difumina en los cursos de agua intermitentes o irregulares.
Los lechos de erosión son aquellos que se desarrollan sobre roca cristalina, o materiales que la corriente no puede desplazar, con fragmentos grandes. El modelado realizado por el agua en este tipo de lechos es muy escaso, es necesaria la existencia de partículas que ejerzan una labor de abrasión.
Los lechos móviles son aquellos cuyo modelado se desarrollan directamente en función de las leyes de la dinámica fluvial, por lo que su morfología no depende de los medios climáticos. Su geometría cambia con relativa rapidez. Durante las crecidas existen fenómenos de zapa, mientras que durante los períodos de estiaje se dan fenómenos de acumulación. Dentro de este tipo de lechos distinguimos: los lechos calibrados son los que se caracterizan por tener unas márgenes y una configuración estables, ya que la movilidad se reduce al fondo del canal, sin incidencia de la zapa o la sedimentación lateral. Parte de la cara se sedimenta en el fondo, y en él aparecen pequeñas ondulaciones en sentido transversal a la corriente (ripples), o sucesiones de bancos y surcos de mediano tamaño que se van moviendo con la corriente, muy similares a los que aparecen en las playas. Luego están los lechos meandriformes que son aquellos que están controlados por la dinámica y la geometría de los meandros; los lechos trenzados o anastomosados, que se caracterizan porque dentro de ellos las aguas circulan en brazos elementales que recorren una vertiente y están separados entre sí por bancos emergidos (bancos aluviales). Son propios de las llanuras aluviales de los cursos bajos de los ríos y de los tramos donde la sedimentación es más importante que el transporte del material, y garantizan que la deposición de derrubios no impedirá el avance de la corriente, ya que buscan rápidamente trayectorias secundarias cuando el lecho principal se colmata.
También merecen atención los lechos torrenciales, que combinan elementos morfológicos de los lechos de erosión y los móviles. Se caracterizan por su fuerte pendiente y por los ciclos de profundo estiaje y grandes crecidas, cuando se ponen en movimiento de forma generalizada todos los fragmentos. En la cabecera, los fragmentos evacuados son repuestos por otros que hasta el momento se encontraban en las laderas (sustitución de la carga). Su anchura es variable, y en su perfil longitudinal hay frecuentes rupturas de pendiente, todo ello según la naturaleza de la roca. Al final del recorrido se encuentran los conos de deyección, sobre los cuales aparecen lechos anastomosados.
Teniendo en cuenta la dirección de un río, mirando desde la cabecera a la desembocadura, distinguimos un margen derecho y un margen izquierdo.
El torrente es un curso de montaña episódico. Es muy sencillo, y presenta tres elementos: la cuenca de recepción, en forma de embudo, el canal de desagüe, por donde circulan las aguas, y el cono de deyección, en la desembocadura. El lecho es torrencial y rocoso, con una fuerte pendiente.
Cuando la
arroyada concentrada es capaz de modelar amplios países se
definen,
siempre, ejes de drenaje o colectores de la escorrentía temporal.
Estos ejes reciben el nombre de ued
.
Los uadi son ríos temporales de alimentación pluvial. Presentan
un lecho poco encajado, ancho y de fondo plano, como una artesa. En
realidad
carece de lecho menor, sólo presenta el lecho mayor episódico.
Su fondo está cubierto de material detrítico, abandonado
cuando cesa la arroyada. Se combinan, pues, los procesos de transporte,
con agua, y de acumulación, en periodos de sequía. Son los
arroyos centrales de los sistemas de cárcavas. Los uadi de menor
incisión y mayor pendiente se denominan ramblas
o barrancos.
Los uadi son propios de las regiones áridas o con lluvias estacionales o temporales. En un ued, cuando se seca, se mantiene una circulación subterránea entre los aluviones llamados subcirculaciones o intraflujos. Los uadi se organizan en redes que presentan diversos grados de degradación, apareciendo tramos aislados y partes invadidas por las dunas, que entierran sus orillas.
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